Showing posts with label textos de Byung-Chul Han. Show all posts
Showing posts with label textos de Byung-Chul Han. Show all posts

Friday, February 6, 2026

¿POR QUÉ DIOS?

 

Luna

 

En esta entrega seguimos con las reflexiones suscitadas por la mente brillante de Simone Weil descrita no menos brillantemente por Byung-Chul Han en su libro "Sobre Dios. Pensar con Simone Weil".

 

*    *    * 


Hoy me ha llegado un correo de un grupo de autoayuda sobre la invitación al ayuno:

 

Estaba muy contento con cómo iba su experiencia ...

tú también puedes ...

sé que se trata de disfrutarlo, de jugar ...

 

Pero, el ayuno no ha de servir para nada. No ha de ser divertido ni ha de servir para curarse el cáncer o para salvarse. Su único para ha de ser eliminar el para. Es decir, el objetivo es afrontar el Silencio, derrotar al ego.

Pero con mi crítica al grupo de autoayuda estoy cayendo una vez más en la paradoja en la que cae constantemente todo aspirante al crecimiento espiritual. Esa pulsión suicida del ego que busca acabar consigo mismo. Es decir, ¿quién quiere silenciar al ego? El ego. Pero quiere hacerlo porque así cree que eliminará o paliará su sufrimiento, que se entrenará estoicamente para hacerse fuerte y soportar traumas o privaciones venideras.

El ego busca anularse para hacerse fuerte. Por eso, toda práctica espiritual está en principio abocada a seguir inflamando el ego.

La única manera de resolver esta paradoja es incluyendo a Dios en nuestro marco espiritual y entregarse a Él. Da igual si es el Dios cristiano o el musulmán, pero ha de ser un Dios de Amor, ya que la única manera de vaciarse de verdad y acabar con el ego es mediante un acto de desprendimiento total y entrega obediente por amor a un ser supremo que sea un ser de amor, porque solo el amor responde al amor.

La única forma de dejar de existir como ego, y por tanto, de encontrar la paz experimentando el instante, es dejando existir a Dios. Es en el hueco vacío que deja el ego al retirarse donde Dios puede respirar, y es dejando que Dios respire y perciba el mundo a través nuestro (ser es percibir) como nuestro ego consigue retirarse.

Se podría objetar que también podríamos amar a cada uno de los seres con los que nos cruzamos, como medio de entrega y descreación del ego, sin necesidad de fabricar a Dios, pero no es suficiente, ya que la descreación del ego requiere una entrega amorosa infinita, y esta solo puede ser suscitada por un ser infinitamente amoroso.

Solo una fuente de amor infinita puede activar por resonancia un amor infinito en un receptor.

Solo creyendo en un Dios al que se le pueda rendir obediencia y entrega absolutas es posible trascender el ego y superar la paradoja de querer eliminar el ego para solo conseguir seguir inflamándolo. Solo el amor a Dios nos puede sacar del interés propio. Me quedo sin nada por amor a un Ser completamente distante (indisponible) y externo a mí (al ego). Esa distancia absoluta, esa total indisponibilidad de Dios, da cuenta del arrinconamiento definitivo del ego, ya que, si cupiera cualquier cercanía con Dios, esta sería en relación al ego.

Solo desapareciendo por medio del amor podemos lograr "dejar de ser", para que así el SER pueda ser.

Pero es esa distancia infinita la que al permitir la disolución del ego se torna cercanía con el SER y vivencia del instante. Se torna cercanía porque al vaciarnos permitimos que el SER nos atraviese para contemplar su obra. El instante se hace eterno porque solo puede verlo el SER eterno.

Por supuesto, para poder entregarse a Dios, antes lo tiene que crear nuestra imaginación. Como Dios nos es inaccesible por definición mientras somos ego, solo podemos imaginarlo. La imaginación colmadora de vacíos, la misma que debemos desactivar para acercarnos a Dios, es la que debe en este caso colmar el vacío que supone no poder acceder a Él. Pero asumir esta contradicción tendrá el efecto posterior de experimentar la rendición total por amor puro hacia Dios, necesario para desmontar de verdad nuestro ego y acceder al instante.

Pensemos en Dios como una vibración de fondo infinitamente amorosa y ubicua que sostiene la realidad en cada instante desde fuera del tiempo. Es irrelevante si es Dios o Diosa, su género o cualquier cualidad humana que no podamos evitar atribuirle son irrelevantes. Si le atribuimos inteligencia, solo tenemos la nuestra como referente para hacerlo, pero nuestra inteligencia y consciencia son solo un tenue e insignificante resplandor de su Conciencia.

El cosmos entero es un procesador de información infinita. Un motor que sostiene la creación y que funciona sin funcionar porque lo hace desde fuera del tiempo. No tenemos ni la menor idea de cómo piensa Dios como cosmos generador, pero es un proceso atemporal inimaginable para nosotros que no entendemos los procesos sin tiempo. Es una inteligencia infinitamente más compleja y amorosa de lo que puede aspirar a ofrecer cualquier mente humana. En nuestra limitante embriaguez egoica, tendemos a pensar que el cosmos no piensa o no se mueve por amor porque esos son atributos humanos y sería muy ingenuo atribuirlos al cosmos como ente. Pero sí lo hace, con una inteligencia y amor infinitos que hacen que todo exista.

Nuestras nociones de amor e inteligencia solo son ecos inaudibles que nos llegan del Amor e Inteligencia del cosmos.

¿Y vale la pena entregarse por amor a alguien sabiendo que no va a sentirse querido por nosotros, o al menos no como un humano lo sentiría? Si Dios no va a sentir que yo le amo, ¿para qué dárselo todo? Por mucho que yo patalee y le grite, Dios no va a pestañear ni va a responder. Una vez más, nos frustra que Dios no se emocione y responda como un humano, pero es que se trata de eso, de darlo todo sin esperar ni recibir nada a cambio. Ese es el amor incondicional que nos lleva al instante.

Dios solo nos va a agradecer nuestro amor a Él con silencio, con un instante eterno.

 


Friday, January 9, 2026

LA DESESPERACIÓN TOTAL

 

En este tranquilo paisaje invernal, el sinuoso camino nos recuerda que cada viaje, por frío o incierto que sea, encierra su propia promesa. A través de colores suaves y pinceladas delicadas, este artista desconocido revela que la soledad no es vacío, sino un espacio donde la claridad aprende a respirar.

 

A continuación vienen unas reflexiones tras haber leído "Sobre Dios. Pensar con Simonne Weil" de Byung-Chul Han. Lo considero un nuevo evangelio cristiano para nuestro tiempo. En él está todo lo que necesita alguien de nuestro tiempo para comprender a Dios, y en un espacio asombrosamente reducido. Las reflexiones tratan de enlazar con lo asimilado de Wolfgang Smith y de Juan Arnau.

 

*    *    *

La condición natural del ser humano es, como decía Kierkegaard, la desesperación total. Esto es así desde que tiene psyché (alma), o dicho de otro modo, desde que adquirió su condición de caído del Edén.

Simonne Weil diría que la desesperación del ser humano radica en que el alma humana tiene dos partes:

Una es la que corresponde a nuestra esencia animal, la que obedece a la causa que produce un efecto, a la causalidad horizontal del plano material. El ser humano tiene muchas necesidades en virtud de esta parte del alma. Dos que nos son propias como especie son la necesidad de razonar e imaginar. El resto también las tienen los otros animales.

Siempre que se enciende el apetito por una de estas necesidades sentimos un vacio que hay que llenar. Lo natural es llenarlo, satisfacer el apetito. No hacerlo sería sobrenatural. Si no se llena el vacío se siente dolor. Si se llena, se colma el vacío por un momento, hasta el siguiente apetito al menos.

La necesidad de razonar e imaginar responden a dos virtudes con un gran potencial, pero es inevitable que se pongan al servicio de colmar más y más apetitos de carácter animal. Siempre que tenemos hambre por un estímulo, lo natural es que la imaginación trabaje para hallar la forma de aplacar el hambre. Esto crea un vacío cada vez más difícil de cubrir (tolerancia), y de ahí la desesperación total.

Esta desesperación no tiene solución posible, porque queramos o no estamos atados al plano material. Pero tiene sin embargo una gran utilidad que puede ser aprovechada por la otra parte del alma humana: la parte contemplativa, la parte que puede quedarse inmóvil ante el vacío. Si espera lo suficiente para permitir que la otra parte del alma (la que incluye a la vanidad del ego) desaparezca, por un instante podemos escapar de la causalidad horizontal y existir en vertical. Entonces el vacío es colmado por Dios [1].

Esto de reprimir los apetitos está muy denostado en esta era de la glotonería, del híper-consumo y la híper-producción, pero hay una gran diferencia entre reprimir un impulso para ensalzar nuestro ego (por ejemplo, no comer para verse bello o para matar el cáncer [2]) y reprimirlo para que el ego desaparezca. La diferencia estriba en permanecer desesperado o por el contrario escuchar a Dios por un instante.

Entonces, es nuestra desesperación total la que nos lleva a Dios. Si el tránsito por el plano material de la causalidad horizontal no nos llevara a la desesperación, no haríamos nada por trascenderlo. Solo una criatura como nosotros es capaz por un instante de volver conscientemente a la fuente de pura conciencia, pagando un precio muy alto, el de la desesperación total el resto del tiempo. Dios así lo ha querido, y de ese modo está la figura de Cristo, para recordarnos esa desesperación y sacrificio con su elevación complementaria. Todo ser humano es un Cristo en potencia que puede elevarse al Cielo, si aprende a transitar adecuadamente su inframundo particular [3].

Permanecer siempre desesperado o parar de vez en cuando para escuchar a Dios. ¿Qué significa escuchar a Dios? Significa darse cuenta de dos cosas:

La primera es que nuestros ojos y nuestra piel no son nuestros. Es Dios quien ve y siente a través nuestro. Esto es obvio una vez el ego se diluye, porque entonces nada de lo que poseo es mío. Darse cuenta de esto permite experimentar el gozo del agradecimiento. Agradecer el poder servir a Dios en la contemplación de su obra a pesar de ser insignificantes, a pesar de ser nada. El dolor de la contemplación del vacío nos permite por un momento no ser nadie y de ese modo experimentar el gozo del agradecimiento a Dios. En resumen, Ser es Percibir, y Dios Es, percibiendo su obra a través de su obra. Nosotros somos parte de su obra.

La segunda de las cosas que se entienden al escuchar a Dios es que todo percibe y siente. Una piedra o un paisaje nos miran cuando los miramos, y podemos sentir que lo hacen si los contemplamos desde su indisponibilidad [4], desde el vacío de nuestro ego. Darse cuenta de esto permite experimentar el gozo de la correspondencia: nada existe por sí mismo, solo hay correspondencias.

 

 

Notas:

[1] Nuestra alma tiene dos partes, una mortal (natural) y otra inmortal (sobrenatural). La mortal come, la inmortal mira. La imaginación y la razón pertenecen a la parte mortal. Aunque tienen sus propios alimentos de consumo, gran parte de su función digestiva está al servicio de facilitar alimentos al resto de elementos de la parte mortal del alma, es decir, al servicio de alimentar todos nuestros deseos y miedos. Los deseos buscan un futuro impulsados por nuestro recuerdo pasado. Los miedos rechazan un futuro impulsados por nuestro recuerdo pasado. Ambos nos sacan del presente. No miran. Comen. La desesperación del ser humano consiste en que la parte mortal del alma asfixia a la parte inmortal, le quita todo su espacio de respiración. Esto es debido a la eficacia de la imaginación y la razón para alimentar a la parte mortal. De todos los animales desarrollados, es el humano el más desesperado. La única manera de suspender la desesperación por un momento es poniendo en ayuno al alma. Cuando la parte mortal deja de ser alimentada, se retira, creando un vacío donde la parte inmortal puede respirar. La razón y la imaginación eran elementos necesarios, para la supervivencia de la vida, pero también para llegar a desear volver a la fuente divina. La clave para lograr suspender por un momento la desesperación está en cómo gestionamos ese deseo. La razón le ha de decir al deseo que su objeto no está disponible, y lo sobrenatural consiste en mantener esa tensión del anhelo sabiendo que el objeto es inalcanzable. Lo sobrenatural es aprender a respirar en el vacío.

[2] Otro buen ejemplo de represión del deseo que estaría orientado a ensalzar el ego sería el tipo de disciplina productiva autoimpuesta tan común hoy día, ya sea en el gimnasio o en la oficina. Reprimimos la pereza o el deseo de parar por agotamiento con el objetivo en mente de alcanzar la gloria material, el reconocimiento profesional, el poder físico, mental o económico, o simplemente, seguimos funcionando acelerados por miedo a ser degradado, en definitiva, en defensa y fortalecimiento del ego, para seguir apuntalando nuestro personaje. Este ejemplo conecta con el diagnóstico de Han sobre la sociedad moderna del rendimiento y su pérdida de espiritualidad. Se nos plantea pues la dicotomía disciplina productiva versus disciplina contemplativa, o como dice Weil termodinámica del poder versus teodinámica del vacío.

[3] Remitiéndonos al mundo intermedio (o inframundo) de la cosmología tripartita de Wolfgang Smith, sabemos que es precisamente este espacio intermedio entre la circunferencia (mundo corpóreo) y el centro del círculo (eternidad) el que sirve de transición entre ambos mundos y permite que se interpenetren. También sabemos por Juan Arnau que la imaginación es una cualidad asociada con el mundo de los sueños, donde creamos y observamos al mismo tiempo, es un terreno de transición donde somos a la vez creadores omnipotentes y personajes vulnerables sujetos a todo tipo de contingencias. Un terreno donde lo eterno se interpenetra con lo transitorio y perecedero. Y sabemos que la cosmología tripartita tiene su expresión en la estructura humana, de manera que el mundo de los sueños se corresponde con el mundo intermedio. La imaginación es la parte que nos llevamos a la vigilia de esa capacidad que tenemos cuando soñamos. Por tanto, cuando decimos que la imaginación come y no mira, sugiriendo que mientras esta sigue activa no hay contemplación verdadera, aún siendo correcto, es preciso matizar que necesitamos imaginar mucho (aprender a transitar nuestro propio inframundo) antes de poder llegar al punto de ser capaces de suspender hasta la imaginación, porque para llegar a ese punto (al centro del círculo) hay que construir antes un precioso objeto de deseo por el que moveríamos montañas y al que finalmente debemos renunciar sin dejar de reverenciarlo e idolatrarlo (mantener esa tensión del anhelo sabiendo que el objeto es inalcanzable).

[4] Para entender esto de que lo bello o lo divino está por definición indisponible y no está hecho a nuestra medida es perfecto un párrafo del libro de Han:

Maurice Merleau-Ponty escribe acerca de la pintura de Cézanne: «Es un mundo sin familiaridad, en el que no nos sentimos a gusto y que prohibe cualquier expresión de los sentimientos. Si, después de haber contemplado los cuadros de Cézanne, vamos a ver cuadros de otros pintores, nos percataremos de que inmediatamente se produce una distensión, igual que cuando, después de un funeral, volvemos a entablar conversaciones que tapan esa novedad absoluta de la muerte y devuelven a los vivos su entereza». Tras una humanidad constituida, Cézanne descubre el orden divino de las cosas. Su paisaje no obedece a los seres humanos, sino a Dios. Reproduce el diálogo entre Dios y su creación. El artista da un paso atrás para ceder su espacio a la mirada de Dios sobre el mundo. Esta obediencia, esta humildad, espiritualiza el arte.

Friday, January 10, 2025

SILENCIO

 

Desierto de Atacama

"En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar"
                                                    Byung-Chul Han

 

A continuación transcribo el capítulo 'Silencio' del libro 'No-cosas, quiebras del mundo de hoy' de Byung-Chul Han.

 

*   *   * 

 

Lo sagrado está ligado al silencio. Nos hace escuchar: «Myein, consagrar, significa etimológicamente "cerrar"; los ojos, pero sobre todo la boca. Al comienzo de los ritos sagrados, el heraldo "ordenaba" el "silencio" (epitattei ten siopen)». Hoy vivimos en un tiempo sin consagración. El verbo fundamental de nuestro tiempo no es «cerrar», sino abrir, «los ojos, pero, sobre todo, la boca». La hipercomunicación, el ruido de la comunicación, desacraliza, profana el mundo. Nadie escucha. Cada individuo se produce a sí mismo. El silencio no produce nada. Por eso, el capitalismo (1) no ama el silencio. El capitalismo de la información produce la compulsión de la comunicación.

El silencio agudiza la atención hacia el orden superior (2), que no tiene por qué ser un orden de dominación y poder. El silencio puede ser muy pacífico, incluso amistodo y profundamente gratificante. Es cierto que un poder dominante puede imponer silencio a los sometidos. Pero el callar forzado no es silencio. En el verdadero silencio no hay coacción. No es opresivo, sino elevador. No roba, sino que regala.

Cézanne consideraba que la tarea del pintor es hacer el silencio. La montagne Sainte-Victoire se le aparecía como un imponente macizo de silencio al que debía obedecer. La verticalidad, la montaña que se alza, manda silencio. Cézanne cumplió el mandato de silencio retirándose por completo para no ser nadie. Se limitaba a ser oyente: «Toda su voluntad ha de ser de silencio. Debe hacer callar en él todas las voces de los prejuicios, olvidar, olvidar, hacer el silencio, ser un eco perfecto. Entonces se inscribirá todo el paisaje en su placa sensible».

Escuchar es la actitud religiosa por excelencia. El Hiperión de Hölderin así lo corrobora: «Todo mi ser enmudece y escucha cuando las delicadas ondas del aire juegan en mi pecho. Perdido en el inmenso azul, alzo a menudo la mirada al Éter y la dejo caer hacia el sagrado mar, y es como si un espíritu familiar me abriera los brazos, como si el dolor de la soledad se disolviera en la vida de la divinidad. Ser uno con todo es la vida de la divinidad, es el cielo del hombre. Ser uno con todo lo que vive, regresar, en un dichoso olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, es la cima de los pensamientos y las alegrías, es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno». Ya no conocemos ese enmudecimiento sagrado que nos eleva a la vida de la divinidad, al cielo del hombre. El dichoso olvido de sí mismo da paso a la excesiva autoproducción del ego. La hipercomunicación digital, la conectividad ilimitada, no crea ninguna conexión (3), ningún mundo. Más bien aísla, acentúa la soledad. El yo aislado, sin mundo, deprimido, se aleja de esa dichosa soledad, de esa sagrada cumbre de la montaña.

Hemos anulado toda trascendencia, todo orden vertical que reclame silencio. La verticalidad claudica ante la horizontalidad. Nada se alza. Nada profundiza. La realidad se allana en flujos de información y de datos. Todo se extiende y prolifera. El silencio es una manifestación de negatividad. Es exclusivo, mientras que el ruido es el resultado de una comunicación permisiva, extensiva y excesiva.

El silencio nace de la indisponibilidad. No disponer de nada estabiliza y acentúa la atención, despierta la mirada contemplativa. Esta tiene paciencia para lo largo y lo lento. Cuando todo está disponible y es alcanzable, la atención profunda no halla ocasión. La mirada no se detiene. Vagabundea como la de un cazador (4).

Para Nicolas Malebranche, la atención era la oración natural del alma. Hoy el alma ya no reza. Se produce. La comunicación extensiva dispersa el alma. Solo las actividades que se asemejan a la oración pueden conciliarse con el silencio. Pero la contemplación se opone a la producción. La compulsión de producir y comunicar destruye el recogimiento contemplativo.

Según Barthes, la fotografía debe «ser silenciosa». No le gustan las «fotografías estruendosas». «Para ver bien una foto vale más levantar la cabeza o cerrar los ojos.» El punctum, esto es, la verdad de una fotografía, se revela en el silencio, cerrando los ojos. La información que persigue el studium es estruendosa. Importuna a la percepción. Solo el silencio, los ojos cerrados, excita la fantasía. Barthes cita a Kafka: «Fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos».

Sin fantasía solo hay pornografía. La propia percepción muestra hoy rasgos pornográficos. En ella se produce como un contacto inmediato, una copulación de imagen y ojo. Lo erótico se hace realidad cerrando los ojos. Solo el silencio, la fantasía, abre a la subjetividad los profundos espacios interiores del deseo: «La subjetividad absoluta solo se consigue mediante un estado, un esfuerzo de silencio (cerrar los ojos es hacer hablar la imagen en el silencio). La foto me conmueve si la retiro de su charloteo ordinario [...]: no decir nada, cerrar los ojos [...]». El desastre de la comunicación digital proviene del hecho de que no tenemos tiempo para cerrar los ojos. Los ojos se ven forzados a una «continua voracidad». Pierden el silencio, la atención profunda. El alma ya no reza.

El ruido es una suciedad tanto acústica como visual. Contamina la atención. Michel Serres atribuye el ensuciamiento del mundo a la voluntad de apropiación de origen animal: «El tigre orina en las lindes de su territorio. Lo mismo que el león y el perro. Y, al igual que estos mamíferos carnívoros, muchos animales, nuestros primos, marcan su territorio con su orina densa y maloliente; también con sus ladridos o con sus [...] deliciosos cantos, como los pinzones y los ruiseñores». Escupimos en la sopa para disfrutarla solos. El mundo está contaminado no solo por los excrementos y los residuos materiales, sino también por los residuos de la comunicación y la información. Está plagado de anuncios. Todo grita para llamar la atención: «[...] el planeta será completamente tomado por los residuos y las vallas publicitarias [...] en cada roca, en cada hoja de árbol, en cada parcela agrícola se implantarán anuncios; en cada planta se escribirán letras [...]. Como la catedral de la leyenda, todo quedará inundado por el tsunami de signos».

Las no-cosas se anteponen a las cosas y las ensucian. La basura de la información y la comunicación destruye el paisaje silencioso, el lenguaje discreto de las cosas:

Las letras y las imágenes imperiosas nos obligan a leer, mientras que las cosas del mundo imploran a nuestros sentidos que les den un significado. Las segundas ruegan; las primeras mandan. [...] Nuestros productos tienen ya un significado -banal- que es tanto más fácil de percibir cuanto menos elaborados sean, cuanto más cerca de los desechos estén. Los cuadros son desechos pictóricos; los logotipos, desechos de escritura; los anuncios, desechos visuales; los spots publicitarios, desechos musicales. Estos signos simples e inferiores se imponen por sí solos a la percepción y oscurecen el paisaje más delicado, discreto y mudo, que a menudo parece no ser visto, pues es la percepción la que salva las cosas.

La implantación digital en la red genera mucho ruido. La batalla por los territorios cede ante la batalla por la atención. La apropiación también adopta una forma muy diferente. Producimos incesantemente información para que a otros les guste. Los ruiseñores de hoy no tuitean para ahuyentar a los demás. Más bien tuitean para atraer a otros. No escupimos en la sopa para evitar que otros la disfruten. Nuestro lema es, más bien, compartir, sharing. Ahora queremos compartirlo todo con el mundo, lo cual conduce a un ruinoso tsunami de información.

Las cosas y los territorios determinan el orden terreno. No hacen ruido. El orden terreno es silencioso. El orden digital está dominado por la información. El silencio es ajeno a la información. Contradice su naturaleza. La información silenciosa es un oxímoron. La información nos roba el silencio imponiéndose y reclamando nuestra atención. El silencio es un fenómeno de la atención. Una atención profunda solo produce silencio. Pero la información tritura la atención.

Según Nietzsche, es propia de la «cultura aristocrática» la capacidad de «no reaccionar enseguida a un estímulo». Ella controla los «instintos que ponen obstáculos, que aíslan». «A lo extraño, a lo nuevo de toda especie se lo dejará acercarse con una calma hostil.» El «tener abiertas todas las puertas», el «estar siempre dispuesto a meterse, a lanzarse de un salto dentro de los hombres y otras cosas», es decir, la «incapacidad de oponer resistencia a un estímulo», es una actitud destructiva para el espíritu. La incapacidad de «no reaccionar» es ya «enfermedad», «decadencia», «síntoma de agotamiento». La permisividad y la permeabilidad totales destruyen la cultura aristocrática. Cada vez perdemos más los últimos instintos de aislamiento, la capacidad de decir no a los estímulos intrusos.

Es preciso distinguir dos formas de potencia. La potencia positiva consiste en hacer algo. La negativa es la disposición a no hacer nada. Pero no es idéntica a la incapacidad de hacer algo. No es una negación de la potencia positiva, sino una potencia independiente. Permite que el espíritu permanezca en calma contemplativa, es decir, preste una atención profunda. Sin esta potencia negativa, caemos en la hiperactividad destructiva. Nos hundimos en el ruido. El fortalecimiento de la potencia negativa por sí solo puede restablecer el silencio. Sin embargo, la compulsión imperante de comunicación, que resulta ser una compulsión de producir, destruye deliberadamente la potencia negativa.

Hoy nos producimos sin cesar. Esta autoproducción hace ruido. Guardar silencio significa retirarse. El silencio es también un fenómeno de ausencia del nombre. No soy dueño de mí mismo, de mi nombre. Soy un invitado en mi casa, solo soy el inquilino de mi nombre. Michel Serres guarda silencio decontruyendo su nombre:

Me llamo, en efecto, Michel Serres. Porque lo llaman mi nombre propio, mi idioma y la sociedad me hacen creer que soy el propietario de esas dos palabras. Mas yo conozco a cientos de Michels, Migueles, Michaels, Mikes o Mijaíls. Ellos mismos conocen Serres, Sierras. Junípero Serra [...] que provienen del nombre uraloaltaico de las montañas. Me he encontrado con homónimos exactos unas cuantas veces. [...] Así, los nombres propios a veces imitan o repiten nombres comunes, y a veces incluso lugares. Así, el mío cita el Mont-Saint-Michel en Francia, en Italia o en Cornualles, tres lugares encadenados. Habitamos sitios más o menos espléndidos. Me llamo Michel Serres, y no soy en absoluto propietario de este nombre, sino que él me tiene alquilado.

La apropiación del nombre causa mucho ruido. El fortalecimiento del ego destruye el silencio. El silencio reina cuando me retiro, cuando me pierdo en lo innominado, cuando me vuelvo débil: «Blando, quiero decir aéreo y fugaz. Blando, quiero decir fuera de sí y débil. Blando, blanco. Blando, tranquilo».

Nietzsche sabía que el silencio lleva aparejada la retirada del yo. Me enseña a escuchar y a prestar atención. Nietzsche opone a la apropiación ruidosa del nombre el «genio del corazón»: «El genio del corazón, que a todo lo que es ruidoso y se complace en sí mismo lo hace enmudecer y le enseña a escuchar, que pule las almas rudas y les da a gustar un nuevo deseo, el de estar quietas como un espejo, para que el cielo profundo se refleje en ellas [...] el genio del corazón, de cuyo contacto todo el mundo sale más rico [...] tal vez más inseguro, más delicado, más frágil, más quebradizo [...]». El «genio del corazón» del que habla Nietzsche no se produce. Más bien, se retira a la ausencia del nombre. La voluntad de apropiación como voluntad de poder retrocede. El poder se convierte en benevolencia. El «genio del corazón» descubre la fuerza de la debilidad, que se expresa como esplendor del silencio.

Solo en el silencio, en el gran silencio, establecemos relación con lo innominado, que nos supera, y frente a lo cual palidece nuestro esfuerzo por apropiarnos del nombre. Por encima de este se eleva también ese genio «al que viene confiada la tutela de cada hombre en el momento de su nacimiento». El genio permite que la vida sea algo más que una mísera supervivencia del yo. Representa un presente intemporal: «El rostro juvenil de Genius, sus alas largas y temblorosas, significan que él no conoce el tiempo [...]. Por eso el cumpleaños no puede ser la conmemoración de un día pasado, sino, como toda fiesta verdadera, la abolición del tiempo, epifanía y presencia del Genius (5). Esta presencia imborrable es lo que nos impide cerrarnos en una identidad sustancial: Genius es quien rompe la pretensión de Yo de bastarse a sí mismo».

La percepción absolutamente silenciosa se asemeja a una imagen fotográfica con un tiempo de exposición muy largo. La fotografía del Boulevard du Temple de Daguerre presenta en realidad una calle parisina muy concurrida. Sin embargo, debido al tiempo de exposición extremadamente largo, típico del daguerrotipo, todo lo que se mueve se hace desaparecer. Solo es visible lo que permanece quieto. El Boulevard du Temple irradia una calma casi pueblerina. Además de los edificios y los árboles, solo se ve una figura humana, un hombre a quien limpian los zapatos, y por eso está quieto. La percepción de lo temporalmente largo y lento solo reconoce las cosas quietas. Todo lo que se apresura está condenado a desaparecer. El Boulevard du Temple puede interpretarse como un mundo visto con el ojo divino. A su mirada redentora solo aparecen los que permanecen en silencio contemplativo. Es el silencio lo que redime.


Notas (mías):

(1) Byung-Chul Han usa el término 'capitalismo', pero quien no se sienta cómodo con eso que lo cambie por 'productivismo industrial'.

(2) Ver orden implicado (o plegado) de Bohm.

(3) El exceso de conexión física destruye la conexión "fantasmal" (aludiendo a la conexión "no física" entre partículas entrelazadas).

(4) Y entonces la vida se reduce a pura supervivencia. Es lo que hemos conseguido con la modernidad, que al librarnos de las ataduras de la naturaleza, nos iba a permitir elevarnos por encima de la mera supervivencia.

(5) En otros textos, Byung-Chul Han habla del papel de las tradiciones y las fiestas como andamiajes del tiempo que le dan puntos de apoño y estructura. Relacionándolo con lo dicho aquí, parece que el tiempo, al apoyarse en sus puntos de estructura, pudiera desaparecer, mientras que un tiempo sin estructura devendría en corriente acelerada por la que precipitarnos.
 

Thursday, November 14, 2024

EL OLVIDO DE LAS COSAS EN EL ARTE


Byung-Chul Han 

 

A continuación transcribo esta sección del libro 'No-cosas, quiebras del mundo de hoy' de Byung-Chul Han, que contiene un bello poema sobre

LA POESÍA


*    *    *


Las obras de arte son cosas. Incluso las obras de arte lingüísticas, como los poemas, que no solemos tratar como cosas, tienen carácter de cosa. En una carta a Lou Andreas-Salome, Rilke escribe: "De alguna manera, yo también debo llegar a hacer cosas; no cosas plásticas, escritas; realidades fruto del oficio". El poema, como composición formal de significantes, de signos lingüísticos, es una cosa, porque no puede resolverse en significados. Podemos leer un poema por su significado, pero no fundirnos con él. El poema tiene una dimensión sensual, corpórea, que escapa al sentido, al significado. Es precisamente el exceso de significante lo que condensa el poema en cosa.

Una cosa no es algo que podamos leer. El poema como cosa se resiste a esa lectura que consume el sentido y la emoción como en las historias de detectives o las novelas de argumento nítido. Esa lectura busca descubrir algo. Es pornográfica. Pero el poema rechaza cualquier "satisfacción novelesca", cualquier consumo. La lectura pornográfica se opone a esa lectura erótica que se detiene en el texto como cuerpo, como cosa. Los poemas no son compatibles con nuestra época pornográfica, consumista. A esto se debe el que hoy apenas leamos poesía.

Robert Walser describe el poema como un cuerpo bello, como una cosa corpórea: "En mi opinión, el poema bello tiene que ser como un cuerpo bello que ha de florecer de [...] palabras olvidadizas, casi sin ideas, puestas sobre el papel. Estas palabras forman la piel que se estira alrededor del contenido, es decir, del cuerpo. El arte consiste, no en decir palabras, sino en formar un cuerpo-poema, es decir, en conseguir que las palabras solo sean el medio para formar el cuerpo-poema [...]". Las palabras se plasman "sin ideas", "olvidadizas", en el papel. La escritura se libera así de la intención de dotar a las palabras de un significado unívoco. El poeta se abandona a un proceso casi inconsciente. El poema se teje con significantes liberados de la servidumbre de producir significado. El poeta no tiene ideas. Una ingenuidad mimética lo caracteriza. Se propone formar un cuerpo, una cosa, con las palabras. Las palabras como piel no encierran un significado, sino que se estiran alrededor del cuerpo. La poesía es un acto de amor, un juego erótico con el cuerpo.

El materialismo de Walser consiste en que concibe el poema como cuerpo. La poesía no trabaja en la formación de significados, sino en la de cuerpos. Los significantes no se refieren en primer lugar a un significado, sino que se condensan en un cuerpo bello y misterioso que seduce. La lectura no es una hermenéutica, sino una háptica, un contacto, una caricia. Se acurruca junto a la piel del poema. Disfruta de su cuerpo. El poema como cuerpo, como cosa, tiene una presencia especial que hay que sentir al margen de la representación, a la que se dedica la hermenéutica.

El arte se aleja cada vez más de ese materialismo que concibe la obra de arte como cosa. Más allá del compromiso con el significado, permite un juego despreocupado con los significantes. Ve en el lenguaje un material con el que jugar. Fracis Ponge compartiría sin más el materialismo de Walser: "Desde el momento en que uno considera las palabras (y las expresiones verbales) como un material, es muy agradable ocuparse de ellas. Del mismo modo que puede ser agradable para un pintor ocuparse de los colores y las formas. Lo más placentero es jugar con ellos". El lenguaje es un patio de recreo, un "lugar de esparcimiento". Las palabras no son, ante todo, portadores de significados. Más bien se trata de "extraer de ellas todo el placer posible al margen de su significado". En consecuencia, el arte que se dedica al significado es hostil al placer.

La poética de Ponge se propone dar un lenguaje a las propias cosas en su alteridad, en su independencia, más allá de su utilidad. El lenguaje no tiene aquí la función de designar las cosas, de representarlas. La óptica de la cosa de Ponge más bien reifica las palabras, las acerca al estatus de la cosa. Desde una ingenuidad mimética, refleja la correspondencia secreta entre lenguaje y cosa. El poeta, como en Walser, no tiene en absoluto ideas.

También la voz posee una dimensión cósico-corporal que se manifiesta precisamente en su "grano", en la "voluptuosidad de sus sonidos significantes". Lo cósico de la voz hace que la lengua y las mucosas, su deseo, sean audibles. Forma la piel sensual de la voz. La voz no solo se articula, sino que también se corporeíza. La voz completamente absorta en el significado no tiene cuerpo, ni placer, ni deseo. Al igual que Walser, Barthes habla explícitamente de la piel, del cuerpo del lenguaje: "Algo se muestra en él, manifiesta y testarudamente (es eso lo único que se oye), que está por encima (o por debajo) del sentido de las palabras [...]: algo que es de manera directa el cuerpo del cantor, que en un mismo movimiento trae hasta nuestros oídos desde el fondo de sus cavernas, sus músculos, mucosas y cartílagos [...], como si una misma piel tapizara la carne del interior del ejecutante y la música que canta".

Barthes distingue dos formas de canto. El "geno-canto", dominado por el principio de placer, por el cuerpo, por el deseo, y el "feno-canto", destinado a la comunicación, a la transmisión de significados. En el feno-canto predominan las consonantes, que elaboran el sentido y el significado. El geno-canto, en cambio, utiliza las consonantes "como trampolín de la admirable vocal". Las vocales se acomodan al cuerpo voluptuoso, al deseo. Forman la piel del lenguaje. Ellas son las que nos ponen la piel de gallina. El feno-canto de las consonantes, en cambio, no nos toca.

La obra de arte como cosa no es un mero portador de ideas. No ilustra nada. El proceso de expresión no lo guía ningún concepto claro, sino una fiebre indeterminada, un delirio, una intensidad, un impulso o un deseo inarticulable. En el ensayo La duda de Cézanne, Maurice Merleau-Ponty escribe: "La expresión no puede ser entonces la traducción de un pensamiento ya claro, puesto que los pensamientos claros son aquellos que ya han sido dichos por nosotros mismos o por los demás. La concepción no puede preceder a la ejecución. Antes de la expresión no existe otra cosa que una vaga fiebre [...]". Una obra de arte significa más que todos los significados que pueden extraerse de ella. Paradójicamente, esta sobreabundancia de significado se debe a la renuncia al significado (1). Procede de la sobreabundancia del significante.

Lo problemático del arte actual es que tiende a comunicar una opinión preconcebida, una convicción moral o política, es decir, a transmitir información. La concepción precede a la ejecución. Como resultado, el arte degenera en ilustración. Ninguna fiebre indeterminada (1) anima el proceso de expresión. El arte ya no es un oficio que da a la materia forma de cosa sin intención, sino una obra de pensamiento que comunica una idea prefabricada. El olvido de las cosas se apodera del arte. Este se deja llevar por la comunicación. Se carga de información y discurso. Quiere instruir en vez de seducir.

La información destruye el silencio de la obra de arte como cosa: "Los cuadros originales son silenciosos o inmóviles en un sentido en el que la información nunca lo es". Si miramos un cuadro solo para informarnos de algo, dejamos de sentir su independencia y su magia. Es el exceso de significante lo que hace que la obra de arte parezca mágica y misteriosa (1). El secreto de la obra de arte no es que oculte información que pueda ser revelada. Lo misterioso en ella es el hecho de que los significantes circulen sin que se detengan en un significado, en un sentido. "El secreto. Cualidad seductora, iniciática, de lo que no puede ser dicho [...] y, sin embargo, circula. [...] Esta complicidad no tiene nada que ver con una información oculta. Además, si cualquiera de los implicados quisiera levantar el secreto no podría, pues no hay nada que decir... Todo lo que puede ser revelado queda al margen del secreto. [...] es el inverso de la comunicación y, sin embargo, se comparte."

El régimen de información y comunicación no es compatible con el secreto. Este es un antagonista de la información. Es un murmullo del lenguaje, pero que no tiene nada que decir. En el arte es esencial la "seducción subyacente al discurso, invisible, de signo en signo, circulación secreta". La seducción discurre por debajo del sentido, fuera de toda hermenéutica. Es más rápida, más ágil que el sentido y el significado.

La obra de arte tiene dos capas, la orientada a la representación y la que se aparta de esta. Podemos llamar a la primera feno-capa, y, a la segunda, geno-capa de la obra de arte. El arte cargado de discurso, moralizante o politizante, no tiene una geno-capa. Hay en él opiniones (2), pero no deseo. La geno-capa como lugar de misterio dota a la obra de arte de un aura de COSA al rechazar cualquier atribución de significado. La COSA (3) se impone porque no informa. Es el reverso, el patio trasero misterioso, el "sutil fuera de campo" (hors-champ subtil) de la obra de arte, su inconsciente. Se opone al desencantamiento de arte.


************************

Notas:

(1) ¿No recuerda esto a la claridad emergiendo de la turbiedad en los sistemas cuánticos entrelazados? ¿Al potencial detrás de la indeterminación cuántica?

(2) La opinión viene de un deseo ya satisfecho, consumado, de una apropiación del ego.

(3) Relacionándolo con el holomovimiento de Bohm, "la cosa" sería "lo desplegado", que tiene valor en cuanto a "lo plegado" que oculta. El secreto nunca se revela, pero a través de las cosas, circula. Y el secreto, conecta a las cosas. Las cosas encierran un secreto tras de sí que les permite conectarse (1), y al hacerlo nos ofrecen un espectáculo (holomovimiento) cuya magia no revelada queda entre bastidores.


Friday, April 21, 2023

DE HECHICERO A HECHICERO

 

La Noche estrellada de Van Gogh me recuerda la analogía utilizada por David Bohm, "el río de la realidad".


El siguiente texto va dirigido a una persona muy especial que me ha ayudado en mi trayecto por la madriguera del conejo. Aquí tenéis algunos de sus magníficos artículos que he traducido al español en mi blog.

*    *    *


No estás solo "B".

En mi caso, considero que he seguido un camino similar al tuyo, es más, por el camino he conocido a unos cuantos filósofos que han regresado desde el culto a la ciencia y la tecnología tras haber despertado de la resaca del mito prometeico. Si aún no los conoces, te recomiendo que leas a David Bohm (La totalidad y el orden implicado), a Fritjof Capra (El tao de la física), a Byung-Chul Han (aplica el traductor deepl a este artículo), y a muchos otros que enriquecerán esa faceta creativa y mística que tanto añoramos los antiguos tecno-optimistas reconvertidos a neo-luditas.

Cuando les leo, así como cuando te leo a ti, veo que no estoy solo. Mi mente se piensa a través de la tuya... y todos necesitamos pensarnos a través de los demás, sentir ese vínculo fraternal y creativo entre observador y observado.

Capra, explica cómo en Occidente hemos tenido que propulsar el balón más alto que nunca utilizando todos esos combustibles fósiles para llegar finalmente a un conocimiento (la física cuántica) que nos lleva exactamente donde estaban los filósofos orientales (y también algunos griegos como Heráclito) hace milenios.

Merece especial atención el caso de David Bohm (físico cuántico de los años 60), su Holomovimiento hace palidecer a la Dinámica de Sistemas:

David Bohm, decía que los observables, desde las partículas subatómicas hasta las sociedades, son como remolinos que se pliegan y despliegan constantemente desde el río en eterno fluir. Esto ocurre en todos los sistemas, a todas las escalas. Algunos remolinos son efímeros, otros más persistentes. Algunos son estables, otros se retroalimentan hasta volverse destructivos: un mal pensamiento que se apodera de tu mente, un tornado que arrasa con todo, un sistema económico que nos lleva al abismo...

Según David Bohm, el "orden", es relativo a la escala y al contexto del fenómeno sobre el que se aplica, y siempre tiene dos caras (que como el Yin y el Yang se alternan e interpenetran): un "orden explicado" que se manifiesta ante nuestros sentidos, instrumentos de medida y entendimiento, y otro "orden implicado" que no vemos. A una escala determinada, los remolinos se despliegan (desenvuelven) desde el orden implicado haciéndose visibles en el orden explicado, pero tras un lapso de tiempo (relativo a la escala) se repliegan (envuelven) de nuevo en el orden implicado. Esta alternancia constante de repliegues y despliegues forma trayectorias visibles en el orden explicado, desde la de una partícula subatómica en movimiento hasta la de una sociedad en evolución [1].

En "el río de la realidad", los remolinos no se entienden sin el resto del río, y el río no se entiende sin los remolinos...

Siento robarte tanto tiempo, pero creo que disfrutarás leyendo una última nota extraída del libro de pócimas de nuestros primos brujos procedentes de la ciencia:

"la claridad surge de la indecisión compartida (turbiedad compartida)"



Esta frase, que parece un verso taoísta sin sentido, tiene mucho sentido en realidad. Me explico:

Una partícula subatómica, antes de ser observada, está "indecisa" o "turbia", es decir, se encuentra en una superposición de estados, y sólo cuando es observada se define y adquiere un estado particular bien definido. El conocido microscopio de efecto túnel consigue su gran "claridad" aprovechando esta "turbiedad".

Eso si nos fijamos en una partícula aislada. Pero consideremos ahora lo que se conoce como "entrelazamiento cuántico", que se produce cuando dos o más partículas comparten su "indecisión" o "turbiedad" mediante un vínculo instantáneo y no físico que se conserva incluso a enormes distancias. Compartir la "indecisión" significa que si observamos una de las partículas entrelazadas, y ésta se define de una manera, su compañera o el resto de las partículas entrelazadas con ella, reaccionarán (sin ser observadas, sin que nada las altere) definiéndose de una manera completamente coordinada con lo que haya "decidido" hacer la partícula compañera que sí ha sido observada. De ahí que se comparta la "indecisión". Nada ocurrirá al azar, y todo ello sin enviarse señales mutuamente.

Esto se observa en los superconductores a muy baja temperatura, cuando los electrones se coordinan como una bandada de pájaros para evitar obstáculos y fluir sin resistencia. En cierto modo, los electrones, al compartir su indecisión, consiguen fluir de la manera más óptima, consiguen "ver" el mejor camino, la "claridad" surge de la "turbiedad" compartida.

Pero además, la vida, contra todo pronóstico (dada la alta temperatura de sus procesos que lo dificulta), ha aprendido a utilizar el entrelazamiento cuántico en su beneficio:

Las clorofilas de las hojas de plantas y árboles se entrelazan para ayudar a los fotones incidentes a encontrar el mejor camino que les lleve al centro reactivo con la mínima pérdida de energía. Las clorofilas se entrelazan, compartiendo su "turbiedad", para que los fotones obtengan "claridad". El resultado: una eficiencia comparable (ligeramente superior) a la de nuestros paneles solares, pero con un gran matiz que daría la superioridad al reino vegetal si tenemos en cuenta la cantidad de funciones extra (servicios ecosistémicos) que la planta realiza y el panel solar no, y que la planta recoge fotones con materiales abundantes y reciclables, al contrario de cómo lo hacen los paneles solares. El entrelazamiento cuántico permite hacer con simples compuestos de carbono (clorofilas) lo que se ha de hacer con metales preciosos y silicio de grado metalúrgico en los paneles solares sin entrelazamiento.

 



Los electrones de las retinas del ave se entrelazan hasta que el campo magnético terrestre consigue alcanzar a algunos de ellos. El campo magnético hace que esos electrones se definan, lo que desencadena una respuesta coordinada en el resto de los electrones entrelazados que establece un patrón químico que provoca una señal que llega al cerebro del ave, haciéndole "ver" el campo magnético de la Tierra y utilizarlo para orientarse. La "claridad" de la visión del ave procede de la "turbiedad" compartida de los electrones de su retina.

 



Hasta aquí lo comprobado por la ciencia. Pero hay más:

Existen evidencias científicamente fundadas (no definitivas y aún queda mucho camino por recorrer hasta su verificación) de que la consciencia, en los humanos y quizá en otros seres vivos, es un fenómeno orquestado por el entrelazamiento cuántico (véase la teoría Orch OR de Roger Penrose y este revelador artículo [2]). La "claridad" del pensamiento surgiría de la "turbiedad" compartida entre ciertas estructuras moleculares del interior de las neuronas.

 


Por último, David Bohm, muy preocupado por la deriva colapsante de nuestra sociedad industrial, va un paso más allá en la interpretación de estos fenómenos cuánticos, aplicándolos a las posibilidades (hoy tan mermadas) de coordinación y diálogo de las comunidades humanas. En su opinión, es la creciente atomización de los individuos y la endogamia cultural/intelectual lo que aumenta nuestra "turbiedad" individualizada y conduce a una mayor disfuncionalidad individual y colectiva. Él reivindica la necesidad de que emerja una conciencia colectiva ("claridad"), y sostiene que las personas dispuestas al diálogo, la coordinación y la reconexión deberían hacer como los electrones de las retinas de los pájaros: compartir su indecisión o "turbiedad".

Y este ha sido mi trocito de "turbiedad" compartido contigo ..

                                                ... un abrazo, querido brujo

 

 

Notas:

[1] Detrás de toda señal percibida por nuestros sentidos o entendimiento, hay una oscilación periódica, que puede ser entendida en términos de envolvimientos y desenvolvimientos, siendo el período de la oscilación relativo a la escala en que se percibe el fenómeno. Llamamos trayectorias a las marcas que dejan estas oscilaciones en nuestra memoria. Todo desplazamiento y todo proceso tienen un oscilador (o una suma de ellos) detrás.

Bohm dice que "cuando nos parece que un electrón se mueve en el espacio-tiempo, se debe a una serie continua de envolvimientos y desenvolvimientos". Para entender esto podemos recurrir a dos analogías.

La primera de ellas, de la mano del propio Bohm, se basa en un experimento mental a partir de un aparato de flujo reversible laminar, y se explica en detalle en su libro "La Totalidad y el Orden Implicado".

"El aparato consiste en dos cilindros de vidrio concéntricos, con un fluido muy viscoso, como la glicerina, entre ambos cilindros, dispuestos de tal manera que el cilindro exterior puede ir girando muy lentamente, para que la difusión del fluido viscoso sea despreciable. Se coloca una gota de tinta insoluble en el fluido y después se hace girar el cilindro exterior, con el resultado de que la gota se despliega en forma de fina hebra que terminará por hacerse invisible. Cuando se hace girar el cilindro en sentido opuesto, la forma de hebra retrocede y, de pronto, se hace visible una gota que esencialmente es la misma que estaba allí al principio."

"Coloquemos primero una gota, A, en cierta posición y hagamos girar el cilindro n veces. Coloquemos después una gota, B, en una posición ligeramente diferente, y hagamos girar el cilindro n veces más (de tal modo que A haya sido plegada 2n veces). Sigamos colocando después otra gota, C, a lo largo de la línea AB y hagamos girar el cilindro n veces más, de modo que A haya quedado plegada 3n veces, B, 2n veces, y C, n veces. Procederemos así hasta plegar un gran número de gotas. Movamos después el cilindro de manera rápida en dirección opuesta. Si la frecuencia con la que emergen las gotas es más rápida que el tiempo de resolución mínimo para el ojo humano, lo que veremos aparentemente es una partícula que se mueve continuamente y que cruza el espacio."

"Este plegamiento y desplegamiento en el orden implicado proporciona, evidentemente, un modelo nuevo que podrá ser, por ejemplo, el de un electrón, y es bastante diferente del que nos ha proporcionado la noción mecanicista habitual acerca de una partícula que en cada momento sólo existe en una pequeña región del espacio, y que cambia de posición continuamente con el tiempo. Lo que es esencial para este nuevo modelo es que, en lugar de esto, el electrón deberá ser comprendido mediante todo el grupo de conjuntos plegados, que generalmente no están localizados en el espacio. En cada momento dado, uno de ellos puede estar desplegado y, por consiguiente, localizado, pero, en el momento siguiente, éste se plegará para ser reemplazado por el que le sigue. La noción de la continuidad de la existencia es aproximada, porque la rápida recurrencia de formas similares cambia de una manera sencilla y regular (del mismo modo que la rueda de una bicicleta, girando rápidamente, produce más la impresión de un disco macizo que la de una secuencia de radios que giran). Naturalmente, de un modo más fundamental, la partícula es solamente una abstracción que se hace manifiesta para nuestros sentidos. Lo que existe es siempre una totalidad de conjuntos, todos presentes a la vez, en una serie ordenada de etapas de pliegue y despliegue, que en principio se entremezclan e interpenetran mutuamente y por completo a través de la totalidad del espacio y el tiempo."

La segunda analogía, de mi propia cosecha, se basa en algo observado en "El Juego de la vida", un autómata celular diseñado por el matemático británico John Conway en 1970. Las celdas de la retícula cuadrada se activan (vivas) o desactivan (muertas) a partir de una configuración inicial aleatoria, siguiendo un conjunto de reglas muy básico, hasta dar lugar a comportamientos complejos. Si una célula muerta tiene exactamente 3 células vecinas vivas "nace" (es decir, al turno siguiente estará viva). Una célula viva puede morir por sobrepoblación (si tiene más de tres vecinos alrededor) o por aislamiento (si tiene solo un vecino alrededor o ninguno). Una célula se mantiene viva si tiene 2 o 3 vecinos a su alrededor. Esa activación y desactivación de las celdas puede verse como un desenvolvimiento y envolvimiento en el orden implicado. Uno de los fenómenos emergentes es el desplazamiento 'aparente' de algunas estructuras (planeadores) a lo largo del tablero. Aunque lo que se manifiesta ante nuestros sentidos es el movimiento continuo del planeador, en realidad el planeador no existe de manera aislada y lo que se desplaza es una especie de onda de influencia que se propaga de unas celdas a las vecinas.

[2] Tras un tiempo de reflexión, acabé encontrando incongruencias en el trabajo de Christian Matthias Kerskens y David López Pérez.

En primer lugar, no queda claro quién es el sistema cuántico desconocido que media para que los 2 sistemas cuánticos conocidos (2 protones) entrelacen sus espines. Podría hacer de mediador cualquier molécula en el cerebro, no necesariamente un sistema cuántico-cognitivo. Una molécula por separado es un sistema cuántico que puede estar mediando el entrelazamiento entre los 2 protones, y la molécula podría participar en la función cognitiva, pero de ahí no se infiere que la función cognitiva sea cuántica.

Por otro lado, el sistema cuántico "desconocido" que está facilitando el entrelazamiento podría ser el propio pulso electromagnético que alinea los espines de los protones, ya que es una señal producida por un sistema cuántico. Pensemos en un superconductor, que se se enfría hasta casi el cero kelvin permitiendo que sus electrones queden aislados de cualquier perturbación externa. Y, voilà, se entrelazan... Parece que el entrelazamiento es algo que ocurre de manera natural entre partículas vecinas, si se les permite que lo hagan, es decir, si se las deja de perturbar con otras señales. Pues algo parecido puede estar pasando con la resonancia magnética en este experimento, donde una señal electromagnética muy saturada hace que los protones no escuchen nada más que esa señal. De alguna forma, es una situación equivalente a la quietud del cero kelvin, y podría permitir que los protones se entrelazaran de forma natural.
 

Tras estas reflexiones, la mejor evidencia hasta la fecha de la mente cuántica deja de ser esta y pasa a ser la propuesta en el trabajo de Matthew_Fisher:

https://doi.org/10.1016/j.aop.2015.08.020

 

Friday, March 31, 2023

FROM SORCERER TO SORCERER

The Starry Night by Van Gogh reminds me of the analogy used by David Bohm, "the river of reality".


The following text is addressed to a very special person who has helped me to go down the rabbit hole. Here you have a few of his great articles that I have translated into spanish in my blog.

*    *    *


You are not alone 'B'.

In my case, I consider that I have followed a similar path to yours, moreover, along the way I have met a few philosophers who have come from the worship of science and technology after having woken up from the hangover of the Promethean myth. If you don't know them yet, I recommend you to read David Bohm (Wholeness and the Implicate Order), Fritjof Capra (The tao of physics), Byung-Chul Han (apply deepl translator to this article), and many others that will enrich that creative and mystical facet that we, the former techno-optimists reconverted to neo-Luddites, yearn for so much.

When I read them, as well as when I read you, I see that I am not alone. My mind thinks through yours ... and we all need to think ourselves through others, to feel that fraternal and creative link between observer and observed.

Capra, explains how in the West we have had to hit the ball higher than ever using all those fossil fuels to finally come up with a knowledge (quantum physics) that takes us exactly where the Eastern philosophers (and also some Greeks such as Heraclitus) were millennia ago.

The case of David Bohm (quantum physicist of the 60's) deserves special attention, his Holomovement makes System Dynamics pale:

David Bohm, said that observables, from subatomic particles to societies, are like whirlpools that fold and unfold constantly from the river in eternal flow. This occurs in all systems, at all scales. Some whirlpools are ephemeral, others more persistent. Some are stable, others feed back until they become destructive: a bad thought that takes over your mind, a tornado that sweeps everything away, an economic system that takes us to the abyss ...

According to David Bohm, "order", is relative to the scale and context of the phenomenon on which it is applied, and always has two sides (which like Yin and Yang alternate and interpenetrate): an 'explained order' that manifests itself before our senses, measuring instruments and understanding, and another 'implied order' that we do not see. At a given scale, whirlpools unfold from the implicate order becoming visible in the explained order, but after a lapse of time (relative to the scale) they fold back into the implicate order. This constant alternation of enfoldments and unfoldments forms trajectories visible in the explained order, from that of a subatomic particle in motion, to that of a society evolving (see Note).

In "the river of reality", the whirlpools are not understood without the rest of the river, and the river is not understood without the whirlpools ...

Sorry to take up so much of your time, but I think you will enjoy reading one last note taken from the potion book of our sorcerer cousins coming from science:

"clarity emerges from shared indecision (shared fogginess)"


This phrase, which seems to be a nonsense Taoist verse, makes a lot of sense in fact. Let me explain:

A subatomic particle, before being observed, is "undecided" or "foggy", that is, it is in a superposition of states, and only when it is observed, it is defined and acquires a particular well-defined state. The well-known scanning tunneling microscope achieves its great "clarity" by taking advantage of this "fogginess".

That is if we look at an isolated particle. But now consider what is known as "quantum entanglement", which occurs when two or more particles share their "indecision" or "fogginess" through an instantaneous and not physical bond that is preserved even at huge distances. Sharing "indecision" means that if we observe one of the entangled particles and it defines itself in one way, its partner or the rest of the particles entangled with it, will react (without being observed, without anything altering them) defining themselves in a way completely coordinated with whatever the companion particle that has been observed has "decided" to do. Hence, the sharing of "indecision". Nothing will happen randomly, and all this without sending signals to each other.

This is observed in superconductors at very low temperature, when electrons coordinate like a flock of birds to avoid obstacles and flow without resistance. In a certain way, the electrons, by sharing their indecision, manage to flow in the most optimal way, they manage to "see" the best path, the "clarity" arises from the shared "fogginess".

But also, life, against all odds (given the high temperature of its processes that makes it difficult), has learned to use quantum entanglement to its advantage:

Chlorophylls in the leaves of plants and trees entangle to help incident photons find the best path that takes them to the reactive center with minimal energy loss. Chlorophylls entangle, sharing their "fogginess" so that photons get "clarity". The result: an efficiency comparable (slightly higher) to that of our solar panels, but with a great nuance that would give superiority to the plant kingdom if we take into account (1) the number of extra functions (ecosystem services) that the plant do perform and the solar panel do not, and (2) that the plant collects photons with abundant and recyclable materials, contrary to how solar panels do. Quantum entanglement makes it possible to do with simple carbon compounds (chlorophylls) what has to be done with precious metals and metallurgical grade silicon in solar panels without entanglement.



The electrons in the bird's retinas entangle until the Earth's magnetic field manages to reach some of them. The magnetic field causes those electrons to define themselves, which triggers a coordinated response in the rest of the entangled electrons that establishes a chemical pattern triggering a signal that reaches the bird's brain, making it "see" the Earth's magnetic field and use that to orient itself. The "clarity" of the bird's vision comes from the shared "fogginess" of the electrons in its retina.



So far was what has been verified by science. But there is more:

There are scientifically founded evidences (not definitive and there is still a long way to go until verification) that consciousness, in humans and perhaps in other living beings, is a phenomenon orchestrated by quantum entanglement (see Roger Penrose's Orch OR theory and this revealing article). The "clarity" of thought would arise from the "fogginess" shared between certain molecular structures inside neurons.



Finally, David Bohm, very concerned about the collapsing drift of our industrial society, goes a step further in the interpretation of these quantum phenomena, applying them to the possibilities (so damaged today) of coordination and dialogue of human communities. In his view, it is the increasing atomization of individuals and cultural/intellectual endogamy what increases our individualized "fogginess" and leads to more individual and collective dysfunctionality. He claims to the need for the emergence of a collective consciousness ("clarity"), and argues that people disposed to dialogue, coordination and reconnectivity should do like the electrons in the retinas of birds: share their indecision or "fogginess".

And this has been my little piece of "fogginess" shared with you ..

... a hug, dear sorcerer


Note:

Behind every signal perceived by our senses or understanding, there is a periodic oscillation, which can be understood in terms of enfoldments and unfoldments, the period of the oscillation being relative to the scale on which the phenomenon is perceived. We call trajectories to those marks left by these oscillations in our memory. Every displacement and every process has an oscillator (or a sum of them) behind it.

Bohm says that "when it appears to us that an electron moves in space-time, it is due to a continuous series of enfoldments and unfoldments". To understand this we can resort to two analogies.

The first, from Bohm himself, is based on a thought experiment from a laminar reversible flow machine, and is explained in detail in his book "Totality and the Implicate Order".

"The machine consists of two concentric glass cylinders, with a very viscous fluid, such as glycerine, between the two cylinders, arranged in such a way that the outer cylinder can be rotated very slowly, so that the diffusion of the viscous fluid is negligible. A drop of insoluble ink is placed in the fluid and then the outer cylinder is rotated, with the result that the drop unfolds in the form of a thin strand that will eventually become invisible. When the cylinder is spun in the opposite direction, the strand form recedes and suddenly a drop becomes visible that is essentially the same as was there at the beginning."

"Let us first place a drop, A, in a certain position and rotate the cylinder n times. Let's then place a drop, B, in a slightly different position, and rotate the cylinder n more times (so that A has been folded 2n times). Then place another drop, C, along the line AB and rotate the cylinder n more times, so that A has been folded 3n times, B, 2n times, and C, n times. We will proceed in this way until a large number of drops are folded. Let us then move the cylinder rapidly in the opposite direction. If the frequency with which the droplets emerge is faster than the minimum resolution time for the human eye, what we will apparently see is a continuously moving particle crossing space."

"This folding and unfolding in the implied order obviously provides a new model which may be, for example, that of an electron, and is quite different from that which has provided us with the usual mechanistic notion about a particle which at each moment exists only in a small region of space, and which changes position continuously with time. What is essential to this new model is that, instead, the electron is to be understood by means of the whole group of folded ensembles, which are generally not localized in space. At any given moment, one of them may be unfolded and therefore localized, but, at the next moment, it will be folded to be replaced by the one that follows it. The notion of the continuity of existence is approximate, because the rapid recurrence of similar forms changes in a simple and regular manner (just as the wheel of a bicycle, spinning rapidly, produces more the impression of a solid disk than that of a sequence of spinning spokes). Naturally, in a more fundamental way, the particle is only an abstraction that becomes manifest to our senses. What exists is always a totality of wholes, all present at once, in an ordered series of stages of folding and unfolding, which in principle intermingle and interpenetrate each other completely through the totality of space and time."

The second analogy, of my own making, is based on something observed in "The Game of Life," a cellular automaton designed by British mathematician John Conway in 1970. The cells of the square grid are activated (alive) or deactivated (dead) from a random initial configuration, following a very basic set of rules, until they give rise to complex behaviors. If a dead cell has exactly 3 living neighboring cells it is "born" (i.e., the next turn it will be alive). A living cell can die by overpopulation (if it has more than three neighbors around it) or by isolation (if it has only one neighbor around it or none at all). A cell stays alive if it has 2 or 3 neighbors around it. Such activation and deactivation of cells can be seen as foldings and unfoldings in the implied order. One of the emergent phenomena is the 'apparent' displacement of some structures (gliders) along the board. Although what manifests itself to our senses is the continuous movement of the glider, in reality the glider does not exist in isolation and what is displaced is a kind of wave of influence that propagates from one cell to the neighboring cells.

 
 

Friday, February 24, 2023

VIDA CONTEMPLATIVA. Elogio de la inactividad

 

Wassily Kandinsky's "Painting with Houses" from 1909. Wassily Kandinsky/Artists Rights Society (ARS), New York; via Mondex Corporation

 

A continuación viene la transcripción de este video, donde Claudio Álvarez Teran,  realiza un magnífico, y digno de ser transcrito, relevamiento del libro "VIDA CONTEMPLATIVA. Elogio de la inactividad", de Byung-Chul Han.

 

*    *    *

 

'Vida contemplativa' con el subtítulo 'elogio de la inactividad' es un libro del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, publicado en alemán en 2022 y en español en 2023.

En esta obra, Byung-Chul Han, aborda la creciente pérdida de nuestra capacidad de no hacer nada. Absorbidos completamente por la acción y el rendimiento y por lo tanto por una vida completamente explotada, percibimos la vida solo en términos de trabajo y de rendimiento. Interpretamos la inactividad como un problema que debe ser remediado cuanto antes.

Toda la existencia humana está siendo absorbida por la actividad, pero dice Han que no llegamos a entender que la inactividad no implica una incapacidad para la actividad o su rechazo o su mera ausencia, la inactividad tiene su propia lógica, su propio lenguaje, su propia temporalidad, su propia arquitectura, su propio esplendor, incluso la inactividad tiene su propia magia.

La inactividad no es una forma de debilidad ni una falta de algo, es una forma de intensidad diferente que nuestra sociedad no es capaz de percibir. La inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana, pero hoy esa perspectiva se ha debilitado hasta ser considerada una forma vacía de actividad.

Definir la inactividad por la falta de actividad es un error. En las relaciones de producción capitalistas a la inactividad la llamamos tiempo libre, es decir, un tiempo de descanso del trabajo de tal manera que la encuadramos dentro de la lógica de la actividad. Si la consideramos un derivado del trabajo, la inactividad se entiende como una forma funcional a la producción. Si así fuera, no se trataría en realidad de un tiempo libre, vivo, se trataría de un tiempo muerto. Pero el tiempo verdaderamente libre no pertenece al orden del trabajo y de la producción, por eso a la obligación de trabajar y rendir se le debe contraponer una política de la inactividad que sea capaz de producir un tiempo verdaderamente libre.

Lo que vuelve auténticamente humano al hacer es la cuota de inactividad que hay en él, porque es la inactividad la verdadera forma de lo humano. El callar le da profundidad al habla, sin silencio no hay música, solo ruido, allí donde solo reina el esquema de estímulo/respuesta, problema y solución, propósito y acción, la vida degenera solo en supervivencia. La vida solo recibe su resplandor de la inactividad. Sin la capacidad de la inactividad nos convertimos en máquinas que solo tienen que funcionar.

La acción forma parte de la historia, pero no es una fuerza formadora de cultura. El origen de la cultura no es la guerra, es la fiesta. El origen de la cultura no es el arma, sino el adorno. La cultura no se forma con caminos que van directo a la meta, por el contrario la cultura se forma por digresiones, desvíos y excesos.

Byung-Chul Han recurre a la fiesta del shabat para caracterizar a la fiesta en tanto comunidad. Durante el shabat, toda actividad debe cesar, no se permite seguir ningún negocio. La inactividad y la suspensión de la economía son esenciales para la fiesta del sabbat. El capitalismo en cambio, transforma hasta las fiestas religiosas en un negocio, un evento y un espectáculo. Las fiestas son hoy una forma de consumo, y en cuanto tal, no establecen comunidad. Guy Debord, en 'La sociedad del espectáculo', describe al presente como una época sin fiestas. Dice Debord: "esta época que exhibe ante sí misma su tiempo como si fuera el retorno de una multitud de festividades es una época sin fiestas, y un tiempo sin fiestas es un tiempo sin comunidad".

Hoy se habla de Community, pero eso se trata de una forma mercantil de comunidad. De ella no surge un nosotros, del mismo modo que la comunicación digital es una comunicación sin comunidad.

Junto con el de comunidad, otro rasgo constitutivo de la fiesta es el lujo. El lujo es un 'luxarse', es decir, un salirse, un desviarse de las necesidades de 'la pura vida'. El capitalismo absolutiza la supervivencia, y cuando la vida degenera en supervivencia el lujo desaparece. El trabajo y el rendimiento pertenecen al orden de la supervivencia. En el capitalismo incluso el lujo se consume. Adopta la forma de una mercancía. Nada de eso tiene que ver con la fiesta.

Para Theodor Adorno, el lujo es el símbolo de una felicidad auténtica, malograda por la lógica de la eficiencia y de la funcionalidad. Un tren de alta velocidad es un milagro de eficiencia, pero nada tiene que ver con el extinto esplendor del viaje en tren, el placer de viajar, las despedidas, las ventanas abiertas, las viandas, la sensación de gozar de un privilegio, todo eso ha desaparecido.

La verdadera felicidad surge de lo vano e inútil, lo reconocidamente poco práctico, lo improductivo. La verdadera felicidad surge de lo desmedido y lo superfluo, de las formas y los gestos inútiles que no sirven para nada. El pasear parsimoniosamente, comparado con el caminar o correr hacia algún lugar preciso, es un lujo. El ceremonial de la inactividad es hacer, pero hacer para nada. Este 'para nada', esta libertad respecto a una finalidad o una utilidad es la esencia de la inactividad, y es la forma fundamental de la felicidad.

La espera y la duda son otras dos figuras de la inactividad. Sin la duda, el andar humano se asemeja a una marcha. Como al ala de la mariposa, es la vacilación la que le otorga su encanto. La resolución o el apuro le quitan cualquier gracia. La fiesta se contrapone al trabajo en la medida que se libera por completo del 'para algo', de la finalidad, de la utilidad. El andar liberado del 'para algo', del 'caminar hacia alguna parte', se convierte en danza.

Cuando esperamos algo determinado, esperamos menos, y nos cerramos al acontecer inconsciente. Dice Maurice Blanchot, que la espera empieza cuando ya no hay nada que esperar, ni siquiera el fin de la espera, cuando la espera, no espera nada. La espera es la postura mental de quien está inactivo y contemplativo. La inactividad contemplativa diferencia al pensador del observador, que siempre persigue un objetivo concreto. El pensador no tiene un propósito, carece de un objetivo en mente.

El saber no logra reflejar la vida completamente, porque la vida completamente consciente es una vida muerta. Lo viviente no es transparente para sí mismo. El no saber como una forma de inactividad reaviva la vida.

El librepensador se está extinguiendo. Dado que falta tiempo para pensar, ya no se ponderan los pareceres divergentes, basta con odiarlos. Dice Nietzsche, anticipándose a nuestra realidad más de un siglo, "el libre pensador brilla en la inactividad", pero en ninguna otra época han cotizado más alto los activos y los desosegados, por eso dice Nietzsche que la civilización cae en una nueva barbarie. Nietzsche elevó la ignorancia al núcleo de la vida. Hay que tener voluntad de ignorancia. Sin esa clase de ignorancia la vida misma sería imposible. Es una condición para la cual lo vivo se conserva y crece. No habla Nietzsche de la voluntad de saber, sino de la voluntad de ignorar.

La obligación de actuar y la aceleración de la vida se están revelando como un eficaz medio de dominación. Si hoy ninguna Revolución es posible, quizás sea porque ya no tenemos tiempo para pensar.

Las prácticas rituales en las que la inactividad tiene un papel esencial, nos elevan por encima de 'la pura vida'. El ayuno y el ascetismo, se disocian terminantemente de la vida como supervivencia, de la urgencia y la necesidad de 'la pura vida'. Constituyen, ayuno y acetismo, formas del lujo, y es eso lo que les confiere su carácter festivo, es el reposo contemplativo lo que los destaca. El ayuno ritual renueva la vida. Al reactivar los sentidos, le devuelve a la vida su vivacidad. En cambio, cuando el ayuno se realiza por mandato de la salud, se pone al servicio de la mera supervivencia.

Las inactividades requieren de mucho tiempo. Exigen un rato largo, extenso, una intensa pausa de contemplación. Por esa razón, son raras las inactividades en una época de apuros y urgencias en la que todo se ha tornado de corto plazo, tan de corto aliento. Hoy se impone por todas partes la forma de una vida consumista en la que toda necesidad debe ser satisfecha de inmediato. No tenemos paciencia para una espera en la que algo pueda madurar lentamente. Lo único que cuenta, es el éxito veloz. Las acciones se acortan y se convierten en reacciones, las experiencias se rebajan a vivencias, los sentimientos se empobrecen en las formas de emociones y afectos.

Cada vez soportamos menos el tedio, y por eso perdemos la capacidad de tener experiencias. La inactividad es la condición de posibilidad de la experiencia. Quien está realmente inactivo no se afirma a sí mismo, se desprende de su nombre, se vuelve nadie. Sin nombre ni propósito se entrega entonces a lo que acontece.

Roland Barthes lo expresa en un haiku:


quietamente sentado

sin hacer nada

llega la primavera
y crece la hierba, sola


La inactividad, a la que Barthes llama pereza, produce un efecto de-subjetivizador, des-individualizante. La inactividad te desarma, el sujeto renuncia a sí mismo, se entrega a sí mismo a lo que sucede, cada acción se suspende en un acontecer sin sujeto. Esa sería la auténtica pereza, lograr en determinados momentos ya no tener que decir yo.

Hay que entender que la inactividad y la actividad no son contrarios. La actividad se nutre de la inactividad. Para Walter Benjamin, la inactividad es la partera de lo nuevo. Nos llega el tedio cuando no sabemos qué es lo que esperamos. Que supongamos saberlo, es la expresión de nuestra desorientación. El aburrimiento es el umbral de los grandes hechos. El aburrimiento es la cara visible del acontecimiento inconsciente. Sin él, no sucede nada.

El núcleo de lo nuevo no es la determinación de la acción, sino el acontecimiento inconsciente. La dialéctica de la inactividad la transforma en una zona indeterminada que nos capacita para producir algo que no ha existido nunca todavía. Sin esa zona que crea la dialéctica de la inactividad, sin ese umbral, todo se repite, igual.

Nietzsche reconoce también que los hombres inventivos viven distinto a los hombres activos. Precisan tiempo para que se despliegue su actividad, sin fines ni reglas prefijadas para los ensayos a tientas, cosa que no es posible para los que actúan por utilidad. Los activos creadores se diferencian de los creadores útiles porque hacen, pero hacen, para nada. Es precisamente esa parte de inactividad en la actividad la que facilita que surja algo completamente distinto, que surja algo que aún no existe.

Solo el silencio nos permite decir algo inaudito. La obligación de comunicar todo el tiempo, por el contrario, nos conduce a la reproducción de lo igual, al conformismo. Gilles Deleuze, dice que el problema no es conseguir que la gente se exprese, sino poner a su disposición vacuolas de soledad y de silencio a partir de las cuales poder llegar a tener algo que decir. Actualmente las fuerzas represivas no impiden expresarse a nadie, al contrario, nos fuerzan a expresarnos. Qué tranquilidad supondría no tener nada que decir, contar con el derecho de no decir nada, porque tal es la condición para que se configure algo raro que merezca la pena ser dicho.

La inactividad es pues el umbral de un hecho inaudito, de un hecho nunca dicho. Cuando la obligación de producir se adueña del lenguaje, el lenguaje se pone en modo trabajo y se degrada a mero portador de información, y a solo ser un medio de comunicación, y el ruido de la comunicación destruye el silencio, que es fundamental en la capacidad contemplativa del lenguaje.

La información es la forma de actividad que adopta el lenguaje. Un lenguaje activo es información, en cambio, es en la poesía donde el lenguaje se pone en modo contemplativo. Allí se desactivan sus funciones comunicativas e informativas, pero nosotros los activos casi no leemos poemas, aturdidos por la información y la comunicación, nos alejamos de la poesía como contemplación, e incluso comenzamos a odiarla.

El capital es actividad en estado puro, es la trascendencia que se apodera de la inmanencia de la vida y la explota por completo. Separa, de la vida, una vida desnuda que funciona. La libre competencia, según Karl Marx, no es otra cosa que la relación del capital consigo mismo, como otro capital. Mientras competimos entre nosotros en libre competencia, el capital se propaga. En ese mecanismo, solo el capital es libre, no los individuos. Los individuos se creen libres, pero son en el fondo órganos reproductores del capital cuya propagación facilitan. Así, de este modo, el exceso neoliberal de libertad y rendimiento no es otra cosa que un exceso de capital.

Byung-Chul Han, realiza una crítica al pensamiento de Hannah Arendt, porque el pensamiento de Arendt se centra en la acción como fuerza consustancial de la condición humana. Para Arendt, la acción hace la historia. Arendt considera al siglo 20 como una época de la acción, en la que el ser humano actúa sobre la naturaleza, sometiendola por completo, pero con un problema: no se pueden prever sus consecuencias. El antropoceno es el resultado del total sometimiento de la naturaleza a la acción humana. La naturaleza pierde toda autonomía y dignidad, y se convierte en un mero apéndice de la historia humana.

El verbo de la historia es actuar, pero según la mirada de Walter Benjamin, la historia humana es un apocalipsis continuo, un apocalipsis sin un acontecimiento inesperado, un apocalipsis como fruto de la continuidad del seguir sucediendo, la continuidad de lo igual. Incluso lo más nuevo resulta ser siempre lo mismo. Igual. Para Benjamin, la solución consiste en la radical interrupción del ahora. Solo la inactividad podría poner coto a la acción humana que dirige a la historia inevitablemente hacia el Apocalipsis.

Años antes de que Hannah planteara su idea sobre la centralidad de la acción en la condición humana, Heidegger, plantea, que al contrario de la acción, que empuja hacia adelante, la meditación, como dimensión de la contemplación, nos conduce de vuelta a donde ya estamos desde siempre. La meditación es una capacidad que no actúa. Supone la pausa como interrupción, como inactividad más allá de toda acción. La meditación inactiva se relaciona con la magia del ahí, un ahí que se encuentra demasiado cerca de nosotros, más cerca que el objeto más cercano.

Heidegger plantea la figura de la espera como superadora de todo rendimiento y de los éxitos que de ello puedan derivarse. Solo en la pausa de la espera, una espera sin propósito, el ser humano advierte aquel espacio en que se encuentra desde siempre. Pero ese 'ahí' no se lo detecta ni con el pensamiento ni con la contemplación. El 'ahí' se manifiesta de manera pre-reflexiva, previamente a dirigir mi atención hacia un objeto ya me encuentro en un mundo determinado. Se trata de lo que va a llamar 'el estado de ánimo'.

'El estado de ánimo', es una disposición afectiva que precede a toda intencionalidad referida a los objetos. No se trata de un estado subjetivo que trasciende al mundo objetivo. El estado de ánimo, es 'el mundo'. Es lo que nos revela el 'ser ahí'. El 'Dasein', como le llama Heidegger. Nosotros no podemos disponer del estado de ánimo, es algo que aparece, no podemos provocarlo voluntariamente. Ocurre. Somos arrojados a él. Por lo tanto, no es la acción la que determina nuestro ser en el mundo, lo que determina a nuestro ser es nuestra condición de ser arrojados. Un estado que precede a toda actividad y que resulta determinante para la acción. Por lo tanto, las acciones y actividades no son totalmente libres y espontáneas.

Lo mismo pasa con el pensamiento, el estado de ánimo le da al pensar una dirección, sin estado de ánimo, sin ese plano pre reflexivo, el pensar no tiene rumbo. Heidegger da por sentado que el pensamiento es un 'pathos', una emoción, un sentimiento, un sufrimiento, por esa razón, dice Han, la Inteligencia Artificial no puede pensar, porque no está capacitada para el 'pathos', la máquina no puede ser alcanzada por el sufrimiento ni el padecimiento. A las máquinas les es ajena toda actividad contemplativa, solo conocen dos estados: encendido y apagado.

La crisis actual consiste en que todo lo que podría darle sentido y orientación a la vida se está derrumbando. La vida ya no se apoya en nada que lo sostenga. La vida nunca fue tan escurridiza, pasajera y mortal como hoy. El corazón humano no puede brindar hoy ningún refugio a la perennidad. Si el corazón es el órgano del recuerdo, en la era digital estamos absolutamente desprovistos de corazón. Almacenamos enormes cantidades de datos, pero sin recordar. Nos apartamos de cualquier forma de 'para siempre'. Rechazamos todas las prácticas que toman mucho tiempo, como la fidelidad, la responsabilidad, la promesa, la confianza, el compromiso.

La vida está gobernada por el corto plazo, por lo provisional e inconstante. El tiempo se descompone en una mera sucesión de puntuales presentes. El tiempo se está volviendo aditivo, y en esa sumatoria, no es posible ninguna narración que pueda detenerlo, dándole la forma de una estructura. El ser humano es un animal que narra, pero hoy nuestra vida no está siendo determinada por un relato vinculante, coercitivo, que nos pueda dar sentido y orientación. Las informaciones poseen un margen de actualidad muy estrecho, nos precipitan en un Frenesí de actualidad. Quizás estemos bien informados, pero carecemos de la orientación que nos da un relato.

Si como dice Nietzsche, la felicidad humana depende de que haya una verdad indiscutible, entonces estamos desprovistos de felicidad, porque las informaciones dominantes son incapaces de construir una narración de verdad.

El ser tiene una dimensión temporal, crece a lo largo del tiempo y lentamente, por eso el cortoplacismo actual desmantela al ser. Las informaciones constituyen el grado absoluto de falta de ser. Hoy han desaparecido las arquitecturas temporales de nuestra vida. Son los rituales y las fiestas, esas arquitecturas temporales desaparecidas, las que colocan andamios al tiempo y le dan estabilidad.

Actualmente el mundo es muy pobre en el plano de los símbolos capaces de fijar ejes temporales estables. Lo simbólico influye de manera inmediata en la percepción, en los niveles emocionales y estéticos, influye sobre nuestro comportamiento y pensamientos. Los símbolos producen cosas comunes que hacen posible el 'nosotros', que dan forma a una sociedad cohesionada. Solo a partir de lo simbólico se construye el sentir compartido, el 'syn-pathos'.

La comunidad es una totalidad que se transmite simbólicamente. El vacío simbólico narrativo de nuestro tiempo conduce a la segmentación de la sociedad. En el vacío simbólico la sociedad se divide en individuos indiferentes ante la carencia de lo asociativo y vinculante.

Platón nos explica en su diálogo 'Simposio' lo que es un símbolo: los humanos eran en su origen seres esféricos, pero como los humanos se volvieron demasiado arrogantes y poderosos, los dioses los dividieron en dos partes. Desde ese momento, cada parte aspira a reunirse con su otra mitad. Ese trozo faltante, en griego, se llama 'symbolon'.

El ser humano en cuanto 'symbolon' anhela una totalidad sana y sanadora. Este anhelo es el amor. Sin el ordenamiento simbólico somos trozos, fragmentos. En el régimen neoliberal del rendimiento no se construye ningún 'nosotros', solo se pretende incrementar la productividad aislando a las personas y entregándolas a una brutal competencia.

Aislamiento y soledad conducen a la falta de ser. Porque 'ser', es 'ser con'. La digitalización desmantela al ser en cuanto 'ser con'. Estar conectado no es lo mismo que estar vinculado. Con la ayuda de la conexión digital hacemos del otro, del tú, un hecho a disposición, lo cual conduce a una soledad primordial. El otro, es un objeto consumible que satisface nuestras necesidades, sin necesidad de una vinculación intensa, por eso es que a pesar de la creciente conexión y conectividad estamos más solos que nunca.

Ante la falta de ser se provoca un exceso de producción. La hiperactividad y la hipercomunicación actuales pueden entenderse como una consecuencia de la falta de ser reinante. Suplantamos la falta de ser con crecimiento material.

El capitalismo se funda en la ilusión de que más capital produce más vida, más capacidad de vivir, pero esa vida es una vida desnuda, solo supervivencia. Ese sentimiento de falta nos impulsa a realizar acciones, y ya hemos visto que quien actúa con determinación, no contempla. El conocimiento de que la felicidad más elevada se debe a la contemplación, se nos ha escurrido entre los dedos.

El trabajo desconecta y aísla a las personas, la absolutización del rendimiento desmantela al ser en cuanto 'ser con'
. La fiesta, por el contrario, crea comunidad, reúne y une. El sentimiento de festividades siempre es un sentimiento de comunidad, un sentimiento de 'nosotros'.

Byung-Chul Han, retoma el tema de la fiesta judía del sabbat. En la fe judía, hay dos conceptos que son sagrados, Dios y shabat. Dios es sabbat. La creación del ser humano no es el último acto de la creación. La creación culmina con el reposo del sabbat. "Al llegar el sabbat llega el reposo, entonces concluyó y fue completada la obra de la creación", reza la Torah. No se trata solo de que el reposo del sabbat sigue a la creación, más bien se trata de que con él la creación llega a su término. El reposo es factor esencial de la creación. Divino es el reposo. La inactividad es divina.

Sin el reposo, el ser humano pierde lo divino, pero Hannah Arendt no piensa lo mismo, dice que en la acción y no en el reposo es donde encontramos satisfacción. Para ella la creación no culmina en el sabbat, sino en la creación de la libertad humana basada en la acción. Para Arendt, no es que antes de la creación no hubiera nada, sino que no había nadie, y la creación de un ser humano como un 'alguien', coincide con la creación de la libertad. Y para Arendt el ser humano se convierte en 'alguien' en la medida que actúa.

En una sociedad de singularidades, en la que todos nos consideramos único, lo que se evoca hoy, es la creatividad y la autenticidad
. La vida activa se manifiesta como vida performativa, y lo nuevo se está reavivando. De lo antiguo, en cambio, se desconfía.

En el régimen neoliberal, la vieja sociedad de masa se transforma en una sociedad del rendimiento. La dominación adopta una forma inteligente y se expresa como una constante exhortación a rendir más, y esta coacción hacia el rendimiento es interpretada desafortunadamente como un aumento de la Libertad.

En el romanticismo, la libertad se desvincula del 'sí mismo'. La libertad no se expresa como énfasis en la acción, sino como pasividad. La acción da paso a la escucha. Ser libre para el romanticismo significa reunirse con la infinitud de la naturaleza y vivir con las cosas de la naturaleza. La idea de libertad del romanticismo se presenta como un correctivo o incluso como un antídoto contra la libertad individual actual. La libertad romántica no se basa en el quererse, sino en el 'ser con', en el 'querer con'.

La romantización del mundo le devuelve a éste su encanto, su magia, su misterio y hasta su dignidad. El momento en que la libertad se torna naturaleza es un instante religioso. La naturaleza le abre los ojos al sujeto, que se cree libre, y lo capacita para la contemplación. Lo auténticamente romántico es el instante en que el sujeto frente a la naturaleza renuncia a su soberanía y rompe a llorar.

Hoy vivimos la era de la permanente auto-producción y auto-escenificación narcisista. La religión pierde su fundamento, puesto que el desprenderse de uno mismo es un acto constitutivo de la experiencia religiosa, y hoy, lejos estamos de ese desprendimiento. La auto-producción, finalmente ha resultado ser más dañina que el ateísmo para la religión.

La crisis actual de la religión, no puede atribuirse simplemente al hecho de que hayamos perdido toda fe en Dios, ni tampoco a que nos hayamos vuelto desconfiados a determinados dogmas religiosos. Esta crisis apunta a que estamos perdiendo cada vez más la capacidad contemplativa. La creciente obligación a producir y comunicar dificulta la pausa contemplativa. La religión requiere de una atención particular. La crisis de la religión es finalmente una crisis de atención.

Quien se produce, quien se exhibe, es incapaz de escuchar y de contemplar
.

El tiempo de la fiesta, es un tiempo detenido, porque transitamos por la fiesta, y solo podemos transitar por algo que está detenido. Quien actúa, en cambio, tiene objetivos y esos objetivos lo llevan a ir hacia algún lado, o aspirar a algo, que son formas del andar. Quien solo actúa no está capacitado para el tránsito festivo que detiene el tiempo. Solo en la inactividad nos percatamos del suelo que pisamos y del espacio que ocupamos.

Cuando la vida se pone en modo contemplativo vuelve a montarse sobre su secreta razón de ser.