Friday, May 6, 2022

EL HIDRÓGENO DORADO

 

© Wikimedia/Reg Natarajan. La leyenda de El Dorado, la laguna y el pueblo de Guatavita.

 

Cada vez resulta más difícil engañar a los algoritmos de censura en las redes sociales. La IA está ganando músculo al servicio del poder.

El texto que viene a continuación fue mi intento fallido de responder a una noticia (aquí, y aquí) que fue comentada en un grupo de Facebook llamado 'Emergencia climática'.

Hasta ese momento siempre pude ejercer mi crítica de manera respetuosa hacia la corriente dominante de pensamiento:

"los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, una supuesta 'economía verde' que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos"

Pero el respeto ya no es condición suficiente, ahora además hay que aceptar el mantra del poder para poder acceder a la tecnología que ellos producen y controlan. Tiene sentido.

La noticia hablaba de un nuevo método para obtener hidrógeno que era muy muy eficiente y que no generaba residuos. La persona que presentaba esto en el grupo 'Emergencia climática' lo hacía con la visión de que esto ayudaría a resolver nuestro problemilla con el indisciplinado clima actual. Por supuesto, los algoritmos de Facebook encontraron el titular de esta noticia de lo más acertado.

Científicos españoles logran producir 'hidrógeno dorado' que 'limpia' el aire

Al censurarme, Facebook me notificó que debía estar violando alguna de estas reglas:

  1. Sé amable y cordial
  2. No publiques promociones ni spam
  3. relación con el cambio climático
  4. No repetir publicaciones.
  5. Las publicaciones deben tener una base científica

Creo que, pese a todo, seguiré usando esta red social, mientras siga con mi vida de yonqui consciente. Tendrán que echarme ...

Os dejo con el texto censurado.    

***

El titular ya de por sí dice bastante poco de la comprensión lectora del periodista o mucho de su pueril habilidad manipuladora. ¿Que limpia el aire? En la otra noticia que nuestro amigo adjuntaba dice claramente:

"con este sistema el dióxido de carbono (CO2) que se produce en el proceso no se emite a la atmósfera, se transforma en una corriente presurizada para su licuación y transporte para su posterior utilización o almacenamiento, permitiendo así la descarbonización"

Luego en el titular debería decir que "no ensucia el aire" que es radicalmente diferente a "limpia el aire".

Dice que "El combustible puede ser amoníaco, gas natural, biogás u otras moléculas con hidrógeno".

El gas natural traspasará su cénit productivo en 2025, y ya vemos los problemas que están teniendo en Europa y otras partes del mundo. El biogas es ruinoso producirlo, y el amoniaco se produce de manera industrial a partir de hidrógeno y nitrógeno, luego tampoco sirve.

Este proceso puede ser un nuevo logro del intelecto humano, pero no sirve en absoluto para mantener una sociedad híper-compleja que ya pasó de rendimientos decrecientes a negativos.

Amigo, estamos hablando de sustituir todos los usos actuales del diésel y del gas natural por hidrógeno, ese es el reto: mover maquinaria pesada, transporte terrestre y marítimo, metalurgia y otros usos industriales que necesitan calor imposible de hacer con electricidad, vamos, más del 80% de la energía que usamos actualmente.

Me temo que estas membranas, aunque muy eficientes y limpias porque no generan residuos, no solucionan la papeleta, porque necesitan ser alimentadas con algo que no es renovable y que cada vez va a resultar más escaso y caro, el gas natural, por no hablar de todos los materiales raros y cada vez más escasos implicados en su desarrollo.

La palabra 'agua' no la vi por ningún lado ...

La 'economía del hidrógeno' está llamada a sustituir a la de los combustibles fósiles, luego no tiene ni pies ni cabeza que eso se pueda hacer a partir de este método que usa gas natural en su entrada.

Este invento servirá solo para usos minoritarios concretos y mientras haya gas rentable.

La única manera de desfosilizar ese 80% de nuestro pastel energético que no es electrificable es a partir del 'hidrógeno verde' ... déjate de 'dorados', que no te deslumbren los destellitos ... y la economía del hidrógeno verde es ruinosa, se pierde un 90% de la energía eléctrica entrante.

Y ¿cómo las élites (las alemanas en el caso europeo) pretenden compensar esa ruina? Está clarísimo: colonialismo energético. Externalizando costes sociales y ambientales fuera de sus fronteras. Para eso están dándonos préstamos a interés cero para plantar molinillos como si no hubiera mañana.

 

 

Monday, April 25, 2022

TECNOLOGÍA ORGÁNICA E INORGÁNICA

M.C.Escher Circle Limit III in a rectangle by Vladimir-Bulatov

 

Es necesario ahondar en el conocimiento de las ciencias de la Tierra y del de nuestro propio cerebro como paso previo fundamental para el despertar de conciencias y la búsqueda de vías para transitar el colapso diferentes del miedo, odio, hedonismo o nihilismo. Se impone una visión sistémica de la ciencia que conecte áreas que hasta ahora han permanecido aisladas.

Al hilo de eso, hay una serie de cuestiones que considero cruciales y que también nos permitirán entrar de lleno en el cada vez más pertinente debate neo-ludita. Son matices que quedan poco desarrollados o incluso excluidos de la discusión, al menos, en lo que yo he venido leyendo y escuchando de autores en la órbita del activismo ecosocial. Aún así, bien es cierto que conocer las reflexiones de todos ellos me ha sido necesario para poder encontrar vías de exploración de tales ideas.

 

Sistemas complejos

Un sistema complejo es un conjunto de agentes que se relacionan entre sí a lo largo del tiempo siguiendo una serie de reglas o condiciones de contorno. La dinámica del sistema viene dada por sus reglas de evolución. El conjunto siempre estará acotado y separado del exterior por una cierta frontera más o menos permeable, permitiendo la entrada y salida de energía, información y materia. Esta entrada de recursos permite al sistema mantenerse, pero también, eventualmente, crecer, ya sea porque los agentes puedan intensificar su actividad o porque puedan auto replicarse y crecer en número.

El crecimiento del sistema puede poner en peligro la estabilidad del mismo y, con el aumento de complejidad, el sistema puede adquirir, de manera espontánea, mecanismos de control que le permiten permanecer en régimen estable (excluiremos de la discusión los sistemas complejos diseñados a voluntad para su estabilidad por seres inteligentes). En el caso de los sistemas orgánicos gaianos, ya vimos cómo mediante la simbiosis eran capaces de superar los límites al crecimiento de su complejidad.

Las estructura de relaciones establecidas entre los agentes puede llegar a ser muy compleja a medida que el sistema evoluciona. La complejidad del sistema radica en que, a medida que transcurre su dinámica, los agentes primigenios llegan a auto organizarse en grupos de agentes y emergen nuevas reglas que coordinan la relación entre estas nuevas supra entidades en una escala superior.

Esa emergencia espontánea, no dirigida, de nuevas súper estructuras y nuevas reglas en escalas cada vez mayores recuerda y se asemeja mucho a una dinámica fractal. La estructura de relaciones en una escala dada del fractal tiende a replicar la establecida en escalas inferiores.

A los humanos, como seres inteligentes que somos, se nos da muy bien diseñar sistemas complejos para que permanezcan en régimen estable (p. ej. un puente, un circuito electrónico, ...). Lo que no se nos da tan bien, como agentes que somos pertenecientes a un sistema complejo, es diseñar reglas que permitan mantener bajo control la estabilidad de las súper estructuras que emergen dentro del tablero de juego en el que nos hayamos inmersos.

En los sistemas complejos, cuando se forman estructuras superiores, las partes que se asocian para formarlas entregan parte de su telos (fin o propósito) a la estructura superior formada, de manera que no les es accesible un control sobre el tipo de reglas emergentes que surgen espontáneamente para que las nuevas estructuras superiores puedan relacionarse entre ellas. El control emerge del conjunto, y no de la voluntad de sus partes.

Otra característica fundamental de la dinámica de sistemas complejos es el establecimiento de bucles de realimentación en el flujo de materia, energía e información circulante a través de las estructuras del sistema y entre éstas y la propia frontera del sistema. La relación entre un punto de entrada y otro de salida dentro del bucle se dice positiva cuando un incremento del flujo en la entrada lleva a un incremento en la salida, y al revés, una disminución en la entrada lleva a una disminución en la salida, es decir, más lleva a más y menos lleva a menos. Por el contrario, una relación negativa supone que más lleva a menos y menos lleva a más.

Decimos que el bucle se desestabiliza cuando el flujo circulante se hace demasiado grande para que la estructura lo soporte o, por el contrario, cuando éste desaparece por completo y cesa la dinámica dentro del lazo.

La emergencia de mecanismos de control estabilizante en los bucles de relaciones en sistemas complejos sucede gracias a la concurrencia de relaciones tanto positivas como negativas dentro del mismo lazo, de manera que un número impar de relaciones negativas conduce a la estabilidad, mientras que si no hay relaciones negativas o el número de ellas es par, se tiende a la inestabilidad (ver figura).

Diagrama de influencia del modelo de ordenador Daisyworld diseñado por James Lovelock desde la dinámica de sistemas. Se simula un mundo poblado por margaritas negras y blancas. Las poblaciones tienden a ajustarse hasta conseguir una temperatura del planeta apropiada para ellas. Un aumento o disminución de la luminosidad del Sol causa un respectivo aumento o disminución de la temperatura del planeta. Más temperatura del planeta implica más temperatura de las margaritas negras (que ya no están tan cómodas); más temperatura de las margaritas negras implica más aumento relativo de las margaritas blancas (éstas siempre están algo más frías que su entorno, así que, si aumenta la temperatura cerca de ellas por las negras, esto las beneficia, y crece su población relativa). Más aumento relativo de las margaritas blancas incrementa el albedo (brillo o rechazo de la luz del Sol); más albedo implica menos temperatura del planeta, y menos temperatura del planeta implica menos temperatura de las margaritas negras. Es decir, que a través de las poblaciones de margaritas, un aumento de la luminosidad del Sol que tiende a aumentar la temperatura es contrarrestado por un aumento del albedo que tiende a disminuir la temperatura, lo que genera un "lazo" estabilizante de la temperatura (una realimentación negativa) que hemos simbolizado con la flecha discontinua E. [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia. A hombros de James Lovelock y Lynn Margulis", pág. 211]


Al final, en los sistemas complejos todo está conectado, y si un diseñador inteligente que forme parte del sistema y con poder para introducir en un punto dado del mismo una nueva relación positiva, no se preocupa de integrar también la correspondiente relación negativa, acabará provocando desestabilidad en lugares inesperados sin conexión aparente con su punto de intervención. Visto así, parece claro que si el diseñador forma parte del propio sistema como un agente más, le va a resultar muy difícil, si no imposible, acometer dicha tarea, ya que para tener una visión completa y poder ejercer un control total tendría que situarse fuera del sistema, un lugar que por definición no le es accesible.

La mitología del progreso, que impulsa la relación tóxica del sistema humano con su sistema matriz, la biosfera terrestre (Gaia), se sostiene sobre los prejuicios del determinismo, reduccionismo y mecanicismo. Esta relación es tóxica porque, en el intento de doblegar al sistema matriz para perpetuar nuestro crecimiento desmedido, estamos desestabilizando ambos sistemas. El reduccionismo nos lleva a pensar que un problema muy complejo (como controlar a un sistema complejo) se puede descomponer en problemas menores, de manera que la solución global se alcanza como suma o agregado de resoluciones parciales. Y el determinismo y mecanicismo conducen al espejismo de que podemos llegar a entender las reglas emergentes que mantienen estable el sistema complejo en el que estamos inmersos hasta el punto de ser capaces de recuperar su estabilidad cuando interferimos gravemente en ella.


Entropía irresoluble

".. el ser humano desea cada vez más convertir la radiación solar en diferentes formas de energía, como la electricidad o el combustible, que puedan realizar un trabajo. Esto sólo puede lograrse creando dispositivos o máquinas que conviertan una forma de energía en otra y los recursos para esos dispositivos provienen de la corteza terrestre. Esos dispositivos tienen una vida útil finita y dependen de más infraestructuras (transporte, ciudades, fábricas, universidades, policía, etc.) para mantenerlos y hacerlos funcionar, que a su vez tienen una vida útil finita. Es necesario seguir extrayendo, refinando y fabricando.

La cantidad de energía captada del sol por estos dispositivos nunca podrá ser suficiente para devolver a la Tierra su estado original. Así lo determina la segunda ley de la termodinámica. Así que el proceso de extracción, construcción y fabricación, para convertir y utilizar la energía, agota y degrada inexorablemente los recursos minerales de la Tierra. Es irreversible e insostenible. Da igual que consideremos la energía solar, la eólica, la hidráulica, el carbón, la biológica, la nuclear o la geotérmica. Todas son insostenibles según las leyes de la física.

[..]

Cuanta más gente tengamos en el planeta y más energía utilicemos, más rápida y extensa será la degradación de los recursos de la Tierra. La humanidad es como una enorme máquina orgánica que utiliza energía para extraer y agotar los minerales. Cuanta más energía se pone en el sistema, más rápido se produce la degradación. La energía de fusión nuclear, si llega a producirse, podría ser especialmente eficaz en la degradación de nuestros recursos y del medio ambiente (uno de los efectos de esta tecnología podría ser la conversión de nuestras reservas de litio en helio, que escaparía de la atmósfera terrestre y se perdería para siempre).

La energía para uso humano es tan insostenible y no renovable como la minería. Así que hablar de 'energía renovable' o 'energía sostenible' es un oxímoron, como lo es la 'minería sostenible' o el 'desarrollo sostenible'. Cuanta más energía usamos, menos sostenible es la humanidad. Cuanto antes se dé cuenta la gente de esto, antes podremos embarcarnos en el proceso de reducir el consumo de energía, en lugar de agarrarnos al clavo ardiendo de las fuentes de energía alternativas para perpetuar lo insostenible.
"

 

Tecnología inerte frente a tecnología viva


".. en el caso de los organismos autótrofos el recurso material se desacopla del recurso energético. La fotosíntesis, por ejemplo, permite utilizar la energía solar para autoconstruirse con materiales de baja energía potencial y muy dispersos como el agua, el dióxido de carbono y el nitrógeno que provienen de la atmósfera y pocos minerales más en formas moleculares relativamente sencillas y también dispersos, que suelen provenir del suelo en el caso de un árbol. De hecho, los residuos de una planta contienen una energía potencial utilizable. Un árbol podría, en teoría, vivir de sus propios 'desechos'. Es más: las plantas construyen los suelos transformando las rocas (el granito, por ejemplo, que ha formado Gaia millones de años antes) en suelos químicamente más complejos. Si un árbol (incluido su rizoma) no es capaz de automantenerse con la energía solar y sus propios residuos es porque no es capaz de reciclarlos al 100%, pero un organismo autótrofo tenderá a aproximarse a esa tasa de reciclado." [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia. A hombros de James Lovelock y Lynn Margulis", pág. 128, 129]

El sistema humano emergió del sistema Gaia. Gaia engloba al sistema humano y la geosfera engloba a Gaia. Ambos sistemas complejos han desarrollado mecanismos de control que les permiten intervenir para su conveniencia en el sistema que les engloba, esto es, han desarrollado tecnología.

Pero la dinámica desplegada en uno y otro sistema son muy diferentes. La gran diferencia entre la dinámica humana y la gaiana reside en que las entidades tecnológicas humanas, a diferencia de las gaianas, no están vivas (ver la Nota final).

Los organismos vivos se auto reparan, se auto replican, participan activa y coordinadamente en el control que ejerce Gaia sobre el equilibrio ecosistémico y sobre los ciclos biogeoquímicos del planeta. Gaia a través de su tecnología viva ejerce un control sobre los parámetros químicos y termodinámicos de la Tierra para mantenerlos en niveles propicios para la vida.

Gaia no destruye a la Tierra cuando ejerce su control sobre ella para posibilitar su existencia, pero los humanos sí destruimos a Gaia cuando ejercemos control sobre ella para posibilitar nuestra dinámica.

Mantener la tecnología humana es una batalla constante contra la entropía, porque nuestros sistemas inertes se degradan o se entropizan sin remedio y, al contrario de lo que sucede en los sistemas vivos, la entropía acumulada en pocos puntos puede convertir en disfuncional gran parte del sistema. Cuando algo se rompe o deteriora en la naturaleza (p. ej. la muerte de un animal, un incendio, ...) eso supone nuevas oportunidades para otros seres que aprovechan la energía liberada, pero cuando algo se estropea en la red tecnológica humana, si no se repara en el acto, comprometes cadenas de montaje y suministro. Por eso hay que estar constantemente reparando y reponiendo piezas, lo que requiere, por un lado, de aportes constantes de materia y energía externas y, por otro, de excreciones constantes de residuos dañinos muy poco aprovechables hacia el sistema externo gaiano que nos contiene y que no es capaz de neutralizarlos o volverlos de nuevo útiles a la velocidad que nuestro crecimiento impone.

La materia y energía disponible en los sistemas complejos se haya accesible en forma de flujos dispersos y entropizados. En el sistema Tierra, también existen grandes yacimientos de muy baja entropía en forma de stock que han permanecido inaccesibles a los organismos vivos hasta que los humanos desarrollaron la tecnología inerte para explotarlos. Pero estos stocks son finitos y no renovables, su explotación pronto deja de ofrecer rendimientos crecientes y éstos se tornan decrecientes y finalmente negativos, por lo que no permiten el sustento del sistema a largo plazo.

Para que un sistema recicle bien la materia y energía en su interior, necesita que se aproveche el escurridizo y caprichoso flujo renovable allá donde quede libre, desde lo micro a lo macro, en todas las escalas. Para aprovechar bien los muy entropizados y dispersos flujos de materiales y energía debe haber agentes autónomos actuando en varias escalas y formando una tupida red suficientemente diversa y plástica como para adaptarse a los caprichos del flujo. Cada agente vivo debe ser capaz de auto mantenerse por sí solo para que el conjunto presente suficiente plasticidad y espontaneidad adaptativa, pero a la vez, ha de estar completamente coordinado con el resto de agentes de su entorno cercano. Esta coordinación se extiende desde lo local hasta lo global, hasta abarcar toda la biosfera, porque se reproduce desde las escalas micro hasta las macro a modo de fractal.

La red de tecnología inorgánica humana puede ser igual de compleja que la red orgánica en términos cuantitativos y topológicos (conexiones entre agentes), pero desde el aspecto cualitativo la funcionalidad orgánica es mucho mayor debido a la naturaleza de los enlaces: son cooperativos en la red orgánica y competitivos, o basados en relaciones de poder, en todas las sociedades humanas complejas conocidas (salvo alguna excepción, como apunta David Graeber en 'El amanecer de Todo', donde muestra la existencia de sociedades neolíticas complejas sin jerarquías de poder).

Pero aunque pudiéramos tejer una red tecnológica inerte con enlaces cooperativos, ésta seguiría siendo mucho menos funcional que la red orgánica, porque la red inerte requiere por definición de diseño y control inteligente sujeto a vulnerabilidades subjetivas. Es un control débil porque es ejercido por agentes que pertenecen a la propia red. Por un lado, desde dentro, debido a la complejidad del sistema, no se puede intervenir sin incurrir en perturbaciones involuntarias, lo que lastra la fluidez de las relaciones a lo largo de la red, mermando la adaptabilidad y resiliencia. Por otro lado, si el sistema crece en complejidad pero la inteligencia de los controladores internos no crece al mismo ritmo, el desfase acumulado irá dificultando cada vez más el control, lo que llevará a rendimientos decrecientes de la complejidad. Por el contrario, en el caso de las redes orgánicas, guiados por las leyes de la Termodinámica y a través de su evolución, surgen mecanismos de control emergente. Sujetos a un proceso de ensayo y error sin restricciones temporales acaban por hallar la manera de continuar con su desarrollo pero de manera sostenible. El sistema se autoregula él solo.
 

Diseño modular frente a diseño monolítico

Otra de las razones por las que los sistemas de complejidad creciente son más ineficientes, frágiles e insostenibles cuando se basan en tecnología inerte que cuando lo hacen en tecnología orgánica tiene que ver con la plasticidad modular que adquieren las estructuras de los segundos frente a la rigidez monolítica de los primeros.

En el diseño modular, al contrario que en el monolítico, es posible el reemplazo de una parte del sistema sin tener que redefinir casi por completo la estructura global del mismo.

Debido, por un lado, a la gran redundancia en las funciones ejercidas por sus agentes, y, por otro, a la riqueza y diversidad de las relaciones jerárquicas establecidas dentro de la red, los fallos en el sistema modular se reabsorben y no se propagan por toda la red, como ocurre con el modelo monolítico.

Por último, el diseño monolítico es centralizado. Esto significa que servicios vitales para el funcionamiento global del sistema solo son proporcionados por pocos nodos de la red con muy difícil reemplazo. En el diseño modular por el contrario, los servicios se proporcionan de manera redundante y distribuida a lo largo y ancho de toda la red.

La centralización en el diseño monolítico supone un aumento de complejidad en pocos lugares concretos, con pocas posibilidades de reemplazo o movilidad, en detrimento de la complejidad del resto de la red, que queda simplificada y supeditada al servicio de los escasos centros complejos.

Todo esto hace que la resiliencia, o capacidad para responder a perturbaciones, en los sistemas complejos monolíticos sea muchísimo menor que en los modulares.
 

Circuito de recompensa dopaminérgico

Cuando a lo largo de la vida, y especialmente en los primeros estadios, realizamos alguna acción potencialmente positiva para nuestro desarrollo individual, el cerebro responde con la recompensa dopaminérgica, que resulta en un efecto placentero, lo que estimula la repetición de esa acción. A medida que una acción se repite, esto lleva a que se construya una ruta cerebral que afianza esa rutina. Ese proceso se realiza siguiendo una ley de mínima energía invertida. Para las rutas largas y complejas, se requiere más tiempo y energía en su creación que para las rutas cortas y sencillas. Pero una vez se establecen, apenas hay diferencia en términos energéticos entre recorrer una vía de creación lenta y una vía de creación rápida.

He aquí una analogía para entender este mecanismo de mínima energía que guía el proceso de desarrollo mental y afianzamiento de hábitos: cuando buscamos comida o recursos, primero cogemos lo de mejor calidad y lo más accesible, lo que requiere menos energía, y después, si insistimos en no diversificar nuestra explotación, a medida que se agota lo fácil y bueno, vamos invirtiendo más esfuerzo por unidad de recurso alcanzado hasta llegar un punto en que la recompensa obtenida ya no justifica la inversión inicial.

Así, las rutas cerebrales que permiten que nos orientemos a objetivos dados, evitando que andemos como zombis por la vida, se construyen en el cerebro siguiendo ese patrón económico de mínima energía.

La cuestión es que, dadas unas condiciones ambientales externas de desarrollo individual normales, es decir, lo que hubo en la práctica totalidad de la evolución humana, excepto en los últimos milenios, se imponen unas restricciones que hacen que lo más económico para el cerebro no sea seguir la ruta que lleva directo a los yacimientos con mayor densidad dopaminérgica.

En la vida salvaje, se imponía la adaptación a los flujos de la red de vida externa en la que estábamos inmersos, lo que hacía incompatible el desarrollo individual hedonista. La necesidad de encaje dentro de ese flujo nos obligaba a desarrollar circuitos cerebrales mucho más resilientes. No agotábamos enseguida los yacimientos buenos y diversificábamos la extracción de energía dopaminérgica a lo largo y ancho de nuestro cerebro. No nos centrábamos en un único recurso, sino que estábamos obligados a aprender a disfrutar de una infinidad de diversas estimulaciones, aunque cada una de ellas fuera en comparación mucho menos intensa que la proporcionada por los yacimientos jugosos.

Pero llegó un momento en la evolución de las capacidades cognitivas de Sapiens en que le fue posible hacer la trampa. Adquirimos la capacidad de desarrollar más y más tecnología, cada vez más compleja, para controlar los flujos de materia y energía externos a nuestros cuerpos, y eso dio lugar a que ya no tuviéramos limitaciones para acceder a los mejores yacimientos de estimulación cerebral y que acabáramos esquilmándolos sin ningún control, y peor, al especializarnos en los yacimientos más estimulantes, descuidábamos la diversificación, lo que a la larga conducía a una vida menos gratificante, porque nos hacía más y más vulnerables ante el inevitable declive en la explotación de esos pocos recursos dopaminérgicos jugosos.

Si uno se fija en la aparente multiplicidad de posibilidades para el estímulo que ofrece la vida moderna híper tecnologizada, pareciera que llegáramos a una contradicción con lo anteriormente expuesto. Pero, claro, no es así. Esa multiplicidad a la que irremediablemente quedamos expuestos hoy día, se refiere a un número grande de caminos, pero en el fondo todos ellos conducen a los mismos pocos yacimientos jugosos de nuestro cerebro que acabamos exprimiendo hasta la extenuación. Una vez agotados, un vacío insalvable en términos de redes neuronales nos separa de toda esa diversidad potencial de pequeños yacimientos de satisfacción.

Con el desarrollo de nuestra tecnología, hemos ido pasando de vivir en una diversidad de micro culturas que permitían desarrollar cerebros con arquitectura modular, a vivir bajo un único credo estandarizador que nos conduce a construirnos mentalmente bajo el diseño monolítico. Sometidos a la uniformidad cultural, forzamos a nuestro cerebro a adquirir esa arquitectura centralizada, donde una mayor parte de la red queda despoblada y simplificada al servicio de muy pocos centros de complejidad mental especializados en la concentración de grandes dosis de dopamina.

Por tanto, parece que un excesivo control del flujo de materia y energía externo a nuestros cuerpos, esto es, excesiva tecnología, ha llevado a una pérdida de control de nuestro flujo de energía interno, el que ocurre en nuestra mente. Y viceversa, el retorno a menor control del flujo externo conduciría a una mayor riqueza y diversidad de rutas de estimulación cerebral, lo que permitiría un mayor auto control, porque al tener miles de alternativas, no padeceríamos en exceso si en un momento dado decidiéramos no acceder a los yacimientos jugosos.

Eso es el auto control: ser capaz de renunciar sin problemas al yacimiento más estimulante, el que reporta mayor satisfacción a corto plazo por unidad de energía invertida. Y ese es el control que ejerce Gaia sobre nuestro equilibrio mental si permanecemos en buen encaje dentro de ella: hacer que no tengamos más remedio que renunciar al yacimiento más estimulante viéndonos obligados a explorar otras rutas diversas y más sutiles hacia el placer.

Si nos dedicáramos a observar los flujos externos de la red de vida en toda su extensión y complejidad, con vocación sistémica y holística (lo opuesto a reduccionista y mecanicista), acabaríamos perdiendo interés por su excesivo control, y por tanto, caminaríamos de nuevo hacia el encaje en la matriz de vida que nos alberga. Cuando uno observa "el todo", pierde interés por el control sobre "la parte".

Control, sí, porque nuestro cerebro es una herramienta de control, pero más interno y no tanto externo. Y control interno sin pretensiones de dominación por parte de eso que llamamos "ego", nuestra mayor tecnología, por otro lado. Porque si la observación interna se orienta a la dominación o anulación de unos flujos particulares en favor de otros, acaba exacerbando o creando el conflicto interno. Y la auto observación debería conducir a la dilución de los conflictos, al "no hacer". En el mundo moderno hay obsesión por "hacer cosas". Recuperemos "el arte de no hacer nada".

En síntesis, control justo del flujo externo, la justa y necesaria tecnología para una vida digna en equilibrio con Gaia, y eso sí, mucha observación del flujo externo que transita por la red de vida. Porque observando a la red de vida con vocación de encaje en ella, acabamos desarrollando una diversificación de nuestros flujos mentales internos, lo que a su vez acaba fomentando la auto observación, porque cuantas más cosas interesantes y sutiles suceden dentro de uno, más capta esto la atención de uno hacia ello.

Pero nos falta un detalle: por el momento hemos sacado a colación tres cultos, muy relacionados entre sí, que alimentan el imaginario del progreso, a saber, el culto al control, al reduccionismo y al mecanicismo. Nos falta el culto a la creación. Porque nuestro cerebro no solo es una herramienta de control, también lo es de creación, que en el fondo es control sobre las ideas que bullen en nuestra mente. Pero, ¿hay algo más creativo que desarrollar las construcciones de nuestra irreprimible imaginación sin necesidad de destruir la vida? El arte se puede desarrollar con tecnología muy modesta, sin necesidad de levantar estructuras faraónicas, sin necesidad de usar la mejor magia proporcionada por la tecnología más compleja, sin necesidad, en definitiva, de llegar al delirio estético. Éxtasis sí, pero delirio no.

Nos mueve la obsesión por el control del flujo, pero la nueva etapa humana va a exigir orientar nuestra inteligencia más bien hacia la observación de ese flujo y hacia nuestra adaptación al mismo: renunciar a acumularlo y aprender a fluir con él. Tenemos inteligencia para observar cómo transita el flujo en la red superior y poder así aprender a encajar en ella.

El imaginario del progreso idealiza el control. Conocer cómo funciona la máquina naturaleza, pero para controlarla. Por ejemplo, buscamos desarrollar una nanotecnología o biotecnología que sea equivalente a un microbioma, pero donde podamos controlar todas las variables para poder acumular beneficio. Pero no entendemos que acabamos irremediablemente incurriendo en la trampa. La trampa que nos lleva a acabar con un número par de relaciones negativas en un bucle de realimentación. No somos capaces de integrar adecuadamente la correspondiente relación negativa que el sistema complejo exige para su estabilidad cuando mediante nuestra injerencia introducimos una relación positiva en un lazo con la intención de incrementar un flujo para obtener beneficio, para crecer.

¿Y cuál es ese beneficio? Ciclos cada vez más intensivos en el metabolismo de la dopamina. Estímulos cada vez más intensos. Es el camino más económico del circuito de dopamina, pero a la vez el más cortoplacista e insostenible en el tiempo. Tenemos una tecnología (inteligencia) que sobrepasa los controles gaianos. Adquirimos tolerancia a la estimulación, que se ha de hacer más y más intensa para obtener una misma cuota de placer, y no hay límite gaiano que nos mantenga por debajo de su capacidad de carga. La excesiva injerencia de la tecnología inorgánica en los sistemas orgánicos ha ido socavando la capacidad de Gaia para soportar al sistema humano hasta el punto de resultar imposible un mayor crecimiento.

Cuando desde el activismo eco social, pensamos en la posibilidad de la existencia de sociedades demasiado complejas en términos de tecnología inerte (demasiado obsesionadas por el control del flujo) y que a la vez sean compatibles con la sostenibilidad de la vida a largo plazo, en realidad estamos padeciendo el influjo que el imaginario del progreso aún ejerce sobre nuestras mentes


Inevitabilidad y posibilismo

El devenir de los acontecimientos sociales es un proceso que escapa a las voluntades contingentes de sus agentes. Por supuesto que los agentes ejercen una influencia en el sistema donde se hayan inmersos, pero el resultado no es nunca el esperado por ellos en un sistema basado en tecnología inerte que no para de crecer en tamaño y complejidad.

Pensar que comportamientos diferentes de los agentes habrían conducido al sistema a un estado estacionario sostenible sin tener que haber pasado por la etapa de híper desarrollo y el consiguiente colapso, obvia el efecto que tuvo sobre nuestro sistema de recompensa dopaminérgico la inclusión de excesiva tecnología inerte en nuestras comunidades. Una vez descubiertos los yacimientos de estímulos jugosos y averiguado cómo alcanzarlos sirviéndonos de nuestra tecnología, se inició un bucle de realimentación positiva imparable hacia la tecnologización total de nuestras vidas.

Pensar que ese proceso podría haber parado en algún punto gracias a un "libre" albedrío diferente de los agentes es resultado del prejuicio reduccionista que obvia la emergencia de dinámicas de escala superior en sistemas complejos. El comportamiento del sistema no se explica por la suma de sus partes. Esas malas decisiones que unos tomaron podrían no haber sido tomadas, mientras que otras buenas decisiones pudieron igualmente no haber sido tomadas. El resultado final responde a una inercia que escapa a nuestro libre albedrío, concepto que por otro lado es puramente imaginado. La tendencia creciente a la estandarización y a la globalización es algo indisoluble del aumento de la complejidad de la tecnología inerte, y la desaparición de la diversidad cultural fue algo completamente inevitable una vez pasado un umbral de desarrollo tecnológico.

Entonces, ¿qué opciones tenemos? ¿Implica la inevitabilidad de haber llegado al punto actual que no es posible un futuro ilusionante? ¿Es necesario concluir que la naturaleza humana sí pudo evitar el crecimiento desmedido para pensar en posibilidades de futuro bueno?

Lo que yo creo es que el posibilismo fundamentado en la evitabilidad de a dónde hemos llegado, está claramente espoleado por el anhelo de controlar la caída inevitable: solo es cuestión de cambiar las voluntades para hacerlo posible, ¿no?. Pero nuevamente, es un deseo de control. Pretender arreglar con control lo que el exceso de control ha causado. Es una batalla perdida.

Por el contrario, al asumir la inevitabilidad, surge un posibilismo diferente que reside en que, una vez caiga todo por su propio peso, se abrirán de nuevo a los humanos ventanas de oportunidad para la vida orgánica, esta vez sin la droga a mano de los combustibles fósiles. Hacer trampa será esta vez más difícil. Y con suerte, conseguiremos aprovechar parte del conocimiento científico actual (antes de que se pierda demasiado) para dirigir un cambio hacia cosmovisiones más adecuadas de cara a un mejor aprovechamiento a largo plazo de esas nuevas ventanas de oportunidad y, en definitiva, de una vida más plena a largo plazo en un planeta Tierra que por un tiempo será más hostil para la vida de lo que es ahora.

Tras el nuevo despertar de nuestra conciencia, seremos espectadores privilegiados y parte activa del proceso que lleve a Gaia a tomar de nuevo el control de la habitabilidad en nuestro planeta.


*  *  *

Nota final:

La construcción de toda máquina, ya sea viva o muerta, requiere tomar materia entropizada (desordenada) y llevarla a un estado de mayor orden. Esto requiere energía ... que al final hay que devolver. Los artilugios humanos, a diferencia de los gaianos, no devuelven de manera creativa la energía que necesitaron para adquirir complejidad.
Los seres vivos, a lo largo de toda su vida, no hacen otra cosa que facilitar intercambios energéticos, lo que hace aumentar la entropía a su alrededor por encima de lo que tuvo que disminuir en su interior al ser creados, y de manera muy rápida.
Al final, ya sea por mediación de la vida o no, la entropía del universo siempre aumenta de manera global, pero puede hacerlo más o menos rápido a nivel local.
Las máquinas inertes usan su complejidad adquirida para destruir localmente el medio que necesitan para funcionar las máquinas orgánicas. Esto crea entropía en un principio, pero al quedar el espacio sin vida alrededor, ya no hay posibilidades de seguir con el ciclo desentropizar/entropizar que se perpetuaba con la vida y que llevaba a un balance neto de más entropía final de manera ininterrumpida en esa zona. Durante un tiempo, esos espacios muertos por la tecnología humana no generan entropía, hasta que poco a poco la vida se abre paso en ellos y consigue reactivar el ciclo.
Además, los organismos, cuando llegan al final de su vida, no ralentizan el ciclo de la entropía, ya que entregan su materia fácilmente, se entropizan rápidamente permitiendo una rápida adquisición de esos recursos por otros seres que vuelven a crear formas ordenadas con ellos. El artefacto humano por contra, cuando acaba su periodo útil, deja unos materiales que tardan mucho en alcanzar niveles de entropía aprovechable por los seres vivos.
El universo encontró con la vida una forma de optimizar su imperativo de aumento de entropía a nivel local, pero al dar con la inteligencia ha encontrado un freno que lleva ese proceso de nuevo a la lentitud habitual sin la vida.

Wednesday, March 23, 2022

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL Y EL FUTURO DE NUESTRA CIVILIZACIÓN

 

Umair Haque es un escritor economista, enmarcado dentro del abultado grupo de nuevos pensadores influyentes. Cada vez más de moda, tratan de dar respuesta a la creciente sensación de ansiedad e incertidumbre ante el recrudecimiento de la crisis sistémica en curso de nuestra civilización industrial global. Su principal atractivo es que despliega esta crítica sin terminar de abandonar el imaginario del progreso. Ese imaginario afecta por igual a rusos, chinos o americanos, pero cada cual cree que está en posesión de su correcta interpretación.

En este artículo nos dice que occidente, aunque malos, extractivos y otrora crueles saqueadores, hemos tenido a bien traer al mundo el avance de la democracia liberal con su progreso, el cual él ve como paso previo ineludible para llegar a cualquier punto posterior de mejoría. Mientras tanto, oriente, en especial Rusia y China, quieren dar un paso atrás y erradicar la democracia para terminar de enquistar el mal rumbo del progreso que nos aleja más y más de Gaia y, por ende, de nuestra propia supervivencia. Es decir, para él, el rumbo de progreso marcado por occidente, aunque malo, tiene la capacidad de mejorar, mientras que el otro, el de los malos malotes, no. El futuro para él no pinta bien a medio plazo: opina que nos espera un tiempo de guerra y miseria, pero que después de eso, la democracia finalmente prevalecerá y emergerá mágicamente un mundo de tecnología punta que nos permitirá conjugar los sueños de inmortalidad heredados de nuestra era infantil de la energía fósil con la economía circular que necesita Gaia de nosotros para poder albergarnos.

Lo reconozco, esta es una frase desafortunada que no le hace justicia al artículo:

"Estamos entrando en una era en la que tenemos enemigos serios y reales, tienen armas nucleares y son abiertamente agresivos con nuestros valores, orden e ideales. No quieren democracia, libertad, verdad, paz. Quieren guerra, poder y dominación."

Aún así, creo necesario hacerle a Umair una de mis disecciones, que como sabéis, siempre hago para diseccionarme a mí mismo, porque lo que le pasa a Umair, en el fondo, nos pasa a muchos que hemos vivido arropados por las comodidades de la tecnología del apogeo industrial y que ahora nos damos cuenta de su estrepitoso declive.


*   *   *


El discurso desplegado en el artículo y en general en el pensamiento de Umair carece de verdadera crítica al sistema industrial crecentista. Básicamente, su perorata parte de la errónea tesis de que el planeta permitirá el crecimiento industrial ad eternum, mientras venga de la mano de las democracias liberales, para lo cual, claro, tenemos que eliminar a los enemigos dictadores que no saben crecer bien y destruyen. Claro, occidente sí puede aprender a crecer y desarrollarse bien, sin destruir ni nada ... solo tiene que abandonar la energía fósil e invertir lo suficiente en la tecnología punta adecuada (renovables, digitalización y todo eso) para alcanzar un nivel que nos permita vivir con las mismas comodidades que hasta ahora pero sin dañar al planeta.

La ironía es que su solución para derrocar al dictador de turno se intersecta con parte del ideario decrecentista: deshacer el mercado global y relocalizar las economías. Como si fuera algo que ya no nos viniera impuesto por el pico del petróleo y especialmente por el del diésel. Claro, que tampoco se plantea que al relocalizarse esas economías tengan que centrarse en lo imprescindible para reproducir la vida. No, él entiende que hay que relocalizar para poder fabricar móviles de alta gama en casa, que lo de centrarse solo en reproducir la vida tendrá que esperar, porque no es viable desengancharnos de tanta cosa así de repente. Y, por descontado, no hay problema, porque si sustituimos el diésel por hidrógeno producido con los excedentes de los molinillos, aunque se pierda el 90% de la energía entrante en el proceso, pues podemos seguir como si nada reproduciendo el esquema industrial, o sea, reproduciendo el capital, pero esta vez de manera local.

En fin, este señor tiene graves disonancias cognitivas, ojo, como yo e igual que muchos que vamos dando lecciones por ahí. Por un lado, intuye inminente, o ya en curso, el decrecimiento, pero se niega a asumir un nuevo marco de valores resonantes con ese decrecimiento. Apuesta por extender, propagar y afianzar los viejos valores liberales, anclados en el mito del progreso y el crecimiento material. Hay que extender los buenos valores liberales allá donde hay ahora dictadores, con la esperanza, entiendo, de que algún día se recupere la senda del bienestar crecentista a nivel global.

Para mi eso es claramente apostar por el colapso abrupto, en lugar de por decrecimiento ordenado. Es decir, el problema de este señor es que no entiende aún que el proceso de decrecimiento o colapso en curso es irreversible y que el objetivo, si es que queremos sobrevivir a este proceso, debería ser tratar de descomplejizar nuestra civilización sin erosionar mucho más la capacidad de carga de la biosfera. Él proclama que nuestra crisis solo es culpa de algunos ineptos y de los malos malotes del planeta, y que, una vez logremos deshacernos de ellos, todo volverá a ser próspero y que podremos seguir complejizándonos, hasta alcanzar la singularidad tecnológica imagino ... ¿Transcendence? (ver Nota larga).

Visión pueril, pero me temo, la visión generalizada de la mediocracia occidental, y de la oriental también claro, aunque allí vean que los malos malotes están en occidente.

La disonancia cognitiva es un mal que padecemos en el primer mundo aquellos que hemos llegado a VER el colapso en curso. En Umair es muy notoria esta disonancia y se expresa muy bien en la última parte del artículo. Por un lado entiende que el objetivo de la humanidad ha de ser encontrar su lugar armónico dentro de Gaia, y su convencimiento (¿FE?) de que algún día lo conseguiremos le llena de esperanza y júbilo. Por otro lado, las medidas que propone para lograr eso son más de lo mismo que nos lleva al abismo: mercantilizar nuestra relación con Gaia otorgándole una renta (básicamente que cueste más dinero esquilmarla), humanizándola dándole derechos, todo ello a partir de una complejización mayor y refuerzo de las viejas instituciones y marcos democráticos, y, por supuesto, mucha ingeniería, innovación tecnológica para conseguir seguir teniendo una vida llena de comodidades, bienestar y control tecnológico pero esta vez sin hacer daño a Gaia, todo renovable, sostenible super guai de la muerte, en definitiva, una visión tristemente antropocéntrica que en realidad no rompe con nada ni supone un cambio de valores real, y cuyo fallo viene del hecho de no entender que el verdadero cambio pasa por renunciar a mucho del control, bienestar y placer que nos ha dado tanta tecnología, de no entender que este proceso de crisis nos llevará necesariamente a un estado tecnológico de muchísima menos complejidad.

Para aspirar a una tecnología que permita mantener bajo control nuestra simbiosis con Gaia, hay que renunciar a una tecnología que permita controlar células madre o controlar el desarrollo del cáncer y del envejecimiento. Esto es lo que no entiende este señor. Dicho de otra forma, su cosmovisión es netamente tecnolófila. Es el verdadero mal generalizado de nuestros días: la tecnolofilia. El miedo a renunciar al control al que estamos acostumbrados, que nos impide poder por fin alcanzar el control que de verdad necesitamos.

Ese control al que tanto nos aferramos, el control ingenieril, es el control que permiten nuestras máquinas físicas, un control que es resultado final del ejercicio de nuestra mayor tecnología, el lenguaje, la inteligencia, la cultura, la capacidad de construir realidades imaginadas que derivó en esa inercia histórica dando forma a la megamáquina civilizatoria. El control que hemos de recuperar o encontrar ahora también se deberá basar en nuestra verdadera y más importante tecnología, nuestro lenguaje, pero será un control que ya no se manifestará a penas a través de grandes construcciones materiales o institucionales, puesto que estas construcciones basan su existencia necesariamente en relaciones de poder. Tendremos que aprender a usar nuestro lenguaje e inteligencia para afianzar las relaciones simbióticas con Gaia. De igual a igual. Superar el "humano frente a Gaia", el "hombre frente a la mujer", el "ciudadano frente al Estado", el "obrero frente al patrón".

Dentro de un ecosistema hay jerarquías, y jerarquías dentro de jerarquías, y mucha simbiosis y coordinación, y sí, también relaciones de poder. Pero solo una inteligencia como la humana puede aspirar a comprender cómo todo se conecta y realimenta, y que no hay ganadores o perdedores. Que en nuestro caso, no se trata de ganar ni de sobrevivir, sino de sentirse parte del todo. La condena y la virtud de la inteligencia es esa: no podemos simplemente SER parte del todo, sobreviviendo y ganando, o muriendo y perdiendo, porque por ese camino acabamos consumiéndolo todo, hasta a nosotros mismos. Estamos destinados a llegar a SENTIR que somos parte de ese todo. Nuestro destino pues, es trabajar ese sentimiento. Nuestro esfuerzo cognitivo debe ir en la línea de asegurar la comprensión de cómo funciona la red de vida y el papel que jugamos en ella. Nuestra capacidad de control debe enfocarse en reforzar ese conocimiento. Y será un conocimiento holístico. Deberemos abandonar nuestra tendencia a resolver problemas concretos y el prejuicio reduccionista que lleva a pensar que el problema global se soluciona agregando las soluciones de problemas menores.

Dicho de otro modo, hasta ahora hemos enfocado nuestro esfuerzo cognitivo, nuestra gran capacidad de control, como lo haría cualquier animal sin inteligencia superior: optimizando los flujos de energía y materia de manera que nos reportaran un mayor bienestar material y físico inmediatos, la resolución de cada problema concreto, de cada escollo, nos ha llevado a retos materiales cada vez más enormes, a movilizar flujos de materia y energía cada vez mayores, hasta que se nos fue de las manos. Es lo que habría hecho cualquier animal. No somos especiales por eso. Todos los animales despliegan en menor o mayor medida tecnología para hacer eso, para hacer trampa. ¿Pero llegará finalmente la inteligencia a convertirse en una singularidad y marcar la diferencia? ¿Conseguiremos enfocar nuestra inteligencia en la mera visualización del flujo y no tanto en su control para satisfacer nuestros impulsos animales?


*   *   *

 
Nota larga:

En la película Transcendence, tratan la singularidad tecnológica como un medio para sanar, mediante tecnología, todo el daño que ha hecho la tecnología al soporte natural de la vida. El prota de la peli, Johnny Depp, crea una nanotecnología capaz de sincronizarse simbióticamente con la vida y regenerarla. Claro que para dar lugar a algo tan sofisticado, tiene primero que convertirse en un dios y volcar su mente a una supercomputadora. Igualito que como quieren hacer ahora algunos super ricos. Su motivación inicial era ser dios, y justifica su delirio de grandeza argumentando que la única manera de salvar la vida, y por ende al ser humano, es hacer dios al humano. No hace falta haber estudiado mucha ciencia e ingeniería para entender que la única forma de alcanzar una tecnología sostenible ad eternum es hacerla a la imagen y semejanza de la propia vida, que se auto repare, que desarrolle economía circular con tasas de reciclado del 99%. Es obvio que si el objetivo es la sostenibilidad, sería mucho más sensato conservar la vida que queda en el planeta en lugar de seguir masacrándola con el pretexto de que hay que trascender tecnológicamente para reinventar la propia vida. Lo único que explica semejante estupidez e ineficacia de cara a conseguir el objetivo de la sostenibilidad es que el objetivo verdadero del humano tecnolófilo no es la sostenibilidad, sino la búsqueda de poder sin medida. El problema del imaginario del progreso es que nos ha inculcado que tenemos ojos para ver siempre más allá y al final ganarle la carrera al infinito, pero eso es imposible, enfermizo y acabará destruyendo prematuramente a cualquier especie inteligente que no sea capaz de salir de ese enfoque. La inteligencia, para no desaparecer, tendrá que acabar entendiendo que sus ojos están para ver su lugar en la red subyacente de la vida y no para dominar a esa red. Nuestro gran poder no es tanto nuestra capacidad de dominación, sino más bien la capacidad de visualizar de manera amplia y comprender esa interdependencia con la matriz natural. La inteligencia no sirve para evitar esa interdependencia, sino para contemplarla y trascender al hacerlo. Y ni siquiera estamos aquí para preservar la vida, no tenemos una tarea encomendada por los dioses de salvar la vida en la Tierra y propagarla por el Universo. Tan solo estamos aquí para aprender a ver y contemplar, la vida, y también la muerte, la belleza del proceso inmortal.


Monday, March 14, 2022

¿SE HA VUELTO LOCO EL MUNDO? Entender la crisis de Ucrania desde la perspectiva del pico de los recursos

 

 
Propaganda from 1921 — a reminder from history. The sign reads: Donets Basin is the heart of Russia. Image source: Wikipedia

Esta es la traducción de un artículo de alguien que prefiere permanecer en el anonimato y que escribe bajo el pseudónimo de 'B'. Mi agradecimiento a Carlos Lorenz Benlloch, compañero del grupo 'Colapso' de Facebook, por descubrir a esta excepcional autora o autor y por colgar este y muchos otros artículos suyos en el grupo.

Esta persona 'B' hace un despliegue impresionante de conocimiento multidisciplinar y lo proyecta con gran maestría para analizar la multi-crisis eco-social en curso desde un enfoque holístico. Pese al gran conocimiento técnico que se nota posee, su estilo literario es trepidante y ligero, evitando al máximo entrar en disquisiciones farragosas, consiguiendo de ese modo que nos sumerjamos cómoda y plácidamente en la visión completa de la cruda realidad de nuestros días.

Y pese a la dureza de su análisis, su discurso, una vez consigue liberar a nuestra imaginación de las telarañas del pensamiento mágico, invita a la exploración de todo un mundo nuevo de oportunidades de desarrollo de la madurez humana que se abrirán tras la resaca de nuestro pueril crecimiento fósil.

La aportación que deja en su blog es inabarcable para mí, pero iré dejando por aquí algunas de sus joyas traducidas al castellano, etiquetadas con la referencia 'textos de thehonestsorcerer B' para que se puedan acceder fácilmente.

Como de costumbre, nos servimos del magnífico DeepL Translator para la traducción.

Que lo disfrutéis.

* * * * * * * * * * * * * * *

 

No, esta guerra no es (sólo) por conseguir los recursos de Ucrania. Dejando a un lado otras ambiciones políticas, se trata más bien de que el resto de Europa pierda sus portadores de energía, junto con su poder político, y su estabilidad.

No es de extrañar que utilicemos la misma palabra -power- para describir tanto el uso de la fuerza política como el ritmo de transferencia de energía. Es casi un axioma que cuanto más energía (y otros recursos minerales) tiene una nación, más poder político posee sobre sus vecinos. También es importante señalar que el poder es relativo: no es necesario tener toda la energía de la galaxia al alcance de la mano, basta con tener un poco más que el siguiente país de la fila.

En un mundo abundante y en crecimiento (es decir, entre 1950 y 1970) esto era poco preocupante. Todos y cada uno de los países tenían lo suficiente -es decir: lo suficiente para generar toda la energía y producir todos los minerales y alimentos que necesitaran, con margen para crecer-, así que a nadie le preocupaba realmente atropellar a sus vecinos. Por supuesto, esto rara vez fue así y, por tanto, los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial pueden considerarse con seguridad la mayor anomalía de la historia de la humanidad. Sin embargo, en épocas de discontinuidad, como la que vivimos estos años, es difícil subestimar el papel de la energía.

Sin embargo, a nuestros dirigentes políticos y a los expertos en economía les gustaría seguir creyendo que estamos en los años 80 y 90, las décadas de la globalización, con un número cada vez mayor de buques de carga surcando los océanos del planeta... Donde todos los problemas internacionales y las carencias locales podían resolverse mediante acuerdos comerciales o embargos. Sin embargo, lo que estamos presenciando en este momento es una disolución de esta idea, junto con el mito de la sustituibilidad infinita y la eficacia de las sanciones.

Dejar que la idea del crecimiento infinito se una al prestigioso grupo de ideas en el basurero de la historia sería el siguiente paso lógico, pero no nos adelantemos todavía.

El problema de las discontinuidades es que suelen llegar en el peor momento posible. La economía mundial estaba a punto de "recuperarse" de una caída causada por las peores pandemias de los últimos tiempos... y entonces llegó primero una escasez de madera, luego una serie de interrupciones en la cadena de suministro, y después una crisis energética combinada con una escasez (y el consiguiente aumento de precios) de casi todas las materias primas.

Visto desde la perspectiva del pico de recursos, todo esto tiene un sentido instantáneo. Sin embargo, a nuestros políticos les gustaría pensar que esto es sólo un bache en el camino y que todo volverá a la normalidad en 2024. Ok, tal vez 2025. Sin embargo, hay un sutil cambio en el lenguaje. Solía recordar que en los buenos tiempos (años 90 y 2000) todos los gráficos que representaban el uso de los recursos se mostraban como una gráfica que tendía hacia arriba y hacia arriba, posiblemente hacia las estrellas. Ahora tienden a representar todo (desde las tendencias de extracción actuales hasta los niveles de inventario) en comparación con la media de los últimos cinco años. Sinceramente, esto me vuelve loco. Estos gráficos transmiten el mensaje de que hemos alcanzado una especie de nivel de producción "maduro", en el que cada año fluctúa en torno a una media, con algunos años mejores y peores. Pintan una imagen de un mundo en perfecto equilibrio descrito por flujos estables de energía y materias primas. En realidad, como veremos, el mundo es todo menos eso...

Lo que estos gráficos no muestran al mundo es que hemos alcanzado lentamente una meseta de producción, desde la que el inicio del descenso es sólo cuestión de tiempo. Hablan un lenguaje de caudales (x toneladas/año, y pies cúbicos/año, etc.), sin ninguna referencia al stock (reservas) ni a la tasa de agotamiento. (Es decir, cuánto nos queda, y cómo el proceso perfectamente natural de agotamiento dará lugar a un lento descenso de la disponibilidad del recurso dado a lo largo del tiempo).

La economía mundial se dirige hacia un precipicio, ignorando voluntariamente las señales de advertencia que hay junto a la carretera.

En este contexto, no es de extrañar que hayan tenido que pasar 8 años entre la anexión de Crimea y una guerra a gran escala en Ucrania. A estas alturas ha quedado claro que Europa está definitivamente en la larga pendiente del declive (energético) y que su destreza política no es lo que solía ser. Occidente ya no puede pretender de forma creíble que puede soportar fácilmente el cierre de los grifos de gas. La producción de gas natural lleva decenios disminuyendo, la importación de GNL (gas natural licuado) se ha visto limitada por la capacidad de las terminales, mientras que la necesidad de equilibrar la carga con las "renovables" es cada vez mayor, por no hablar del aumento de la demanda de electricidad de carga base de las centrales de gas que sustituyen a la nuclear y al carbón (temporalmente). En otras palabras, como he referido a Nafeez Ahmed a principios del año pasado: Europa tiene problemas. Su sector energético, y por tanto su economía real, se ha vuelto terriblemente dependiente de Rusia.

Y no se trata sólo de la energía, sino también de los metales y la producción de fertilizantes. En esta "crisis de las moléculas", en la que básicamente todas las materias primas están en infra-abastecimiento, perder el 6% del aluminio mundial o el 15% de la producción de fertilizantes no es una opción. (Para que conste: estos son los materiales que más energía consumen y, por tanto, están en el punto de mira de cualquier medida de ahorro energético). Visto desde esta perspectiva, la guerra ha comenzado exactamente en el momento adecuado para Rusia: cuando el almacenamiento de gas en Europa está en su punto más bajo y los precios de los metales y fertilizantes en su punto más alto, en algunos casos el más alto de la historia. Así, la posibilidad de evitar sanciones a largo plazo es la mejor. Incluso si las sanciones llegaran, Rusia ha acumulado amplias reservas de divisas y oro, que ascienden al 42% de su PIB anual, para mantener su economía en marcha a pesar de la caída del rublo.

¿Y los recursos de Ucrania? Bueno, poseen una cuarta parte de las reservas de carbón de Europa... el 90% del cual es antracita de alta calidad situada en la cuenca del Donets (o Donbas), ocupada por los grupos separatistas de Luhansk y Donetsk. Es cierto que Rusia también tiene mucho carbón, pero la mayor parte se encuentra en el sur de Siberia, a unos 4.000 kms del interior hacia el este. Como el carbón es un material pesado y voluminoso, es caro de transportar por tierra (sobre todo en términos energéticos), pero puede transportarse fácilmente en barcazas por los ríos de Europa del Este. Además, el Donets está cerca de la costa del Mar Negro y, por lo tanto, de los mercados europeos a los que se puede llegar con los graneleros. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué los separatistas querían capturar el puerto de Mariupol en 2014/15?

'¿Carbón? ¡Bah! ¡Tenemos turbinas eólicas!' Claro, pero como el caso del aumento del precio del gas ha demostrado al mundo, las "renovables" no podrán salvar el día. En detrimento de nuestro clima, el carbón sigue siendo una opción "popular", aunque muy contaminante, para proporcionar a la red electricidad de carga base, algo que no pueden hacer las centrales nucleares desmanteladas, los aerogeneradores en una semana sin viento o los paneles solares por la noche. Además, el carbón es indispensable para la fabricación de acero, necesario para erigir esas torres blancas con aspas giratorias en la parte superior, una materia prima cuyo precio también se está disparando. A pesar de los objetivos Net Zero, con el pico del petróleo (ver nota 1) muy probablemente detrás de nosotros y un pico inminente en la extracción de gas, Europa se verá obligada a utilizar más carbón.

Si Rusia "consigue" erigir un gobierno títere en Ucrania, sus empresas mineras tendrían libre acceso a la cuenca de carbón, enriqueciendo a los oligarcas sin medida... A costa de muchas vidas perdidas y de una nación privada de su libertad.

Hasta la próxima vez,

B


Notas:

(1) Es posible que Irán vuelva al mercado del petróleo tras un acuerdo nuclear potencialmente exitoso con Occidente. Sin embargo, al mismo tiempo, México saldrá del mercado el año que viene, y el agotamiento seguirá haciendo de las suyas en el resto del mundo... Dejándonos con un potencial, aunque de corta duración, pico secundario a principios del año que viene.

 

Friday, March 11, 2022

ESTA GUERRA MARCA EL FINAL DE LOS RECURSOS BARATOS

 

Image credit: Miguel Bruna via Unsplash

Esta es la traducción de un artículo de alguien que prefiere permanecer en el anonimato y que escribe bajo el pseudónimo de 'B'. Mi agradecimiento a Carlos Lorenz Benlloch, compañero del grupo 'Colapso' de Facebook, por descubrir a esta excepcional autora o autor y por colgar este y muchos otros artículos suyos en el grupo.

Esta persona 'B' hace un despliegue impresionante de conocimiento multidisciplinar y lo proyecta con gran maestría para analizar la multi-crisis eco-social en curso desde un enfoque holístico. Pese al gran conocimiento técnico que se nota posee, su estilo literario es trepidante y ligero, evitando al máximo entrar en disquisiciones farragosas, consiguiendo de ese modo que nos sumerjamos cómoda y plácidamente en la visión completa de la cruda realidad de nuestros días.

Y pese a la dureza de su análisis, su discurso, una vez consigue liberar a nuestra imaginación de las telarañas del pensamiento mágico, invita a la exploración de todo un mundo nuevo de oportunidades de desarrollo de la madurez humana que se abrirán tras la resaca de nuestro pueril crecimiento fósil.

La aportación que deja en su blog es inabarcable para mí, pero iré dejando por aquí algunas de sus joyas traducidas al castellano, etiquetadas con la referencia 'textos de thehonestsorcerer B' para que se puedan acceder fácilmente.

Como de costumbre, nos servimos del magnífico DeepL Translator para la traducción.

Que lo disfrutéis.

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Es hora de romper algunos mitos. Algunos como "tenemos todos los recursos naturales que queremos" y "vivimos en un mundo de abundancia". O que si algo deja de estar disponible, seguramente habrá un sustituto en línea que mágicamente se ampliará para satisfacer las necesidades de todos. Sin embargo, en el mundo real -tal y como estamos a punto de experimentar desde un asiento de primera fila- nos espera un largo declive de los recursos, junto con una caída de la producción económica. Aunque algunas partes del mundo podrían "disfrutar" de un crecimiento de la riqueza material y del uso de la energía durante un par de años más, la tendencia general (global) de las próximas décadas se caracterizará probablemente por un crecimiento negativo, o dicho de forma más sencilla: un decrecimiento. ¿Es por la guerra de Ucrania? ¿O a las sanciones? Sólo parcialmente. En el gran esquema de las cosas, estos actos de violencia serán considerados nada más que un "golpe de gracia", el golpe final a la economía occidental.

Por supuesto, las afirmaciones anteriores presuponen la aceptación de algunos hechos básicos. Sin embargo, la mayoría de estos hechos -como se verá- requerirían un cambio de paradigma que va mucho más allá del alcance de nuestra realidad política actual. Por lo tanto, no espero que ninguno de ellos irrumpa en la narrativa dominante a corto plazo... Pero quién sabe, tal vez Arthur Schopenhauer demuestre tener razón: 

"Toda verdad pasa por tres etapas. Primero, es ridiculizada. En segundo lugar, se le opone violentamente. En tercer lugar, se acepta como algo evidente."

Lee las siguientes afirmaciones (ver nota 1) a la luz de la cita anterior y adivina en qué fase se encuentra nuestra "conciencia colectiva" en relación con ellas.

1.
La energía lo es todo. No es un mero coste que hay que pagar, sino el "ingrediente mágico" de todo lo que hacemos. Sin ella no se realiza ningún trabajo, no se transforma ningún material, no se fabrica ningún artilugio ni se entrega en la puerta de casa. Sin una energía suficiente, asequible y disponible, no hay economía.

2. Nuestro sistema energético (no sólo la electricidad, sino también el calor y cualquier otra forma de energía) se basa enteramente en recursos minerales finitos, ya sea carbón, petróleo, gas natural, o los metales necesarios para construir centrales nucleares, reactores de fusión, baterías, células solares y turbinas eólicas.

3. Estos recursos minerales están distribuidos de forma desigual, y sólo pueden recuperarse económicamente de depósitos con suficiente densidad, pureza y tamaño. De ahí que algunas naciones sean ricas en recursos y otras no.

4. Las empresas mineras y de perforación lo sabían desde hace décadas, y por ello se han centrado primero en los recursos de mayor calidad: obteniendo el mayor beneficio al menor coste posible (y con demasiada frecuencia en detrimento de la población local). A medida que se agotaban los recursos baratos, tenían que ir descendiendo hacia yacimientos cada vez más pobres y difíciles de alcanzar, siendo algunos buenos hallazgos ocasionales la excepción y no la norma.

5. Por otra parte, la extracción de recursos de calidad cada vez más baja requiere inversiones desproporcionadamente mayores en todos los frentes: no sólo en términos financieros, sino también materiales, tecnológicos, de complejidad y, en última instancia, energéticos. Así, las empresas mineras y petroleras han tenido que seguir invirtiendo cada vez más dinero, material, mano de obra y energía para obtener la misma cantidad de petróleo, cobre o cualquier otra materia prima... Por no hablar de aumentar su "producción" para satisfacer una demanda cada vez mayor.

6. A mediados de 2021 lo que hemos experimentado no es sólo un aumento repentino de la demanda tras la pandemia, sino la incapacidad de volver a los niveles anteriores de producción o superarlos a precios asequibles (ver nota 2). Las inversiones en nuevas minas y pozos cayeron en picado mucho antes de la pandemia, por la misma razón expuesta anteriormente, y ahora la oferta y la demanda se han alejado seriamente como resultado.

7. Por otra parte, las formas alternativas de energía (hidroeléctrica, nuclear, eólica, solar, etc.) siguen dependiendo totalmente de la disponibilidad de combustibles fósiles, desde la extracción y la fundición de metales o la fabricación de cemento, hasta la fabricación, el suministro y la instalación de paneles, turbinas y presas, junto con las carreteras, los cables de transmisión, las estaciones transformadoras y demás elementos necesarios.

8. Por las razones expuestas anteriormente, seguimos obteniendo el 85% de nuestra energía primaria de los combustibles fósiles, al igual que hace 50 años. Por lo tanto, el próximo descenso en la producción de petróleo, carbón y gas natural (debido al agotamiento de los ricos yacimientos) marcará el punto máximo de la energía gratuita disponible para la humanidad: no sólo en forma de calor elevado y electricidad, sino también en forma de alimentos disponibles para nosotros y nuestro ganado (ver nota 3).

9. Esto no quiere decir que mañana se nos acaben estos recursos o que la hambruna mundial sea inminente; en algunos casos la mitad de los tesoros terrestres podrían estar aún bajo nuestros pies. Sin embargo, esta mitad restante será cada vez más difícil de conseguir y, con una disponibilidad de combustibles fósiles que pronto disminuirá, podría quedar bajo tierra, para siempre.

* * *


¿Marca esto el fin del mundo entonces? Ciertamente no. ¿Significará dificultades? Probablemente sí, pero también se presentará como una oportunidad para hacer las cosas de forma diferente y dar pasos en la dirección correcta, por fin.

Tomemos como ejemplo las sanciones, cuyo objetivo era paralizar a Rusia, pero que podrían acabar mutilando al Sur Global. Al aumentar aún más los problemas de suministro, desde el petróleo y el gas hasta el níquel y otros recursos finitos, las naciones en desarrollo simplemente quedarán fuera del mercado. El elevado coste del gas natural licuado y del petróleo ya es inasequible para Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka, lo que les obliga a utilizar formas de energía aún más sucias, o a no utilizar ninguna... lo que provoca apagones y caídas de tensión. A los economistas les gusta llamar a esto "destrucción de la demanda", pero detrás de estos términos se esconde una inflación galopante, una pérdida de medios de vida y la destrucción de las economías.

Esto no quiere decir que todo esto fuera inevitable. En lugar de dejar que los precios se disparen, los gobiernos del mundo superdesarrollado bien podrían haber anunciado planes de racionamiento a largo plazo de los combustibles fósiles en casa, ayudando simultáneamente a las naciones materialmente más pobres y salvando el clima.

Lo sé, habría significado matar a la vaca sagrada -el crecimiento-, pero ¿por qué no intentar manifestarse por algo así para marcar la diferencia, en lugar de más armas o más "renovables"? ¿Por qué no hay ningún debate democrático sobre lo que queremos hacer con los recursos que nos quedan por utilizar? ¿Por qué tantos de nosotros seguimos creyendo -en contra de las pruebas fehacientes- que vivimos en un planeta infinitamente abundante?

Lo que ha propuesto la mitad más afortunada de Europa (duplicar las energías renovables) provocará, casi con toda seguridad, que los precios del petróleo y del gas sean aún más altos, y que los costes del cobre, el níquel, el aluminio y otros metales sean aún más altos... Ya que todos estos materiales son esenciales para construir esos paneles solares y turbinas eólicas que tanto ansía Occidente.

La destrucción de la demanda, como resultado, se pondría en marcha a una velocidad aún mayor: dejando fuera a todas las demás naciones en esta carrera final por los últimos recursos económicamente extraíbles de este pequeño planeta... Suponiendo que la economía mundial no se derrumbe bajo la enorme presión generada por el aumento del coste de todo...

* * *


Si avanzamos un par de años, el inminente pico en la producción mundial de energía marcará un punto de inflexión en el esfuerzo humano... del que será físicamente imposible volver. Lo queramos o no, la civilización global de alta tecnología se volverá lentamente inasequible de mantener y antieconómica de continuar. Qué giro del destino: la misma fuerza -el capitalismo- que está matando y sobrecalentando nuestro planeta será la razón de la desaparición gradual de esta civilización también.

Las guerras y las sanciones no hacen más que acelerar el proceso.

La única manera de avanzar a partir de aquí es un largo descenso en el uso de la energía, y como resultado: una disminución gradual de la complejidad tecnológica. Todavía está por ver si esta revolución desindustrial se llevará a cabo de forma voluntaria y equitativa, o se "gestionará" mediante guerras y luchas de poder.

Sin embargo, esto no es nada nuevo. Como ya observó Sir Fred Hoyle en 1964 

"Al desaparecer el carbón, el petróleo y los minerales metálicos de alta calidad, ninguna especie, por muy competente que sea, podrá realizar el largo ascenso desde las condiciones primitivas hasta la tecnología de alto nivel. Se trata de un asunto de una sola vez. Si fracasamos, este sistema planetario fracasa en lo que respecta a la inteligencia. Lo mismo ocurrirá con otros sistemas planetarios. En cada uno de ellos habrá una oportunidad, y sólo una."

* * *


Sin embargo, hay una objeción, una pizca de esperanza si se quiere: la vida inteligente que desarrolla una cultura rica, ciencia y sociedades grandes y complejas no es totalmente imposible una vez que estos materiales desaparecen. La civilización de alta tecnología será imposible de mantener o reconstruir sin ellos - no hay duda de ello - pero esto no significa necesariamente una vida empobrecida, "corta, desagradable y bruta", o "volver a las cavernas".

Todo lo contrario: combinando nuestra creatividad inherente con nuestros inmensos conocimientos sobre el mundo natural, esta época de reducción de las actividades humanas nos daría una gran oportunidad para redescubrir nuestro rico patrimonio cultural y las numerosas formas de vida que nos nutren. En los siglos venideros podríamos vernos obligados a dejar atrás los rascacielos en ruinas y sus suburbios, pero también podríamos volver a construir nuevas ciudades de piedra y arcilla con una elaborada carpintería, con baños y una bulliciosa vida social, con mercancías exóticas llegadas a través de rutas comerciales olvidadas hace mucho tiempo, y quizás experimentar con formas mucho más democráticas de organizar la vida. Ya hemos estado aquí antes y fue un periodo extraordinario en la historia de la humanidad: libre de algoritmos, opresión, guerras o dictadores.

Hasta la próxima vez,

B

Notas:

(1) Si no estás de acuerdo con las afirmaciones expuestas, te animo a que investigues más sobre el tema en revistas científicas de ecología, geología y física, ya que todos estos procesos están bien documentados e investigados. Por favor, absténgase de las fuentes que hacen referencia al ingenio humano y a cómo hemos resuelto todos los problemas en el pasado. Estas fuentes rara vez tienen en cuenta cómo estos éxitos anteriores se debieron a que descubrimos un segundo hemisferio (las Américas y más tarde Australia con sus recursos sin explotar) y cómo hemos empezado a utilizar minerales no utilizados anteriormente, que a su vez están ahora en un proceso de agotamiento. Por si esto fuera poco, el planeta está ahora en proceso de cruzar múltiples puntos de inflexión tanto en términos ecológicos como climáticos, algo sin precedentes en la historia de la humanidad. La creatividad humana necesita nuevas formas de expresarse: cómo arreglárselas con menos, en lugar de cómo saquear el planeta para obtener más recursos finitos.

(2) El aumento del precio de estos materiales -que ya lleva casi un año- marca un cambio definitivo de su valor en relación con el coste del trabajo humano. En pocas palabras: a medida que se hacen más difíciles de conseguir, se vuelven cada vez menos asequibles para el consumidor medio.

(3) Los fertilizantes se fabrican a partir de fosfato mineral y gas natural, siendo ambos recursos únicos, finitos y, por tanto, agotables. Una reducción de su uso, y como resultado del consumo de carne (para conservar los alimentos para los humanos en su lugar) parece ser inevitable en este punto.