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Friday, February 6, 2026

¿POR QUÉ DIOS?

 

Luna

 

En esta entrega seguimos con las reflexiones suscitadas por la mente brillante de Simone Weil descrita no menos brillantemente por Byung-Chul Han en su libro "Sobre Dios. Pensar con Simone Weil".

 

*    *    * 


Hoy me ha llegado un correo de un grupo de autoayuda sobre la invitación al ayuno:

 

Estaba muy contento con cómo iba su experiencia ...

tú también puedes ...

sé que se trata de disfrutarlo, de jugar ...

 

Pero, el ayuno no ha de servir para nada. No ha de ser divertido ni ha de servir para curarse el cáncer o para salvarse. Su único para ha de ser eliminar el para. Es decir, el objetivo es afrontar el Silencio, derrotar al ego.

Pero con mi crítica al grupo de autoayuda estoy cayendo una vez más en la paradoja en la que cae constantemente todo aspirante al crecimiento espiritual. Esa pulsión suicida del ego que busca acabar consigo mismo. Es decir, ¿quién quiere silenciar al ego? El ego. Pero quiere hacerlo porque así cree que eliminará o paliará su sufrimiento, que se entrenará estoicamente para hacerse fuerte y soportar traumas o privaciones venideras.

El ego busca anularse para hacerse fuerte. Por eso, toda práctica espiritual está en principio abocada a seguir inflamando el ego.

La única manera de resolver esta paradoja es incluyendo a Dios en nuestro marco espiritual y entregarse a Él. Da igual si es el Dios cristiano o el musulmán, pero ha de ser un Dios de Amor, ya que la única manera de vaciarse de verdad y acabar con el ego es mediante un acto de desprendimiento total y entrega obediente por amor a un ser supremo que sea un ser de amor, porque solo el amor responde al amor.

La única forma de dejar de existir como ego, y por tanto, de encontrar la paz experimentando el instante, es dejando existir a Dios. Es en el hueco vacío que deja el ego al retirarse donde Dios puede respirar, y es dejando que Dios respire y perciba el mundo a través nuestro (ser es percibir) como nuestro ego consigue retirarse.

Se podría objetar que también podríamos amar a cada uno de los seres con los que nos cruzamos, como medio de entrega y descreación del ego, sin necesidad de fabricar a Dios, pero no es suficiente, ya que la descreación del ego requiere una entrega amorosa infinita, y esta solo puede ser suscitada por un ser infinitamente amoroso.

Solo una fuente de amor infinita puede activar por resonancia un amor infinito en un receptor.

Solo creyendo en un Dios al que se le pueda rendir obediencia y entrega absolutas es posible trascender el ego y superar la paradoja de querer eliminar el ego para solo conseguir seguir inflamándolo. Solo el amor a Dios nos puede sacar del interés propio. Me quedo sin nada por amor a un Ser completamente distante (indisponible) y externo a mí (al ego). Esa distancia absoluta, esa total indisponibilidad de Dios, da cuenta del arrinconamiento definitivo del ego, ya que, si cupiera cualquier cercanía con Dios, esta sería en relación al ego.

Solo desapareciendo por medio del amor podemos lograr "dejar de ser", para que así el SER pueda ser.

Pero es esa distancia infinita la que al permitir la disolución del ego se torna cercanía con el SER y vivencia del instante. Se torna cercanía porque al vaciarnos permitimos que el SER nos atraviese para contemplar su obra. El instante se hace eterno porque solo puede verlo el SER eterno.

Por supuesto, para poder entregarse a Dios, antes lo tiene que crear nuestra imaginación. Como Dios nos es inaccesible por definición mientras somos ego, solo podemos imaginarlo. La imaginación colmadora de vacíos, la misma que debemos desactivar para acercarnos a Dios, es la que debe en este caso colmar el vacío que supone no poder acceder a Él. Pero asumir esta contradicción tendrá el efecto posterior de experimentar la rendición total por amor puro hacia Dios, necesario para desmontar de verdad nuestro ego y acceder al instante.

Pensemos en Dios como una vibración de fondo infinitamente amorosa y ubicua que sostiene la realidad en cada instante desde fuera del tiempo. Es irrelevante si es Dios o Diosa, su género o cualquier cualidad humana que no podamos evitar atribuirle son irrelevantes. Si le atribuimos inteligencia, solo tenemos la nuestra como referente para hacerlo, pero nuestra inteligencia y consciencia son solo un tenue e insignificante resplandor de su Conciencia.

El cosmos entero es un procesador de información infinita. Un motor que sostiene la creación y que funciona sin funcionar porque lo hace desde fuera del tiempo. No tenemos ni la menor idea de cómo piensa Dios como cosmos generador, pero es un proceso atemporal inimaginable para nosotros que no entendemos los procesos sin tiempo. Es una inteligencia infinitamente más compleja y amorosa de lo que puede aspirar a ofrecer cualquier mente humana. En nuestra limitante embriaguez egoica, tendemos a pensar que el cosmos no piensa o no se mueve por amor porque esos son atributos humanos y sería muy ingenuo atribuirlos al cosmos como ente. Pero sí lo hace, con una inteligencia y amor infinitos que hacen que todo exista.

Nuestras nociones de amor e inteligencia solo son ecos inaudibles que nos llegan del Amor e Inteligencia del cosmos.

¿Y vale la pena entregarse por amor a alguien sabiendo que no va a sentirse querido por nosotros, o al menos no como un humano lo sentiría? Si Dios no va a sentir que yo le amo, ¿para qué dárselo todo? Por mucho que yo patalee y le grite, Dios no va a pestañear ni va a responder. Una vez más, nos frustra que Dios no se emocione y responda como un humano, pero es que se trata de eso, de darlo todo sin esperar ni recibir nada a cambio. Ese es el amor incondicional que nos lleva al instante.

Dios solo nos va a agradecer nuestro amor a Él con silencio, con un instante eterno.

 


Friday, September 5, 2025

EN BUSCA DE DIOS

 

Icono circular usado por Wolfgang Smith para representar su cosmología tripartita.

 

Este post tiene el propósito de recoger una respuesta a un artículo de la revista 15/15\15 que reinterpretaba de manera brillante el mito de Casandra, que cuenta cómo Apolo le otorga el poder de ver el futuro a condición de que se una a él carnalmente. Como Casandra finalmente no se une a Apolo, éste le castiga con la maldición de nunca ser escuchada por los hombres cuando ella profetizara algo.

El artículo plantea la metáfora de que Casandra representa a los científicos y activistas eco-sociales que nos advierten de la cruda realidad del colapso en curso. Y el autor se pregunta por qué nadie les escucha.

La brillante reinterpretación del mito consiste en que para poder adquirir un don que no es de este mundo terreno, hay que ligarse espiritualmente a un mundo más allá del terreno (el autor lo llama 'el inframundo'), no se puede pretender tener el poder y seguir atado al mundo terreno de la misma forma que antes. De manera que lo que pide Apolo es esa unión espiritual, y no una unión carnal como se interpreta desde la visión moderna del mito.

Así, el autor del artículo reivindica la construcción de una dimensión espiritual por parte de los activistas eco-sociales con el propósito de conseguir hacer llegar su mensaje al mundo.

Mi respuesta fue motivada porque me pareció que el autor quería aproximarse sin conocerla a una cosmovisión que recientemente conocí gracias al filósofo Wolfgang Smith y que para mí en especial ha supuesto una auténtica metanoia. Este autor, además de físico y gran conocedor de la teoría cuántica, fue catedrático de matemáticas en el MIT y un erudito en filosofía y religiones. Su obra supone una gran crítica, brillantemente fundamentada, a la arrogancia y estrechez de miras del cientifismo moderno. Muchos le criticarán por algunas de sus posturas más excéntricas y radicales, como el geocentrismo, pero yo prefiero no juzgar a la gente por sus errores y sí por sus aciertos. Somos humanos y para acertar hay también que errar.

A continuación la respuesta...

 

*    *   


Gracias por las reflexiones Gil Manuel. Buenísima la recuperación de una interpretación más profunda y auténtica del mito de Casandra. Está claro que la modernidad ha tergiversado todo el conocimiento perenne del que disponíamos.

Está claro también que lo que sugieres como imperativo es un cambio radical de Zeitgeist, de cosmovisión general, un cambio de Weltanschauung (como dice mi filósofo actual de cabecera Wolfgang Smith), un cambio que devuelva a lo espiritual su lugar perdido. Pero esa unión espiritual con Apolo haciendo uso del 'inframundo' es lo que llevan buscando todas las religiones (re-ligare) del mundo desde tiempos inmemoriales, y ha sido el Occidente moderno, de hecho, la primera sociedad en considerar el mundo corpóreo como un sistema cerrado, donde Apolo ya no puede tener cabida.

En mi opinión, tras dejarme iluminar por eruditos como Wolfgang Smith, lo primero, sería definir y ubicar ontológicamente ese 'inframundo'.

La ironía más grande de toda la modernidad, es que la propia deriva cientifista iniciada con la ilustración (asumamos la bifurcación cartesiana como punto de inflexión), llevada a sus últimas consecuencias de la mano de la teoría cuántica, llegó a toparse con los límites de su propia cosmovisión sobre un universo físico/corpóreo cerrado. Por decirlo claro: la teoría cuántica revela (ver teorema de Bell) que la realidad es en esencia no local, es decir, que hay toda una fenomenología, muy probablemente ubicua, que está fuera del espacio/tiempo y de las interacciones dentro de este acotadas por la velocidad de la luz; una fenomenología que está más allá de la causalidad horizontal percibida por nuestros sentidos y aparatos de medida, y que por tanto, revela la existencia de una causalidad vertical y la necesidad de establecer una jerarquía ontológica de planos de existencia que dé cuenta de esa verticalidad.

Esta jerarquía ontológica que la teoría cuántica revela como real, fue ya propuesta desde tiempos inmemoriales en todas las filosofías antiguas. El Cielo (espiritual) y la Tierra (corpórea), lo plegado y lo desplegado (como decía el físico cuántico y filósofo David Bohm), la manifestado y lo oculto, el Yin y el Yang, lo denso (sthula) y lo sutil (sukshma). Pero estos dos polos necesitan un medio para poder entrelazarse y accederse mutuamente, y ese medio es el plano intermedio, o como tú lo llamas, el inframundo.

Esta cosmología tripartita queda ejemplificada en el icono del círculo, donde su circunferencia representa el mundo corpóreo, sujeto al espacio/tiempo, el centro representando el mundo eterno y espiritual, donde no hay ni espacio ni tiempo, y el espacio intermedio entre el centro del círculo y su circunferencia representando el mundo intermedio o inframundo, donde no hay espacio pero sí tiempo. Es este mundo intermedio al que los alquimistas entraban con el 'solve' y del que salían con el 'coagula'. En palabras de Wolfgang Smith:


Quisiera añadir que este círculo simbólico —este auténtico icono de la cosmología perennis— era conocido por todas las grandes civilizaciones. La gran excepción, por supuesto, es la nuestra: esta civilización profana posmedieval, dominada intelectualmente por la ciencia, que, en efecto, ha reducido el cosmos a su nivel más bajo.


Cabe señalar un cuarto elemento fundamental representado en el icono circular, a saber, el radio que conecta cada punto de la circunferencia con el centro. Cada punto simboliza un momento presente del universo corpóreo, un presente que es atravesado (literalmente) por la eternidad a través del radio. La eternidad se hace presente en cada instante.

Obviamente no es el momento ni el lugar para seguir profundizando en estas ideas, pero sí me gustaría recomendar una referencia para quien pueda interesarse. El único libro de Wolfgang Smith traducido al castellano, "El enigma cuántico". No se requieren conocimientos científicos para entenderlo.

Es notorio que el colapso de la civilización industrial en curso (ya desde los 70s) ha suscitado un interés generalizado por el retorno a lo místico, a lo espiritual. Citando a Ferrán Puig Vilar en un artículo suyo sobre este tema:

 

Muchos estudiosos de las religiones —y todos los místicos— entienden que las distintas tradiciones sapienciales son, en realidad, caminos culturales distintos hacia una misma realidad espiritual. Las diferentes denominaciones de este Todo último —Dios, Yahvé, Alá, Brahman, Tao, conciencia universal, etc.— tienen tantos puntos en común que pueden ser considerados una misma entidad.


Y estoy de acuerdo con Ferrán que esta nueva cosmovisión tiene que poner en el centro el amor por Gaia, pero quedarse solo en Gaia es quedarse de nuevo en un plano ontológico cerrado, sin acceso a lo eterno... de nuevo, el gran mal de la modernidad.

Aunque también desde los 70s en occidente se despliegan grandes esfuerzos por asimilar las filosofías orientales antiguas, ese intento de encontrar lo común o lo esencial que está detrás de todas estas interpretaciones del conocimiento antiguo también se ha manifestado desde mucho antes.

En todas estas tradiciones sapienciales está presente la idea de que la estructura y forma del cosmos está de algún modo replicada a modo de fractal en los seres del mundo corpóreo, así, el ser humano se ve como arquetipo de este microcosmos que imita al cosmos en su estructura tripartita: cuerpo (mundo corpóreo) / alma o mundo onírico (mundo intermedio) / espíritu o sueño profundo (mundo eterno). No obstante, es sólo en la tradición cristiana donde esta idea de autosemejanza se lleva al extremo con el mito de la encarnación de Dios en la figura corpórea de Cristo. Obviamente, para los cristianos esto no es un mito sino la realidad misma.

A donde quiero llegar es que no veo muy práctico crear de cero en occidente una mesorreligión como sugiere Ferrán "a medio camino entre el laicismo y la religión", que se pierda en la equidistancia para no quedar mal con nadie... Se ha intentado sin mucho éxito por activa y por pasiva importar la sabiduría oriental traduciéndola al lenguaje occidental, pero sinceramente, vería más práctico y humilde retomar la tradición que aquí ya arraigó (Cristianismo), eso sí, tratando de recuperar su sentido original, corrompido desde casi su origen, y en ese intento de regenerarlo, sí sería de mucha ayuda incorporarle al cristianismo ideas de la filosofía oriental o de otras tradiciones ancestrales del mundo. Así mismo, también veo que se puedan incorporar ideas del cristianismo allá donde primen otras tradiciones, pero esta vez sin imponerlo tal y como sucedió desde la era colonial.

Dicho todo esto, que ya se extendió demasiado, no creo que el objetivo de la religión deba ser salvar a la humanidad de un colapso abrupto proporcionándole los medios para un aterrizaje suave. Nuestro destino ya está sentenciado y escapa completamente a nuestro control o influencia, como no podía ser de otra forma.

Si yo pudiera hablar con Dios, le diría:


No me salves del cáncer, no evites que esa bomba arrase a esos niños, no ayudes a mi hermano drogadicto a salir de su tumba en vida, tan solo dame sabiduría para poder admirar de vez en cuando tu obra en toda su extensión sin paños calientes y ver en cada uno de sus ínfimos detalles una puerta al todo, dame humildad para poder agradecer la gran maravilla que supone que te sirvas de mí para percibir la eternidad de tu creación en cada instante, una creación que tiene que moverse para poder ser apreciada por su creador a través de todo ser en calidad de ser percibiente y sintiente...


Solo somos antenas que destilan una Conciencia que viene de arriba, de lo eterno, una Conciencia que no es nuestra y es de todos.

Y finalizo con una cita de la filosofía Sufí que Juan Arnau incluye en su libro "Historia de la Imaginación" (Juan es el filósofo valenciano gracias al cual conocí a Wolgfang Smith):


Él (el Supremo) es el sujeto de todas las experiencias (el vidente y el oyente). Aquel que permanece en la perplejidad recorre un sendero circular, nunca se aleja de Él, mientras que el que sigue la línea recta se pierde por la tangente


La línea recta, obviamente, es la cultura del progreso infinito... Y la perplejidad es lo que les pasa a los sistemas cuánticos, que dudan, y no solo eso, además comparten o coordinan su indecisión (entrelazamiento o interacción no local), lo que les permite alcanzar la claridad. Hay ejemplos reales de entrelazamiento a nivel micro como sucede en la fotosíntesis o en la superconducción, pero el físico cuántico David Bohm sugirió que los humanos deberíamos coordinar nuestra indecisión e ignorancia para alcanzar una conciencia colectiva necesaria para un cambio de trayectoria.

Por supuesto, la duda, la humildad y el rechazo del dogma son clave para el conocimiento, para poder sondear el misterio que nunca se revela, pero también hay que conocer "El teorema de Bell" (con el sufrimiento que ha costado que salga a la luz) que nos revela (irónicamente desde la ciencia) que hay un universo plegado, y muy probablemente, un Dios eterno disfrutando de este maravilloso teatro.

Saludos