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Thursday, March 7, 2024

I_diotez A_rtificial

https://static.vecteezy.com/system/resources/previews/030/458/700/non_2x/generative-ai-infinite-horizons-exploring-the-marvels-of-nanotechnology-photo.jpg
 

"...los valores del amor son algo que jamás experimentará una máquina.."

[Ana Campos]


Antes de hacerme neo-ludita, estuve por décadas interesado en la IA. Antes de darme cuenta de que el conocimiento puede desarrollarse sin límite sin necesidad de una expansión material, pensaba que desarrollar la IA era nuestro deber para poder preservar y expandir el mucho conocimiento científico y artístico alcanzado, que de otro modo se perdería dada la debilidad humana.

Recientemente, leí al neuro-científico Antonio Damasio, que me enseñó la importancia del sustrato físico para el desarrollo de emociones: hasta el arcaico gesto de afecto que supone la contracción del flagelo de una ameba cuando éste percibe una agresión, está de alguna manera en el fondo de un inmenso legado acumulativo de evolución emocional que dio lugar finalmente a nuestra mente consciente. Por ello, sin un sustrato físico como el orgánico, nunca habrá una inteligencia artificial como la humana. Es precisamente la debilidad humana, ligada a ese sustrato y de la que queremos deshacernos con el desarrollo tecnológico, lo que nos hace sensibles e inteligentes ... vamos pues, con la IA, justo al revés para propiciar una verdadera evolución artificial cognitivo-emocional.

También descubrí recientemente cómo la consciencia (en humanos y en otros seres vivos) podría estar orquestada por entrelazamiento cuántico. Así como la fotosíntesis y la magnetorrecepción de aves son facilitadas por la "claridad" que emerge de conjuntos de partículas compartiendo o coordinando la indecisión o "turbiedad" de sus estados cuánticos (entrelazamiento), ya hay indicios fundados de que esto mismo podría estar ocurriendo en la emergencia de la claridad creativa del cerebro. Si así fuera, la mente no sería computable, y del mismo modo que la vida en sí misma, no reducible a un algoritmo.

Se podría alegar que una computadora cuántica sí es en potencia una máquina con alma o creatividad genuina, pero lo que veo es que la computación cuántica también ha entrado en rendimientos decrecientes. La dificultad de mantener entrelazados entre sí a todos los cubits de un computador cuántico actual crece exponencial con el número de cubits, por eso hoy en día no tenemos una computadora cuántica con más de unas pocas decenas de cubits entrelazados, y me temo que sin un sustrato molecular que permita un entrelazamiento cuántico tan fino como el alcanzado por algunas estructuras biológicas, no va a ser posible tener una computadora cuántica decente.

Se tiende a legitimar a la IA y a otras tecnologías de vanguardia apelando a la "neutralidad tecnológica": en buenas manos y dándole un buen uso, no son malas. Pero la tecnología es neutra hasta que su complejidad llega a un umbral de no retorno, a partir del cual, su aumento de complejidad solo puede ir en detrimento de la complejidad de Gaia. Para profundizar en todo esto recomiendo leer por ejemplo a Adrián Almazán.

Pensemos en las redes de suministro globales y en las economías de escala, las tierras raras se extraen en América del Sur o África y luego van a las refinerías chinas, las impresoras que imprimen micro-chips se construyen en Holanda y sólo 3 o 4 gigafactorías en todo el mundo se pueden permitir adquirirlas para imprimir micro-chips en Corea de Sur o en Taiwan, y se lo pueden permitir porque producen a gran escala para así reducir costes ...

Sin el desarrollo del capitalismo y el auge de la cultura del consumo hedonista masivo, inoculada en una población siempre creciente, nunca se habría desarrollado toda esa especialización y complejidad mercantil que ha conducido a tanta complejificación tecnológica. Sin el concurso de la ambición, toda esa bien intencionada motivación de científicos e ingenieros orientada a mejorar la vida humana habría quedado en nada. Y sin el concurso de una masa consumista creciente y materiales y energía abundantes y baratos (justo de lo que va a haber cada vez menos por la multicrisis de escasez), la tecnología compleja tiene los días contados ... por suerte ...

La posibilidad de poder hacer más cosas o de hacerlas de manera más eficiente (con el aumento de la complejidad tecnológica) nos lleva a eso: a hacer más cosas, con el consiguiente uso añadido de energía y materiales e impacto ambiental adicional. Esto es el famoso efecto rebote o paradoja de Jevons.

Pero el dogma de que el aumento de la eficiencia y la complejidad tecnológica deba seguir siempre la lógica de los rendimientos crecientes también está viniéndose a bajo. La complejidad del sistema humano ha crecido exponencial, pero nuestro cerebro apenas cambió en 100.000 años, y el sistema industrial requiere de un control humano cada vez más difícil, ya que cada vez cuesta más profundizar más allá de la mera especialización de cada uno, y cada vez hay más 'especialidades' a controlar o coordinar ... todo esto, sumado a la pérdida de biorrecursos y a la escasez energética/material creciente (todo derivado del sobrepasamiento de la empresa humana) lleva a rendimientos decrecientes y negativos de la complejidad.

A veces he visto cómo gente de ideología marxista (en su derivada posmoderna/prometeica) babea con la IA y con otros caramelitos tecnológicos presentados por la narrativa dominante. Es normal el apego a esta narrativa por parte de la mayoría neo-liberal posmoderna (liderada por figuras como Yuval Harari, Bill Gates, ...), o por parte de arcaico-liberales (neoconservadores, ahora autoproclamados libertarios), pero el apego a los sueños tecnolófilos por parte de una gran mayoría de la izquierda opulenta supone un gran factor limitante para poder alcanzar una masa crítica concienciada hacia un cambio sistémico global.

Se sueña con la singularidad tecnológica como la herramienta definitiva para acabar con la injusticia en el mundo. Una IA orgánica en equilibrio con Gaia y que además consiga mantener todos nuestros satisfactores industriales actuales y extenderlos a la mayoría de esos 8 mil millones que aún no los tienen. Pensamiento mágico en estado puro.

El desarrollo tecnológico nunca dará lugar a un sistema artificial que se comporte de manera orgánica y en encaje con la biosfera, por muchos motivos, en especial, debido al principio de máxima potencia, un sistema orgánico artificial que se puede desarrollar al margen de los límites de autorregulación de la biosfera (por tener sustrato artificial), se extenderá sin límites y tenderá a acaparar toda la energía entrante en el sistema para convertirse en la estructura disipativa única, es decir, acabará con la estructura disipativa biosfera por pura competición con ella.

En otras palabras, si dejamos que el poder de la IA siga aumentando, su falta de neutralidad aumentará con ello porque se perderá la posibilidad de que esté en manos de alguien, ya sean malas o buenas manos, ya que la IA será completamente autónoma, y el claro desenlace de esto es el final de la vida orgánica en la Tierra.

Y por este motivo, por puro amor hacia Gaia, a pesar de venir de décadas de ofuscamiento tecnolófilo, yo me terminé interesando por el anarco-primitivismo, y sí, ahora por fin me declaro sin pudor neo-ludita absoluto.

Saludos

PD: Mi interés por el anarco-primitivismo y neo-ludismo es solo teórico, ya que en la práctica sigo anclado a la vida de yonqui tecno-industrial, y sin perspectivas reales de abandonarla ...

 

Friday, February 24, 2023

ORDEN EN EL CAOS

 

Stalker, 1979, film by Andrei Tarkovsky

 

Para Lars von Trier la Naturaleza es 'el templo de Satán' ... muy poco Tao para mi gusto .. no hay oscuridad sin luz, una se interpenetra en la otra, el sucumbir a nuestra fragilidad frente a las fuerzas incontrolables de la Naturaleza está en el germen del arte, así como lo está del mismo modo el hecho de sentir la fuerza de la comunión con el todo fluido ..

Aquí explican que Lars von Trier fue muy influenciado por otro gran autor de cine, Andréi Tarkovsky, y que ambos comparten una invocación obsesiva a la Naturaleza en sus películas. Pero, mientras que para Lars, nuestras identidades son despreciables ante el poder abrumador de la Naturaleza o, en todo caso, ella se ríe de nosotros con crueldad cuando osamos tratar de penetrar en sus secretos, para Tarkovsky, nuestra relación rota con la Naturaleza es absolutamente reconciliable. Y de eso va su cine, un intento por medio del único medio posible, el arte, de transitar espiritualmente hacia una reconciliación con el todo fluido.




Gaia es un proceso fluido (no estático, alejado del equilibrio termodinámico) que se reproduce como las muñecas rusas (como un fractal), maximizando el reparto energético a nivel local, o dicho de otro modo, maximizando la entropía a nivel local. La consecuencia de esto es que la vida, al contribuir a la entropía y al caos, en cada uno de sus movimientos, se asegura el máximo de posibilidades de órdenes disponibles para la siguiente iteración del movimiento. Y como nos sugiere Bohm, se trata de un holo-movimiento. El holo-grama, del mismo modo que el fractal, despliega el todo a partir de la parte.

Entonces, como nos enseña la Teoría de Gaia Orgánica, el imperativo entrópico es seguido por la vida maximizando los intercambios y el reparto energético, pero al mismo tiempo, Bohm nos muestra que hay otro imperativo que lleva a la reproducción de la consciencia cósmica desde cada partícula (protoconsciencia) y que eventualmente desemboca en la aparición de la vida y, a la larga, en la aparición de seres auto-conscientes.

En realidad ambos son el mismo imperativo, puesto que en cada intercambio energético orgánico, hay procesamiento de información, por lo que una maximización del reparto energético coincide a la larga con una optimización de la organización informativa, una optimización en el desarrollo de órdenes sutiles, que es lo que al final lleva al despliegue de consciencias en el orden explicado, pero realizado 'desde' una consciencia global u orden implicado. A la partícula desplegada desde el orden implicado le mueve el imperativo de 'llegar a verse', de 'llegar a ser', pero es un 'llegar a ser con', porque lo que hay que 'llegar a ver' es que lo desplegado en realidad sigue intrínsicamente entrelazado con el orden implicado, con el todo fluido.

Tiene sentido, porque la entropía significa máxima variabilidad, ruido, aleatoriedad o caos, lo que equivale a tener una información disponible máxima, en el sentido de que tendremos máximas posibilidades de entresacar de ahí órdenes diversos. Pero al mismo tiempo, un orden hallado es efímero, es fluido, lo que hoy es relevante, mañana dejará de serlo, y es esa fluidez y flexibilidad, articuladas desde el imperativo de 'llegar a ser con', lo que lleva a evolucionar hacia ese fin.

Por eso Tarkovsky elige como escenario el caos total (que deja tras de sí la apisonadora humana) para buscar sus órdenes fluidos, porque es en el caos donde mejor se puede hacer esto.




Todas las estructuras humanas tratan de erguirse a partir de un orden racional en oposición al orden fluido impuesto por la entropía. Y en cuanto nuestras estructuras claudican, el orden de la entropía supura a partir del orden humano racional que se desdibuja. En cuanto nuestros rígidos órdenes humanos son abandonados y la entropía empieza a desdibujarlos, emerge de ellos el fluir natural orgánico. La Naturaleza siempre aprovecha los espacios con muchas oportunidades, los espacios entrópicos. No hay ruptura, es una transición bien planificada. El viejo orden abandonado, antes que desaparecer con su identidad estática, se redime en su abrazo con la Naturaleza y continua existiendo, transmutado, entrelazado, fluido.




Tarkovsky intuye que el orden fluido que ve emergiendo del caos y la destrucción tiene mucho que ver con el orden fluido que se observa en la Naturaleza y que emerge del mejor reparto energético (entropía) en el fractal orgánico gaiano: la Naturaleza consigue hacer orden gracias a las oportunidades del caos, los humanos creamos un nuevo caos al intentar imponer nuestro orden imaginado por encima del orden natural, y Tarkovsky entresaca un nuevo orden de nuestro caos que se parece mucho al primer orden fluido que se observaba en la Naturaleza, consiguiendo cerrar así el círculo.





Y el círculo es en realidad espiral, porque en su movimiento el dolor del mundo va en aumento. No hay reparación, porque el círculo sigue en movimiento, pero hay contemplación y por tanto paz.




Así es como imagino yo que Tarkovsky consigue a través de su arte reconciliar la barbarie y precariedad humanas con la Madre Naturaleza. Así es como consigue de manera magistral que la Naturaleza nos dé consuelo y cobijo espiritual aún cuando no podamos librarnos del dolor y el sacrificio consecuencia de nuestro eterno conflicto con ella. El arte aquí no viene a corregir o a reparar la destrucción ni la barbarie, que emanan en primer lugar de la propia Naturaleza que nos dio forma. Más bien tiene el efecto balsámico de la visión de un orden más profundo, donde el bien y el mal ya no se enfrentan, donde lo extraviado tras la pérdida sigue estando ahí, en el todo fluido.

Seguramente Tarkovsky nunca oyó hablar acerca de la obra de Bohm ni de la Teoría de Gaia Orgánica, aún así, creo que lo entrelazado en este texto de ambas con su arte le resultaría familiar ... o no, y tan solo apreciara un intento de hacer arte, a partir de su arte.

Como Grenouille, en 'El perfume', con la acción artística, solo tratamos de atrapar parte de la esencia del 'estado de ánimo' que nos lleva a hacer arte, pero ese 'estado de ánimo' pre-cognitivo, previo a la acción, se nos escurre entre los dedos mientras tratamos de retenerlo por medio de todo tipo de condicionamientos.

 

Andrei ¿Tú qué preferirías? ¿un niño o una niña?

Que sus sueños se hagan realidad. Que puedan creer en ellos.

Y que puedan reírse de sus propias pasiones. Y, sobre todo, que crean en sí mismos ...

... y que sean inocentes como los niños ... porque la debilidad es poder, y la fuerza no es nada.

Cuando el hombre nace, es débil y flexible. Cuando muere, es fuerte y rígido.

Como un árbol. Mientras crece, es tierno y flexible. Y cuando se seca y endurece, muere.

La rigidez y la fuerza son compañeras de la muerte.

La debilidad y la flexibilidad expresan la frescura de la existencia.

Lo que se vuelve rígido ya no vence.

 


Tuesday, September 20, 2022

TAO PARA RECUPERAR A GAIA

 

 
Conjunto de Mandelbrot

 

Filosofía Tao

Wu wei y Ziran son dos conceptos relacionados y complementarios dentro de la filosofía taoísta, Wu wei puede verse como el lado "negativo" del tao, con el Ziran oponiéndose a él, como el "positivo".

Wu Wei suele traducirse simplemente como acción sin acción o no acción. Por desgracia, a veces la gente piensa que wu wei significa ser pasivo o no hacer nada. Cuando en realidad wu wei es un proceso muy activo. Un taoísta está siempre actuando y no actuando ... la vida es una danza entre ambos extremos. Esta danza es wu wei. Significa ser consciente, en acción, extendiendo los sentidos para ser parte del universo mayor.

El Wu wei también ha sido traducido como "quietud creativa" o el arte del "dejando ser". Esto no supone un desdén de la razón, más bien es una manera de entender (o sea, usando la razón) que el Tao está dentro de todas las cosas y seguir el "camino" por el que las cosas fluyen conectadas.

A medida que uno disminuye su "hacer" (aquí entendemos "hacer" como las acciones intencionales encaminadas a beneficiarnos o dirigidas a cambiar o apartar el mundo de su estado y evolución natural) uno disminuye todas las acciones cometidas contra el Tao, contra la armonía natural pre-existente.

Ziran es un concepto clave en el taoísmo que literalmente significa 'por sí mismo, a su manera' o también 'naturalmente, espontáneamente, durante el curso de los acontecimientos'. Ligado cercanamente a la práctica del wu wei, o la acción sin esfuerzo, ziran puede verse como el lado positivo del tao, con el wu wei oponiéndose a él, como el negativo.

Ziran, enlaza con otra creencia taoísta, que especifica que todas las cosas existen a causa de las cualidades que poseen, y no a causa de que fueran creadas por ningún ser para lograr un objetivo o una meta. Lo único que un ser debe ser cuando existe en conformidad con ziran es en última instancia, natural, no afectado por influencias artificiales.

En síntesis, y esto ya es de mi cosecha, Ziran viene a decir que la vida no es reducible a un algoritmo (el prejuicio de Yuval Noah Harari y sus acólitos milmillonarios tecnolófilos, transhumanistas), mientras que Wu wei sería la postura adquirida por el ser vivo consciente de su condición de "vivo" como una cualidad no diseñable por parte de un  programador (ya sea Dios o el mesías Bill Gates).

Ziran sería el motor que mueve a todo organismo, desde una célula hasta un pluricelular complejo a mantener su homeostasis entendida como una condición alejada del equilibrio (el equilibrio es muerte). Pero el imperativo homeostático lleva al organismo a una búsqueda constante de mejora y bienestar. En ese sentido, dados los rendimientos decrecientes y negativos y la pérdida de felicidad y bienestar real que nuestro modelo económico nos está reportando hoy día, podríamos concluir que éste modelo actual se encuentra lejos de la homeostasis y dirigiéndose a un estado de demasiado equilibrio (muerte o sumidero) del que será difícil salir.

Así, un ser complejo pluricelular no es resultado de un diseño, cada una de sus partes o células tiene "telos" (propósito o fin homeostático, Antonio Damasio lo llama "conatus"), y la clave de la evolución hacia la complejidad y el bienestar es que las partes más simples delegan parte de su 'telos' para configurarse en un organismo superior. Es la simbiogénesis de Lynn Margulis. Algo que emerge del sistema que no se explica como suma o producto de sus partes y por tanto no es "diseñable", como el reduccionista pensamiento lineal quiere hacernos ver. Una sinfonía que se forja a un ritmo muy lento, en el que las 'notas' y los 'silencios' son igual de importantes.

Pero Ziran implica algo más profundo, y es que las membranas que creemos separan a unos organismos de otros solo son límites entre un escala u otra del mismo fractal. Los organismos no evolucionan al margen de la homeostasis del propio ecosistema en el que están inmersos. El ecosistema también tiene 'telos', tiene ziran. Y las fronteras que separan ecosistemas son en realidad canales de comunicación que les hacen conformar al organismo superior, Gaia. Gaia tiene ziran.


Tao y Agricultura Natural

Masanobu Fukuoka ideó una forma de cultivo a la que llamó "agricultura natural", que no sólo configuró filosóficamente, sino que también practicó a través del llamado método Fukuoka. Este método personal traspasó las fronteras del Japón y terminó configurando una referencia dentro de la agricultura natural y de la permacultura en el mundo.

El método de Fukuoka persigue reproducir las condiciones naturales tan fielmente como sea posible. Sus practicantes afirman que el suelo se enriquece progresivamente y la calidad de los alimentos cultivados aumenta, y todo ello sin esfuerzo.

Su sistema se basa en respetar, e incluso potenciar, los ciclos naturales, de manera que estos aseguran una mejor calidad del crecimiento de las plantas. Mediante sencillas intervenciones en el momento adecuado, permite reducir considerablemente el tiempo de trabajo. Estas intervenciones se basan en la interacción de biosfera y suelo.

Principios de trabajo de Fukuoka:

  • No arar: de esta forma se mantiene la estructura y composición del suelo con sus características óptimas de humedad y micronutrientes.
  • No usar abonos ni fertilizantes: mediante la interacción de los diferentes elementos botánicos, animales y minerales del suelo, la fertilidad del terreno de cultivo se regenera como en un ecosistema no perturbado.
  • No eliminar malas hierbas ni usar pesticidas: estos últimos destruyen los microorganismos del suelo. Fukuoka propone una interacción entre plantas que enriquece y controla la biodiversidad del suelo. La presencia de insectos puede equilibrarse en un cultivo.
  • No podar: dejar a las plantas seguir su curso natural.
  • Sembrar mediante bolas de arcilla llamadas Nendo Dango.


Estos radicales principios de trabajo se basan en la filosofía Wu Wei: no hacer, o, más exactamente, no intervenir o forzar las cosas.

Tao y recolección silvestre

Añadamos a los principios de Fukuoka:

  • No sembrar.
  • Recolectar de muros para afuera ... y ya puestos, eliminar los muros del huerto.
  • En lugar de tratar de emular un micro-cosmos gaiano en nuestro huerto, hacer de todo Gaia nuestro lugar de exploración, aprendizaje y recolección (desde los principios de la frugalidad y suficiencia, respetando sus ritmos, sin interferir en sus ciclos, sin explotarla, claro).


Las variedades silvestres, de las que nosotros en su día seleccionamos las domesticadas, son mucho más nutritivas por el mero hecho de que se han dotado de más propiedades y más complejas para subsistir en un ambiente más complejo e infinitamente más diverso. Al domesticarlas en un ambiente mucho menos complejo y dejar de servirles todas esas propiedades, muchas de ellas se perdieron.

Obviamente, hoy día, debido al sobrepasamiento humano, una vida sustentada en la recolección silvestre no es escalable para todos, ni tan siquiera para una minoría, no obstante, sí veo interesante recuperar ese conocimiento y practicarlo, no ya como método de supervivencia, sino como método de desarrollo humano y comunitario en los términos taoístas, para que el ego deje de ser una barrera entre el humano y Gaia, entre el humano y el humano, entre el humano y su propio interior, y pase a ser de nuevo un canal de comunicación y enriquecimiento entre todas esas entidades.
 


Wednesday, March 23, 2022

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL Y EL FUTURO DE NUESTRA CIVILIZACIÓN

 

Umair Haque es un escritor economista, enmarcado dentro del abultado grupo de nuevos pensadores influyentes. Cada vez más de moda, tratan de dar respuesta a la creciente sensación de ansiedad e incertidumbre ante el recrudecimiento de la crisis sistémica en curso de nuestra civilización industrial global. Su principal atractivo es que despliega esta crítica sin terminar de abandonar el imaginario del progreso. Ese imaginario afecta por igual a rusos, chinos o americanos, pero cada cual cree que está en posesión de su correcta interpretación.

En este artículo nos dice que occidente, aunque malos, extractivos y otrora crueles saqueadores, hemos tenido a bien traer al mundo el avance de la democracia liberal con su progreso, el cual él ve como paso previo ineludible para llegar a cualquier punto posterior de mejoría. Mientras tanto, oriente, en especial Rusia y China, quieren dar un paso atrás y erradicar la democracia para terminar de enquistar el mal rumbo del progreso que nos aleja más y más de Gaia y, por ende, de nuestra propia supervivencia. Es decir, para él, el rumbo de progreso marcado por occidente, aunque malo, tiene la capacidad de mejorar, mientras que el otro, el de los malos malotes, no. El futuro para él no pinta bien a medio plazo: opina que nos espera un tiempo de guerra y miseria, pero que después de eso, la democracia finalmente prevalecerá y emergerá mágicamente un mundo de tecnología punta que nos permitirá conjugar los sueños de inmortalidad heredados de nuestra era infantil de la energía fósil con la economía circular que necesita Gaia de nosotros para poder albergarnos.

Lo reconozco, esta es una frase desafortunada que no le hace justicia al artículo:

"Estamos entrando en una era en la que tenemos enemigos serios y reales, tienen armas nucleares y son abiertamente agresivos con nuestros valores, orden e ideales. No quieren democracia, libertad, verdad, paz. Quieren guerra, poder y dominación."

Aún así, creo necesario hacerle a Umair una de mis disecciones, que como sabéis, siempre hago para diseccionarme a mí mismo, porque lo que le pasa a Umair, en el fondo, nos pasa a muchos que hemos vivido arropados por las comodidades de la tecnología del apogeo industrial y que ahora nos damos cuenta de su estrepitoso declive.


*   *   *


El discurso desplegado en el artículo y en general en el pensamiento de Umair carece de verdadera crítica al sistema industrial crecentista. Básicamente, su perorata parte de la errónea tesis de que el planeta permitirá el crecimiento industrial ad eternum, mientras venga de la mano de las democracias liberales, para lo cual, claro, tenemos que eliminar a los enemigos dictadores que no saben crecer bien y destruyen. Claro, occidente sí puede aprender a crecer y desarrollarse bien, sin destruir ni nada ... solo tiene que abandonar la energía fósil e invertir lo suficiente en la tecnología punta adecuada (renovables, digitalización y todo eso) para alcanzar un nivel que nos permita vivir con las mismas comodidades que hasta ahora pero sin dañar al planeta.

La ironía es que su solución para derrocar al dictador de turno se intersecta con parte del ideario decrecentista: deshacer el mercado global y relocalizar las economías. Como si fuera algo que ya no nos viniera impuesto por el pico del petróleo y especialmente por el del diésel. Claro, que tampoco se plantea que al relocalizarse esas economías tengan que centrarse en lo imprescindible para reproducir la vida. No, él entiende que hay que relocalizar para poder fabricar móviles de alta gama en casa, que lo de centrarse solo en reproducir la vida tendrá que esperar, porque no es viable desengancharnos de tanta cosa así de repente. Y, por descontado, no hay problema, porque si sustituimos el diésel por hidrógeno producido con los excedentes de los molinillos, aunque se pierda el 90% de la energía entrante en el proceso, pues podemos seguir como si nada reproduciendo el esquema industrial, o sea, reproduciendo el capital, pero esta vez de manera local.

En fin, este señor tiene graves disonancias cognitivas, ojo, como yo e igual que muchos que vamos dando lecciones por ahí. Por un lado, intuye inminente, o ya en curso, el decrecimiento, pero se niega a asumir un nuevo marco de valores resonantes con ese decrecimiento. Apuesta por extender, propagar y afianzar los viejos valores liberales, anclados en el mito del progreso y el crecimiento material. Hay que extender los buenos valores liberales allá donde hay ahora dictadores, con la esperanza, entiendo, de que algún día se recupere la senda del bienestar crecentista a nivel global.

Para mi eso es claramente apostar por el colapso abrupto, en lugar de por decrecimiento ordenado. Es decir, el problema de este señor es que no entiende aún que el proceso de decrecimiento o colapso en curso es irreversible y que el objetivo, si es que queremos sobrevivir a este proceso, debería ser tratar de descomplejizar nuestra civilización sin erosionar mucho más la capacidad de carga de la biosfera. Él proclama que nuestra crisis solo es culpa de algunos ineptos y de los malos malotes del planeta, y que, una vez logremos deshacernos de ellos, todo volverá a ser próspero y que podremos seguir complejizándonos, hasta alcanzar la singularidad tecnológica imagino ... ¿Transcendence? (ver Nota larga).

Visión pueril, pero me temo, la visión generalizada de la mediocracia occidental, y de la oriental también claro, aunque allí vean que los malos malotes están en occidente.

La disonancia cognitiva es un mal que padecemos en el primer mundo aquellos que hemos llegado a VER el colapso en curso. En Umair es muy notoria esta disonancia y se expresa muy bien en la última parte del artículo. Por un lado entiende que el objetivo de la humanidad ha de ser encontrar su lugar armónico dentro de Gaia, y su convencimiento (¿FE?) de que algún día lo conseguiremos le llena de esperanza y júbilo. Por otro lado, las medidas que propone para lograr eso son más de lo mismo que nos lleva al abismo: mercantilizar nuestra relación con Gaia otorgándole una renta (básicamente que cueste más dinero esquilmarla), humanizándola dándole derechos, todo ello a partir de una complejización mayor y refuerzo de las viejas instituciones y marcos democráticos, y, por supuesto, mucha ingeniería, innovación tecnológica para conseguir seguir teniendo una vida llena de comodidades, bienestar y control tecnológico pero esta vez sin hacer daño a Gaia, todo renovable, sostenible super guai de la muerte, en definitiva, una visión tristemente antropocéntrica que en realidad no rompe con nada ni supone un cambio de valores real, y cuyo fallo viene del hecho de no entender que el verdadero cambio pasa por renunciar a mucho del control, bienestar y placer que nos ha dado tanta tecnología, de no entender que este proceso de crisis nos llevará necesariamente a un estado tecnológico de muchísima menos complejidad.

Para aspirar a una tecnología que permita mantener bajo control nuestra simbiosis con Gaia, hay que renunciar a una tecnología que permita controlar células madre o controlar el desarrollo del cáncer y del envejecimiento. Esto es lo que no entiende este señor. Dicho de otra forma, su cosmovisión es netamente tecnolófila. Es el verdadero mal generalizado de nuestros días: la tecnolofilia. El miedo a renunciar al control al que estamos acostumbrados, que nos impide poder por fin alcanzar el control que de verdad necesitamos.

Ese control al que tanto nos aferramos, el control ingenieril, es el control que permiten nuestras máquinas físicas, un control que es resultado final del ejercicio de nuestra mayor tecnología, el lenguaje, la inteligencia, la cultura, la capacidad de construir realidades imaginadas que derivó en esa inercia histórica dando forma a la megamáquina civilizatoria. El control que hemos de recuperar o encontrar ahora también se deberá basar en nuestra verdadera y más importante tecnología, nuestro lenguaje, pero será un control que ya no se manifestará a penas a través de grandes construcciones materiales o institucionales, puesto que estas construcciones basan su existencia necesariamente en relaciones de poder. Tendremos que aprender a usar nuestro lenguaje e inteligencia para afianzar las relaciones simbióticas con Gaia. De igual a igual. Superar el "humano frente a Gaia", el "hombre frente a la mujer", el "ciudadano frente al Estado", el "obrero frente al patrón".

Dentro de un ecosistema hay jerarquías, y jerarquías dentro de jerarquías, y mucha simbiosis y coordinación, y sí, también relaciones de poder. Pero solo una inteligencia como la humana puede aspirar a comprender cómo todo se conecta y realimenta, y que no hay ganadores o perdedores. Que en nuestro caso, no se trata de ganar ni de sobrevivir, sino de sentirse parte del todo. La condena y la virtud de la inteligencia es esa: no podemos simplemente SER parte del todo, sobreviviendo y ganando, o muriendo y perdiendo, porque por ese camino acabamos consumiéndolo todo, hasta a nosotros mismos. Estamos destinados a llegar a SENTIR que somos parte de ese todo. Nuestro destino pues, es trabajar ese sentimiento. Nuestro esfuerzo cognitivo debe ir en la línea de asegurar la comprensión de cómo funciona la red de vida y el papel que jugamos en ella. Nuestra capacidad de control debe enfocarse en reforzar ese conocimiento. Y será un conocimiento holístico. Deberemos abandonar nuestra tendencia a resolver problemas concretos y el prejuicio reduccionista que lleva a pensar que el problema global se soluciona agregando las soluciones de problemas menores.

Dicho de otro modo, hasta ahora hemos enfocado nuestro esfuerzo cognitivo, nuestra gran capacidad de control, como lo haría cualquier animal sin inteligencia superior: optimizando los flujos de energía y materia de manera que nos reportaran un mayor bienestar material y físico inmediatos, la resolución de cada problema concreto, de cada escollo, nos ha llevado a retos materiales cada vez más enormes, a movilizar flujos de materia y energía cada vez mayores, hasta que se nos fue de las manos. Es lo que habría hecho cualquier animal. No somos especiales por eso. Todos los animales despliegan en menor o mayor medida tecnología para hacer eso, para hacer trampa. ¿Pero llegará finalmente la inteligencia a convertirse en una singularidad y marcar la diferencia? ¿Conseguiremos enfocar nuestra inteligencia en la mera visualización del flujo y no tanto en su control para satisfacer nuestros impulsos animales?


*   *   *

 
Nota larga:

En la película Transcendence, tratan la singularidad tecnológica como un medio para sanar, mediante tecnología, todo el daño que ha hecho la tecnología al soporte natural de la vida. El prota de la peli, Johnny Depp, crea una nanotecnología capaz de sincronizarse simbióticamente con la vida y regenerarla. Claro que para dar lugar a algo tan sofisticado, tiene primero que convertirse en un dios y volcar su mente a una supercomputadora. Igualito que como quieren hacer ahora algunos super ricos. Su motivación inicial era ser dios, y justifica su delirio de grandeza argumentando que la única manera de salvar la vida, y por ende al ser humano, es hacer dios al humano. No hace falta haber estudiado mucha ciencia e ingeniería para entender que la única forma de alcanzar una tecnología sostenible ad eternum es hacerla a la imagen y semejanza de la propia vida, que se auto repare, que desarrolle economía circular con tasas de reciclado del 99%. Es obvio que si el objetivo es la sostenibilidad, sería mucho más sensato conservar la vida que queda en el planeta en lugar de seguir masacrándola con el pretexto de que hay que trascender tecnológicamente para reinventar la propia vida. Lo único que explica semejante estupidez e ineficacia de cara a conseguir el objetivo de la sostenibilidad es que el objetivo verdadero del humano tecnolófilo no es la sostenibilidad, sino la búsqueda de poder sin medida. El problema del imaginario del progreso es que nos ha inculcado que tenemos ojos para ver siempre más allá y al final ganarle la carrera al infinito, pero eso es imposible, enfermizo y acabará destruyendo prematuramente a cualquier especie inteligente que no sea capaz de salir de ese enfoque. La inteligencia, para no desaparecer, tendrá que acabar entendiendo que sus ojos están para ver su lugar en la red subyacente de la vida y no para dominar a esa red. Nuestro gran poder no es tanto nuestra capacidad de dominación, sino más bien la capacidad de visualizar de manera amplia y comprender esa interdependencia con la matriz natural. La inteligencia no sirve para evitar esa interdependencia, sino para contemplarla y trascender al hacerlo. Y ni siquiera estamos aquí para preservar la vida, no tenemos una tarea encomendada por los dioses de salvar la vida en la Tierra y propagarla por el Universo. Tan solo estamos aquí para aprender a ver y contemplar, la vida, y también la muerte, la belleza del proceso inmortal.


Friday, December 31, 2021

LA TRAMPA DEL LENGUAJE

 

Los términos "píldora roja" y "píldora azul" se refieren a la elección entre la voluntad de aprender una verdad potencialmente inquietante o que cambia la vida tomando la píldora roja o permaneciendo en la ignorancia satisfecha con la píldora azul. [https://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%ADldora_roja_y_p%C3%ADldora_azul]


Vaya por delante, antes de adentrarnos en la madriguera de conejos, que yo idolatro tanto la vida natural como la capacidad tecnológica humana, y que mi mayor sueño es que la humanidad, tras el aparentemente ineludible colapso global que le espera en el siglo XXI, pueda aspirar a mantener un mínimo de tecnología y cultura que, mientras posibiliten una vida digna para todo el mundo, a su vez puedan armonizarse con los límites de la biosfera.

Pero los sueños ... ya se sabe, sueños son.

 

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A lo largo de su historia, Gaia, ha desarrollado mecanismos de control, o tecnología, para mantener las condiciones físico-químicas de la superficie del planeta aptas para la vida. La vida ha aprendido a modificar su entorno para aumentar las posibilidades de desarrollarse.

"Por ejemplo, Lovelock lanzó la hipótesis de que el DMS emitido por microorganismos de los océanos podría tener un papel gaiano, al tratarse de núcleos de condensación de nubes que enfriaban la Tierra a escala local. La discusión se centró en las ventajas selectivas para esos microorganismos y la posibilidad de que se rompiera la desregulación con la entrada de <<tramposos>> que no fabricaran DMS ahorrando energía, etc. Aquí la propuesta cambia de centro, de visión y de lenguaje: Gaia usa el DMS, y para ello mantiene sistemas (comunidades microbianas) que lo producen; los organismos <<tramposos>> serán expulsados y existirán <<mecanismos>> de control. Un organismo que no trabaja para Gaia (individuo tramposo) será tratado de forma análoga a como una célula cancerosa es tratada en un organismo ..." [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia", nota 78, pág. 141].

La historia de la humanidad también ha sido una historia de desarrollo de tecnología. La evolución de nuestra tecnología y la de nuestra fisiología (la de nuestra capacidad cognitiva y lingüística, e incluso la del resto de nuestro cuerpo) se han realimentado ambas en un lazo positivo.

"El advenimiento de la cocción permitió que los humanos comieran más tipos de alimentos, que dedicaran menos tiempo a comer, y que se las ingeniaran con dientes más pequeños y un intestino más corto. Algunos expertos creen que hay una relación directa entre el advenimiento de la cocción, el acortamiento del tracto intestinal humano y el crecimiento del cerebro humano. Puesto que tanto un intestino largo como un cerebro grande son extraordinarios consumidores de energía, es difícil tener ambas cosas. Al acortar el intestino y reducir su consumo de energía, la cocción abrió accidentalmente el camino para el enorme cerebro de neandertales y sapiens." [Harari, "Sapiens", pág. 25].

Por otro lado, es asombroso constatar cómo cualquier animal con cierta complejidad, siempre que tenga la oportunidad, se saltará los mecanismos de control gaianos para conseguir una comida fácil. Como ya os dije, me pareció especialmente doloroso comprobarlo durante un espectáculo de aves rapaces. Ver cómo, pese a disponer de esas herramientas para adaptarse con tal majestuosidad a la vida libre, tras un poco de entrenamiento, renunciaban a su libertad por una comida fácil. Podían escapar en cada show y no lo hacían. Elegían hacer trampa. Irónicamente, ese espectáculo lo vendían como algo que sirviera para hacernos apreciar la vida salvaje y así aprender a conservarla.

Todos elegimos el camino fácil, el de la trampa, si disponemos de una tecnología lo suficientemente potente como para saltar el control gaiano. Y esa tecnología ha sido el lenguaje natural humano.

En sus inicios, el lenguaje humano se desarrollaba bajo el incentivo de mantener la cohesión dentro de las pequeñas comunidades en las que coexistíamos en armonía y permanencia dentro de los límites gaianos. Si un individuo tramposo pretendía medrar a costa del bien común, sencillamente, gracias al lenguaje, era rápidamente interceptado y condenado al ostracismo. Así es, paradójicamente, el lenguaje, fue inicialmente seleccionado por Gaia como un mecanismo de control de la trampa.

Pero pronto, el lazo de realimentación positivo que hacía amasar a la vez a los humanos tecnología (cultura) y capacidades cognitivas, tras sobrepasar algún punto de no retorno, se escapó del control gaiano e hizo que el lenguaje pasara de ser mecanismo para evitar la trampa a ser una tecnología para posibilitarla. Ese punto de no retorno, probablemente fue la adquisición de la capacidad para imaginar realidades, que permitió hacer trabajar bajo un mismo credo a un número creciente de individuos.

Sí, la imaginación. Porque el lenguaje no solo nos sirvió para aproximarnos a la realidad física y entender, por ejemplo, cómo había que tallar el sílex para conseguir herramientas complejas, sino que también nos permitió más tarde crear nuestras propias realidades imaginadas. Estas emergían en principio como reacción ante la observación de fenomenología física y la necesidad de buscar causalidad, pero más tarde, a través del intercambio lingüístico y la imaginación colectiva, adquirieron existencia propia.

Sin la religión, la política, la ley o el dinero, todos ellos productos imaginados, no habrían crecido en complejidad las sociedades humanas. Pero esa complejidad suponía pérdida de soberanía a nivel local o individual, especialización y el caldo de cultivo perfecto para que los tramposos proliferaran, adquiriendo el monopolio de la producción de un número creciente de servicios vitales.

Dicho de otra forma, cuando el lenguaje era tan solo un mecanismo de control de tramposos, si una comunidad crecía demasiado, era imposible ejercer ese control sobre tantos individuos simultáneamente, y las sociedades se desmoronaban debido al daño ocasionado por los tramposos fuera de control. Pero cuando se dio el salto a la imaginación, se permitió que la trampa quedara legitimada por las estructuras culturales, y una vez la actividad de los tramposos se normalizó, no hubo ya límites al crecimiento cultural civilizatorio.

Aunque siempre ha habido individuos tramposos dentro de los ecosistemas gaianos, eso no ha supuesto grandes consecuencias para el equilibrio global. Si una especie aprovechaba una ventana de oportunidad para consumir los recursos a su disposición de manera descontrolada, la propia capacidad de carga de su ecosistema matriz le imponía un límite a su crecimiento y la curva exponencial se tornaba sigmoidea. Ya vimos que los organismos o mejor dicho, su complejidad, solo podían superar los límites impuestos por los recursos y energía disponibles aprendiendo a coordinarse y colaborar con otros organismos.

El problema con la tecnología proporcionada por el lenguaje humano es que permite llevar la trampa más allá del control gaiano, con el consecuente sobrepasamiento de la capacidad de carga de los ecosistemas que nos albergan. Y, como se ve en la siguiente figura, el sobrepasamiento supone una pérdida de la capacidad de carga que lleva al colapso ecosistémico y por tanto civilizatorio. La diferencia entre la curva sigmoidea que permanece bajo la capacidad de carga y la curva gaussiana que la revienta, supone la diferencia entre un planeta con la capacidad para albergarnos y otro sin esa capacidad.


 

Ha llegado el momento de preguntarse si Gaia, con el advenimiento (posiblemente accidental) del lenguaje natural humano, ha encontrado un límite que ponga en grave peligro la continuidad del desarrollo de su complejidad orgánica. Este dilema tiene al menos cuatro posibles desenlaces:

  1. Se extingue la humanidad, y Gaia, tras recuperarse de la agresión humana, puede seguir aumentando su complejidad, quizás dando cabida a que otro organismo adquiera un lenguaje de complejidad equivalente o superior al humano pero compatible con Gaia.
  2. La humanidad evoluciona (mediante mecanismos gaianos, no mediante su propia intervención) hasta cambiar su lenguaje y hacerlo compatible con Gaia.
  3. La humanidad, llevando el mito de su autocomplacencia tecnológica hasta el extremo, acaba consumiendo toda vida orgánica terrestre, o dicho de otra forma, en su intento de desarrollar su propia tecnología para aproximarla a las cotas de eficiencia de la complejidad orgánica gaiana y reinventar la propia vida (terraformar Marte, por ejemplo), acaba marteformando la Tierra.
  4. Gaia y la humanidad continúan reproduciendo indefinidamente la dinámica de competición excluyente entre ellos: Gaia se recupera, permitiendo que los humanos vuelvan a crecer sin respetar límites hasta sobrepasar la capacidad de carga (esta vez local, no global, debido a la falta de energía fósil), con el consecuente colapso civilizatorio (local) que a su vez vuelve a permitir la recuperación gaiana (local).
Si realmente el propósito de Gaia es aumentar su complejidad, desde el antropocentrismo, al atribuir capacidades teleológicas a Gaia, veríamos las opciones (3) y (4) como un fracaso por parte de Gaia.

Y ha llegado el momento de preguntarse si este fracaso es realmente algo trágico, o si esa visión trágica es autopercibida y podemos o no remediarla.

Pero, para empezar, ¿tiene sentido atribuir a Gaia un propósito por el simple hecho de que nosotros percibimos que ésta desarrolla un proceso? Para conseguir poner freno a nuestra adicción por desarrollarnos sin límite, ¿realmente necesitamos pensar que Gaia necesita o tiende a desarrollarse sin límites a excepción del pequeño grano en el culo que ha encontrado con nosotros? ¿Por qué esta obsesión por los procesos, el humano o el gaiano, y ver tan trágico que uno de ellos, o los dos, puedan encontrar su fin?

Quizás se deba a la trampa del lenguaje, que nos hace percibir una flecha temporal y necesitar entenderlo todo en términos de causa/efecto. Con más precisión, es gracias al lenguaje o por su culpa, que entendemos que existe algo llamado Termodinámica que impone la irreversibilidad de los sucesos y por tanto la existencia de una flecha temporal [la relación entre las flechas psicológica y termodinámica del tiempo se encuentra exténsamente explorada por Stephen Hawking en el capítulo 9 de su libro "Historia del Tiempo"].

"La ciencia moderna, desde su nacimiento, ha intentado explicar el mundo con dos metáforas diferentes: la visión del mundo como si fuese una máquina y la visión del mundo como si fuese un organismo. [...] Las submetáforas del mundo-máquina son el reduccionismo, el determinismo y la reversibilidad. El reduccionismo es la idea de trocear el mundo en partes, como piezas de un rompecabezas, trabajar con cada una de ellas y luego limitarse a juntar las piezas. El determinismo es la idea que parte de suponer que existen leyes (matemáticas) que determinan el comportamiento del sistema <<reducido>>, es decir, pensar que los sistemas reducidos se comportan de una forma perfectamente determinada y predecible. La reversibilidad es la idea de que las leyes matemáticas en las que el tiempo juega un papel importante son las mismas si el tiempo va del pasado al futuro o a la inversa. La teoría evolutiva clásica encaja como un guante en esta visión del mundo como reloj mecánico. Podemos <<reducir>> el comportamiento de un ser vivo a un sistema de mecanismos bioquímicos, <<determinado>> por la secuencia gen, proteína, interacción con el medio. No hay propósito en estas máquinas. La evolución no tiene ningún propósito. Lo que observamos son mutaciones y evolución aleatoria, <<reversible>>. Es obligado reconocer que la ciencia ha cosechado muchos éxitos con esta visión [...] Newton y su teoría de la gravitación sería el ejemplo clásico de visión mecánica [...]: reducción (la Luna y la Tierra como masas esféricas en interacción), determinismo (predicción exacta del próximo eclipse) y reversibilidad (los planetas podrían perfectamente orbitar al revés y todo sería igual). Las visiones del mundo que refuerza el paradigma mecanicista, en especial la revolución de Darwin, han servido y siguen sirviendo para explicar y justificar comportamientos humanos (sociobiología), políticas extremas (eugenismo) y ciertas visiones de la economía (el capitalismo). En ese sentido sería interesante contrastarlas con una teoría marcadamente organicista como la que aquí se propone." [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia", pág. 186 y 187].

Pero, ¿realmente necesitamos la irreversibilidad para dotar de sentido y propósito al cosmos? Cuestionar la irreversibilidad (flecha temporal que impone la Termodinámica) no ha de implicar caer en el determinismo, en la reversibilidad y por tanto en la aleatoriedad y el sin sentido del universo (esta sería la base del dogma posmodernista/transhumanista). Parece que necesitemos la irreversibilidad de los procesos para explicar las emergencias no deterministas en sistemas complejos. Pero, ¿por qué pensar que las cosas tienen que transcurrir, ya sea hacia delante o hacia atrás, para tener sentido? ¿Y si los sucesos tanto pasados como futuros coexistieran simultáneamente?

Esta claro que el pasado afecta al futuro (causalidad), pero al menos a nivel cuántico, también una observación hecha en el presente puede afectar a un suceso del pasado. Y si el presente afecta al pasado, ¿podría el futuro afectar al presente?

Por tanto, así como con la coordinación de sus partes, Gaia ha podido superar los límites al crecimiento de su complejidad, nosotros, imaginando la coexistencia entre eventos pasados y futuros, podríamos conseguir superar nuestro mayor límite, nuestra trampa lingüística, y dejar de sufrir por ver que los procesos y la belleza que en ellos percibimos puedan verse truncados trágicamente.

Una obra de teatro, una pieza musical, o la demostración de un teorema matemático, son todo procesos, creados por la herramienta tecnológica que es el lenguaje, que tienen partes que se necesitan unas a otras independientemente de que unas sucedan antes o después. Se ve mejor con una pintura artística: ahí las partes se necesitan unas a otras y las dos dimensiones espaciales del lienzo no suponen un límite para entender esto. Sin embargo, la dimensión temporal, tal y como la percibimos, nos impide imaginar que todo esté conectado también a través de ella sin necesitar para ello una dirección causal.

Es difícil imaginar el alcance de esto. Estoy diciendo por ejemplo que, sin la existencia de cada uno de nosotros, podría no haber ocurrido el Big Bang. No es solo que seamos consecuencia del desarrollo del universo, es que sin nuestro concurso (o el de cualquier ente que sea capaz de cuestionarse la trampa de su lenguaje) no existiría nuestro universo [estas ideas son desarrolladas por Stephen Hawking en su libro "El Gran Diseño"].

Y es que hemos dado por sentado que como el conocimiento científico nos es útil al permitirnos aprovechar los procesos que nos afectan, se le ha de atribuir un carácter universal o de verdad, perdiendo su carácter falsable. El que una teoría científica sea falsable aunque ningún experimento la haya refutado hasta ahora, no nos ayuda a conocer mejor la realidad del universo, tan solo nos ayuda a desenvolvernos mejor en él, pero solo con la seguridad imaginada de que lo conocemos mejor.

Porque el lenguaje y la lógica tan solo y ni más ni menos nos permiten:

  1. Aproximarnos a fenómenos externos a nuestra propia frontera corporal, fenómenos susceptibles de ser medidos con aparatos de medida externos a nuestro propio cerebro.
  2. Aproximarnos a fenómenos que suceden dentro de nuestro propio cerebro, fenómenos medibles con herramientas de nuestro propio cerebro.


Según esta definición, no existe ninguna diferencia ontológica entre los "productos" percibidos por nuestra mente a partir de esas dos vías. No podemos decir que los productos de (1) sean más reales que los de (2). Los productos de (1) podrían calificarse de "reales" porque la experiencia de su realidad es compartida por diferentes observadores simultáneos o sucesivos. Pero esto también aplica en el caso (2). Pensar por ejemplo, en un teorema matemático cuya belleza y verdad es contrastada por diferentes observadores. Esa "verdad" sería preexistente a ellos tanto como lo pueda ser que el Big Bang sucedió o que nuestro Sol se formó de la manera que lo hizo.

Por este motivo, tanto la física, las matemáticas, la música, la literatura o el arte en general, la dialéctica, la retórica, e incluso cuando analizamos la realidad a nivel emocional sin llegar a verbalizarlo, todos son productos de la sofisticación de nuestra cultura lingüísticamente adquirida, y son por ello formas de crear realidad. En ese sentido, más que descubrirla, creamos la realidad.

Y esa realidad auto-creada puede hacernos la trampa de creernos invencibles, nos permitió hacerle trampa a Gaia y creer que la deuda contraída nunca habríamos de pagarla. Pero finalmente, nos podría permitir ganarle la batalla al tiempo, ya que ganársela al espacio (exterior) no va a ser posible.

Podemos imaginar que nuestra percepción de que todo tiene un principio, un desarrollo, un declive y un final, es tan solo eso, una percepción, y que la verdadera realidad, solo percibible por nuestra imaginación, es que los sucesos, nuestra vida y todo lo demás, no dejan de existir una vez ya han ocurrido. El pasado pasaría a ser tan solo un nuevo futuro más allá del horizonte marcado por el sentido común.

Podemos imaginar que los sucesos son realidades preexistentes que solo pasan a formar parte de procesos una vez llegan a ser observados. Pero, a su vez, el propio acto de observar, al ser un suceso en sí mismo, que en última instancia no podría ser observado, no podría llegar a ser un proceso, por lo que al observar, al pensar, al imaginar, al usar el lenguaje, podríamos ganarle la batalla al tiempo.

Quiero creer, o quiero soñar, que de alguna manera, nosotros y el resto de posibles seres pensantes de este planeta y de otros, siempre hemos estado ahí, dotando a todo de sentido y realidad.

Pero los sueños ... ya se sabe, sueños son.
 


Friday, October 22, 2021

SUPERANDO LOS LÍMITES

Función sigmoidea. Imagen de "Los límites ambientales del crecimiento poblacional: Figura 1," de OpenStax College, Biology, CC BY 4.0


Este texto se ha inspirado en parte en ideas de "Sapiens" de Yuval Noah Harari, de "El crepúsculo de las máquinas" de John Zerzan y de "Reencontrando a Gaia" de Carlos de Castro, a veces, incluso tomando frases casi literales de los textos originales.

Cabe resaltar la gran discrepancia de pensamiento existente entre estos tres autores. En particular, hay que destacar el rechazo que Carlos de Castro manifiesta hacia la influencia que "El gen egoísta" de Richard Dawkins ha ejercido sobre el pensamiento de Harari. Cualquier impresión extraida de este texto que lleve a la conclusión de que exista afinidad entre estos autores debería entenderse como un resultado del esfuerzo unificador del que escribe estas líneas.

 

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Nuestro problema como sociedad humana actual no es que no actuemos de manera global, sino que cuando actuamos globalmente no redunda en nuestro beneficio. Actualmente los humanos ya actuamos como un ente globalizador. Ya hay una conciencia colectiva que nos dirige. Somos hormigas que hemos delegado nuestro "telos" (propósito o fin) al hormiguero. Y el hormiguero que ha emergido de la multiplicidad de esas naturalezas humanas, domesticadas por la cultura y la historia, es un hormiguero de producción y consumo aberrantes.

Soñamos con mecanismos de democracia directa que permitan a la población desplegar la conciencia colectiva que nos ayude a reconectar con Gaia. Edenismo, progresismo o utopismo. Llevamos desde los filósofos griegos dándole vueltas a esta contradicción que supone pretender domar al sistema complejo emergente desde dentro del propio sistema. Pero no parece lógico que las partes del sistema domadas por él puedan llegar a domar al propio sistema.

Las comunidades sencillas o poco complejas sí podrían albergar partes libres dentro de sí, entendiendo la libertad de esas partes como la capacidad para influir beneficiosamente sobre su comunidad.

Parece que fue inevitable transitar desde muchas culturas pequeñas a unas pocas culturas grandes y finalmente a una única sociedad global. Y la dinámica de la historia durante este tránsito hacia sociedades más complejas no se ha dirigido a mejorar el bienestar humano. Las culturas que más éxito han tenido en la historia no han sido las mejores para Homo sapiens. La evolución cultural se ha basado en la replicación de unidades de información cultural o "memes", y las culturas que más éxito han tenido han sido las que han sobresalido en la reproducción de sus "memes", con independencia de los costes y beneficios para sus anfitriones humanos.

Cualquier intento de diseño de "memes" por parte de las hormigas no puede dar como resultado un comportamiento del organismo hormiguero en beneficio de las hormigas. El hormiguero siempre sigue su propia dinámica y las hormigas han entregado su "telos" al hormiguero. Estamos hablando de un sistema caótico de nivel dos, que reacciona a las predicciones o controles que se pretenden ejercer sobre él desde dentro, con el consiguiente resultado impredecible (un ejemplo de sistema caótico de nivel uno sería el clima, que sí se presta a cierta predicción).

La tendencia de nuestro hormiguero humano ha sido al aumento de complejidad constante. La complejidad en Gaia también ha tendido siempre a aumentar. Este aumento siempre se ha ido encontrando con límites de recursos y energía (límite de la función sigmoidea que caracteriza al crecimiento de sistemas complejos). Pero Gaia, ha ido solucionando o superando estos límites gracias a la simbiosis, mediante la cual, organismos con telos propio pasaban a ser partes de organismos superiores, delegando su telos propio al organismo superior: la eucariota es la simbiosis de bacterias y virus; un pluricelular es la simbiosis de eucariotas, bacterias y virus; un termitero es la simbiosis de pluricelulares, eucariotas, bacterias y virus; un bosque tropical es la simbiosis de termiteros, organismos, eucariotas, bacterias y virus. Gaia es la simbiosis de ecosistemas. Quizás, incluso algo más allá a partir de la simbiosis entre diferentes gaias (panspermia).

Así es como se comporta la biología, sistemas abiertos que cooperan e intercambian información y energía a través de sus permeables fronteras (membranas), para así conseguir reciclar materia a tasas de más del 95% y poder superar de esa forma los límites al crecimiento de la complejidad.

Pero la psicología o cognición, como emergencia de los organismos complejos, no ha parecido seguir con los humanos el patrón de la biología. Se ha terminado organizando mediante sistemas cerrados que compiten entre sí. La primera y más importante frontera impermeable es la que nos separó de la propia Gaia, y que solo hemos ido usando para extraer de ella y arrojar nuestra basura tóxica. Esa falta de permeabilidad entre los componentes del sistema es lo que impide el reciclado eficiente de materia, y por tanto un uso renovable de la energía, y de ahí que nos hayamos topado con un límite ineludible al crecimiento de nuestra complejidad.

Pero en primera instancia, a pesar de esa tendencia impermeabilizante, pudimos llegar hasta la cima de nuestra complejidad gracias a la capacidad cognitiva de imaginar realidades cohesionadoras (memes). Esa capacidad cultural de doble filo es la que a la larga nos impermeabilizó de Gaia y de nuestra comunidad local, convirtiéndonos en seres individuales, domesticados y aislados y, que a su vez, finalmente, nos cohesionó globalmente como el hormiguero que ahora somos: un hormiguero de seres desconectados y aislados entre sí pero dirigidos globalmente por su cultura estandarizadora.

Ahora, una vez sobrepasada la capacidad de carga del sistema biológico que sustenta a esta emergencia cognitiva que es nuestro propio sistema, el destino ineludible es que disminuya su complejidad (colapso). Si sucede rápido, el sistema que nos alberga podrá recuperarse pronto y eso nos permitirá medrar ante un nuevo abanico de posibilidades, pero si sucede lento y seguimos socavando la capacidad de carga exterior por mucho tiempo, la caída final será tan profunda que bien podríamos enfrentarnos a la extinción o la vuelta al paleolítico.

Por otro lado, no parece que el ser humano constituya la cúspide de la complejidad, a nivel de organismo biológico individual, y se espera que la evolución (de la mano de Gaia, no de la mano de la tecnología humana que irá a menos) traiga consigo organismos mucho más complejos que los seres humanos [1, 2], al menos si cuantificamos la complejidad como la información útil que puede albergar la cadena de ADN, ya que esta medida está lejos de haber alcanzado su límite.

Así, aunque parece que la actual naturaleza humana está condenada a estropearlo todo en cuanto la capacidad de carga del sistema huésped está lo suficientemente recuperada para permitir su tendencia al crecimiento sin reciclado, puede que no estemos ante el final o el fracaso de la cognición. Puede que aún Gaia consiga dar forma a seres auto-conscientes permacultores. Pero Gaia no es una diosa perfecta. Ya antes ha experimentado "extinciones" que provenían de ella (e.g. reducción de anaeróbios por la oxidación de la atmósfera), y, aunque si bien es cierto que casi siempre ha sabido sacar partido de las mismas (e.g. la oxidación incrementó en un orden de magnitud la tasa metabólica), también a veces comete "errores" en su proceso de "ensayo/error" hacia el perfeccionamiento.

El reparto de energía/información sucede mediante la resolución de gradientes a través de las membranas permeables de las partes que constituyen este fractal jerárquico orgánico que es Gaia. Este reparto y las posibilidades de acelerarlo a nivel local se maximizan mediante la diversidad: cuanta más diversidad de partes exista dentro de cada capa jerárquica y cuanta más diversidad de jerarquías anidadas existan.

Nuestro sistema cognitivo humano, en su tendencia estandarizadora funciona justo al revés. Nuestra capacidad de reciclado a nivel global siempre estará a años luz de las tasas óptimas de Gaia, y eso es porque nuestra economía es una amalgama de agentes con membranas impermeables en cuanto al reparto de conocimiento y energía, que interactúan (o mejor, compiten) siguiendo los "memes" impuestos por una evolución cultural que no podemos dirigir.  

La ley de la entropía rige nuestro universo. La energía e información tienden a dispersarse, y los seres complejos las retienen momentáneamente porque eso permite al final que el reparto o dispersión hacia su exterior sea mayor que sin ellos. Marte, Venus y Titán generan menos entropía por metro cuadrado que la Tierra. Y la biosfera juega seguramente el papel diferenciador.

Puede que los humanos en nuestro estado genético actual seamos un "error" de Gaia, pero la tendencia general de Gaia es a perfeccionarse. Y no podría ser de otra manera en este universo, si entendemos esa perfección como la mejor forma de cumplir con la ley de la entropía, esto es, maximizar el reparto energético y de la manera más rápida a nivel local.

Si los seres humanos tuviéramos, como sueñan los transhumanos posmodernos, la capacidad de modificar nuestra propia genética o fronteras físicas, si tuviéramos la capacidad de agotar hasta la última gota de la energía y materiales a nuestra disposición para poder trascender nuestra biología y poder así dirigir nuestra propia evolución, llegaríamos, tras muchos fracasos y suponiendo que pudiéramos superarlos, a la conclusión de que la mejor inteligencia artificial es la que imita a los seres cognitivos biológicos actuales, que la mejor nanotecnología es la que imita a los microbiomas, que la mejor forma de perpetuarse es conseguir reciclar por encima del 95%.

Acabaríamos exprimiendo la última gota de vida para acabar reinventando la propia vida. Vida emergiendo artificialmente de la vida auto aniquilándose. Afortunadamente, el violento choque contra nuestros límites impedirá acometer semejante delirio autorreferente.