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Thursday, March 7, 2024

I_diotez A_rtificial

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"...los valores del amor son algo que jamás experimentará una máquina.."

[Ana Campos]


Antes de hacerme neo-ludita, estuve por décadas interesado en la IA. Antes de darme cuenta de que el conocimiento puede desarrollarse sin límite sin necesidad de una expansión material, pensaba que desarrollar la IA era nuestro deber para poder preservar y expandir el mucho conocimiento científico y artístico alcanzado, que de otro modo se perdería dada la debilidad humana.

Recientemente, leí al neuro-científico Antonio Damasio, que me enseñó la importancia del sustrato físico para el desarrollo de emociones: hasta el arcaico gesto de afecto que supone la contracción del flagelo de una ameba cuando éste percibe una agresión, está de alguna manera en el fondo de un inmenso legado acumulativo de evolución emocional que dio lugar finalmente a nuestra mente consciente. Por ello, sin un sustrato físico como el orgánico, nunca habrá una inteligencia artificial como la humana. Es precisamente la debilidad humana, ligada a ese sustrato y de la que queremos deshacernos con el desarrollo tecnológico, lo que nos hace sensibles e inteligentes ... vamos pues, con la IA, justo al revés para propiciar una verdadera evolución artificial cognitivo-emocional.

También descubrí recientemente cómo la consciencia (en humanos y en otros seres vivos) podría estar orquestada por entrelazamiento cuántico. Así como la fotosíntesis y la magnetorrecepción de aves son facilitadas por la "claridad" que emerge de conjuntos de partículas compartiendo o coordinando la indecisión o "turbiedad" de sus estados cuánticos (entrelazamiento), ya hay indicios fundados de que esto mismo podría estar ocurriendo en la emergencia de la claridad creativa del cerebro. Si así fuera, la mente no sería computable, y del mismo modo que la vida en sí misma, no reducible a un algoritmo.

Se podría alegar que una computadora cuántica sí es en potencia una máquina con alma o creatividad genuina, pero lo que veo es que la computación cuántica también ha entrado en rendimientos decrecientes. La dificultad de mantener entrelazados entre sí a todos los cubits de un computador cuántico actual crece exponencial con el número de cubits, por eso hoy en día no tenemos una computadora cuántica con más de unas pocas decenas de cubits entrelazados, y me temo que sin un sustrato molecular que permita un entrelazamiento cuántico tan fino como el alcanzado por algunas estructuras biológicas, no va a ser posible tener una computadora cuántica decente.

Se tiende a legitimar a la IA y a otras tecnologías de vanguardia apelando a la "neutralidad tecnológica": en buenas manos y dándole un buen uso, no son malas. Pero la tecnología es neutra hasta que su complejidad llega a un umbral de no retorno, a partir del cual, su aumento de complejidad solo puede ir en detrimento de la complejidad de Gaia. Para profundizar en todo esto recomiendo leer por ejemplo a Adrián Almazán.

Pensemos en las redes de suministro globales y en las economías de escala, las tierras raras se extraen en América del Sur o África y luego van a las refinerías chinas, las impresoras que imprimen micro-chips se construyen en Holanda y sólo 3 o 4 gigafactorías en todo el mundo se pueden permitir adquirirlas para imprimir micro-chips en Corea de Sur o en Taiwan, y se lo pueden permitir porque producen a gran escala para así reducir costes ...

Sin el desarrollo del capitalismo y el auge de la cultura del consumo hedonista masivo, inoculada en una población siempre creciente, nunca se habría desarrollado toda esa especialización y complejidad mercantil que ha conducido a tanta complejificación tecnológica. Sin el concurso de la ambición, toda esa bien intencionada motivación de científicos e ingenieros orientada a mejorar la vida humana habría quedado en nada. Y sin el concurso de una masa consumista creciente y materiales y energía abundantes y baratos (justo de lo que va a haber cada vez menos por la multicrisis de escasez), la tecnología compleja tiene los días contados ... por suerte ...

La posibilidad de poder hacer más cosas o de hacerlas de manera más eficiente (con el aumento de la complejidad tecnológica) nos lleva a eso: a hacer más cosas, con el consiguiente uso añadido de energía y materiales e impacto ambiental adicional. Esto es el famoso efecto rebote o paradoja de Jevons.

Pero el dogma de que el aumento de la eficiencia y la complejidad tecnológica deba seguir siempre la lógica de los rendimientos crecientes también está viniéndose a bajo. La complejidad del sistema humano ha crecido exponencial, pero nuestro cerebro apenas cambió en 100.000 años, y el sistema industrial requiere de un control humano cada vez más difícil, ya que cada vez cuesta más profundizar más allá de la mera especialización de cada uno, y cada vez hay más 'especialidades' a controlar o coordinar ... todo esto, sumado a la pérdida de biorrecursos y a la escasez energética/material creciente (todo derivado del sobrepasamiento de la empresa humana) lleva a rendimientos decrecientes y negativos de la complejidad.

A veces he visto cómo gente de ideología marxista (en su derivada posmoderna/prometeica) babea con la IA y con otros caramelitos tecnológicos presentados por la narrativa dominante. Es normal el apego a esta narrativa por parte de la mayoría neo-liberal posmoderna (liderada por figuras como Yuval Harari, Bill Gates, ...), o por parte de arcaico-liberales (neoconservadores, ahora autoproclamados libertarios), pero el apego a los sueños tecnolófilos por parte de una gran mayoría de la izquierda opulenta supone un gran factor limitante para poder alcanzar una masa crítica concienciada hacia un cambio sistémico global.

Se sueña con la singularidad tecnológica como la herramienta definitiva para acabar con la injusticia en el mundo. Una IA orgánica en equilibrio con Gaia y que además consiga mantener todos nuestros satisfactores industriales actuales y extenderlos a la mayoría de esos 8 mil millones que aún no los tienen. Pensamiento mágico en estado puro.

El desarrollo tecnológico nunca dará lugar a un sistema artificial que se comporte de manera orgánica y en encaje con la biosfera, por muchos motivos, en especial, debido al principio de máxima potencia, un sistema orgánico artificial que se puede desarrollar al margen de los límites de autorregulación de la biosfera (por tener sustrato artificial), se extenderá sin límites y tenderá a acaparar toda la energía entrante en el sistema para convertirse en la estructura disipativa única, es decir, acabará con la estructura disipativa biosfera por pura competición con ella.

En otras palabras, si dejamos que el poder de la IA siga aumentando, su falta de neutralidad aumentará con ello porque se perderá la posibilidad de que esté en manos de alguien, ya sean malas o buenas manos, ya que la IA será completamente autónoma, y el claro desenlace de esto es el final de la vida orgánica en la Tierra.

Y por este motivo, por puro amor hacia Gaia, a pesar de venir de décadas de ofuscamiento tecnolófilo, yo me terminé interesando por el anarco-primitivismo, y sí, ahora por fin me declaro sin pudor neo-ludita absoluto.

Saludos

PD: Mi interés por el anarco-primitivismo y neo-ludismo es solo teórico, ya que en la práctica sigo anclado a la vida de yonqui tecno-industrial, y sin perspectivas reales de abandonarla ...

 

Tuesday, September 20, 2022

TAO PARA RECUPERAR A GAIA

 

 
Conjunto de Mandelbrot

 

Filosofía Tao

Wu wei y Ziran son dos conceptos relacionados y complementarios dentro de la filosofía taoísta, Wu wei puede verse como el lado "negativo" del tao, con el Ziran oponiéndose a él, como el "positivo".

Wu Wei suele traducirse simplemente como acción sin acción o no acción. Por desgracia, a veces la gente piensa que wu wei significa ser pasivo o no hacer nada. Cuando en realidad wu wei es un proceso muy activo. Un taoísta está siempre actuando y no actuando ... la vida es una danza entre ambos extremos. Esta danza es wu wei. Significa ser consciente, en acción, extendiendo los sentidos para ser parte del universo mayor.

El Wu wei también ha sido traducido como "quietud creativa" o el arte del "dejando ser". Esto no supone un desdén de la razón, más bien es una manera de entender (o sea, usando la razón) que el Tao está dentro de todas las cosas y seguir el "camino" por el que las cosas fluyen conectadas.

A medida que uno disminuye su "hacer" (aquí entendemos "hacer" como las acciones intencionales encaminadas a beneficiarnos o dirigidas a cambiar o apartar el mundo de su estado y evolución natural) uno disminuye todas las acciones cometidas contra el Tao, contra la armonía natural pre-existente.

Ziran es un concepto clave en el taoísmo que literalmente significa 'por sí mismo, a su manera' o también 'naturalmente, espontáneamente, durante el curso de los acontecimientos'. Ligado cercanamente a la práctica del wu wei, o la acción sin esfuerzo, ziran puede verse como el lado positivo del tao, con el wu wei oponiéndose a él, como el negativo.

Ziran, enlaza con otra creencia taoísta, que especifica que todas las cosas existen a causa de las cualidades que poseen, y no a causa de que fueran creadas por ningún ser para lograr un objetivo o una meta. Lo único que un ser debe ser cuando existe en conformidad con ziran es en última instancia, natural, no afectado por influencias artificiales.

En síntesis, y esto ya es de mi cosecha, Ziran viene a decir que la vida no es reducible a un algoritmo (el prejuicio de Yuval Noah Harari y sus acólitos milmillonarios tecnolófilos, transhumanistas), mientras que Wu wei sería la postura adquirida por el ser vivo consciente de su condición de "vivo" como una cualidad no diseñable por parte de un  programador (ya sea Dios o el mesías Bill Gates).

Ziran sería el motor que mueve a todo organismo, desde una célula hasta un pluricelular complejo a mantener su homeostasis entendida como una condición alejada del equilibrio (el equilibrio es muerte). Pero el imperativo homeostático lleva al organismo a una búsqueda constante de mejora y bienestar. En ese sentido, dados los rendimientos decrecientes y negativos y la pérdida de felicidad y bienestar real que nuestro modelo económico nos está reportando hoy día, podríamos concluir que éste modelo actual se encuentra lejos de la homeostasis y dirigiéndose a un estado de demasiado equilibrio (muerte o sumidero) del que será difícil salir.

Así, un ser complejo pluricelular no es resultado de un diseño, cada una de sus partes o células tiene "telos" (propósito o fin homeostático, Antonio Damasio lo llama "conatus"), y la clave de la evolución hacia la complejidad y el bienestar es que las partes más simples delegan parte de su 'telos' para configurarse en un organismo superior. Es la simbiogénesis de Lynn Margulis. Algo que emerge del sistema que no se explica como suma o producto de sus partes y por tanto no es "diseñable", como el reduccionista pensamiento lineal quiere hacernos ver. Una sinfonía que se forja a un ritmo muy lento, en el que las 'notas' y los 'silencios' son igual de importantes.

Pero Ziran implica algo más profundo, y es que las membranas que creemos separan a unos organismos de otros solo son límites entre un escala u otra del mismo fractal. Los organismos no evolucionan al margen de la homeostasis del propio ecosistema en el que están inmersos. El ecosistema también tiene 'telos', tiene ziran. Y las fronteras que separan ecosistemas son en realidad canales de comunicación que les hacen conformar al organismo superior, Gaia. Gaia tiene ziran.


Tao y Agricultura Natural

Masanobu Fukuoka ideó una forma de cultivo a la que llamó "agricultura natural", que no sólo configuró filosóficamente, sino que también practicó a través del llamado método Fukuoka. Este método personal traspasó las fronteras del Japón y terminó configurando una referencia dentro de la agricultura natural y de la permacultura en el mundo.

El método de Fukuoka persigue reproducir las condiciones naturales tan fielmente como sea posible. Sus practicantes afirman que el suelo se enriquece progresivamente y la calidad de los alimentos cultivados aumenta, y todo ello sin esfuerzo.

Su sistema se basa en respetar, e incluso potenciar, los ciclos naturales, de manera que estos aseguran una mejor calidad del crecimiento de las plantas. Mediante sencillas intervenciones en el momento adecuado, permite reducir considerablemente el tiempo de trabajo. Estas intervenciones se basan en la interacción de biosfera y suelo.

Principios de trabajo de Fukuoka:

  • No arar: de esta forma se mantiene la estructura y composición del suelo con sus características óptimas de humedad y micronutrientes.
  • No usar abonos ni fertilizantes: mediante la interacción de los diferentes elementos botánicos, animales y minerales del suelo, la fertilidad del terreno de cultivo se regenera como en un ecosistema no perturbado.
  • No eliminar malas hierbas ni usar pesticidas: estos últimos destruyen los microorganismos del suelo. Fukuoka propone una interacción entre plantas que enriquece y controla la biodiversidad del suelo. La presencia de insectos puede equilibrarse en un cultivo.
  • No podar: dejar a las plantas seguir su curso natural.
  • Sembrar mediante bolas de arcilla llamadas Nendo Dango.


Estos radicales principios de trabajo se basan en la filosofía Wu Wei: no hacer, o, más exactamente, no intervenir o forzar las cosas.

Tao y recolección silvestre

Añadamos a los principios de Fukuoka:

  • No sembrar.
  • Recolectar de muros para afuera ... y ya puestos, eliminar los muros del huerto.
  • En lugar de tratar de emular un micro-cosmos gaiano en nuestro huerto, hacer de todo Gaia nuestro lugar de exploración, aprendizaje y recolección (desde los principios de la frugalidad y suficiencia, respetando sus ritmos, sin interferir en sus ciclos, sin explotarla, claro).


Las variedades silvestres, de las que nosotros en su día seleccionamos las domesticadas, son mucho más nutritivas por el mero hecho de que se han dotado de más propiedades y más complejas para subsistir en un ambiente más complejo e infinitamente más diverso. Al domesticarlas en un ambiente mucho menos complejo y dejar de servirles todas esas propiedades, muchas de ellas se perdieron.

Obviamente, hoy día, debido al sobrepasamiento humano, una vida sustentada en la recolección silvestre no es escalable para todos, ni tan siquiera para una minoría, no obstante, sí veo interesante recuperar ese conocimiento y practicarlo, no ya como método de supervivencia, sino como método de desarrollo humano y comunitario en los términos taoístas, para que el ego deje de ser una barrera entre el humano y Gaia, entre el humano y el humano, entre el humano y su propio interior, y pase a ser de nuevo un canal de comunicación y enriquecimiento entre todas esas entidades.
 


Monday, June 28, 2021

COCINANDO NUEVOS MITOS

 

[El Juego de la vida de Conway demuestra que incluso a partir  de un conjunto muy simple de leyes pueden emerger estructuras autorreplicantes y características análogas a las de la vida inteligente]


Si somos parte Gaia, y parte individuos, la autoconsciencia pasa por saberse parte individuo, pero también saberse parte de Gaia. Pero, ¿cómo hacerlo de manera que nos podamos deshacer de esa "dualidad imaginada"? Para lograrlo, el observador se ha de colocar en el centro del fractal gaiano: cuando observa su propio sistema, está mirando al fractal hacia dentro, y cuando observa a Gaia, está observando el fractal hacia fuera, pero la estructura observada se conserva tanto hacia dentro como hacia fuera. Y una vez visto así, ni siquiera hay "dentro" o "fuera".

El objeto de la "meditación" no es "sublimar al ser", en el sentido de trascender al cuerpo (a Gaia en definitiva). Este sería el uso afianzado durante la era axial por parte de la mayoría de religiones. Solo algunas pocas tradiciones (budismo, taoísmo) se han aproximado a la visión de que la observación del propio cuerpo podría actuar como revulsivo para re-aprender a funcionar como canales de comunicación directa con Gaia.

Inventemos una receta. Propongo unos ingredientes y que cada cual vea cómo emulsionarlos:

"A su vez, pueden emerger niveles con cualidades distintas, por ejemplo, la autoconciencia de algunos mamíferos y aves, que termina siendo un salto de nivel que escapa ya a la biología (la psicología sería una emergencia de la biología, al igual que la biología es una emergencia de la química): física-biología-psicología, o física-biología-música, en cada escala interna de la realidad emergen propiedades complejas, hay jerarquías anidadas en otras jerarquías (así, la biología tiene una evolución de jerarquías, pero el universo tiene evolución jerárquica dentro de cada jerarquía)." [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia", 2019, páginas 93:94].

"Antes de la era axial, los objetos se describían lingüísticamente según su actividad. Con el inicio de la era axial, el énfasis se pone en los atributos estáticos de los objetos, omitiendo referencias a procesos orgánicos. En otras palabras, tuvo lugar una cosificación en la que las mentalidades (como por ejemplo la ética) se alejaron del discurso basado en el contexto para ir hacia una orientación más abstracta y descontextualizada. [...] Una relación personal y directa con una realidad espiritual suprema fue un fenómeno que ratificó el colapso de la comunidad. El desarrollo de la identidad religiosa del individuo, en contraposición al lugar que éste ocupa dentro de la tribu y el mundo natural, era característico de la conciencia axial. La personalización de un viaje espiritual y un distanciamiento del mundo terrenal moldearon sucesivamente las sociedades humanas. Estas innovaciones negaron y suprimieron las tradiciones indígenas, a la vez que implícitamente fomentaron la ilusión de estar huyendo de la civilización. La trasformación interior y su 'camino ascendente' derivaron en un divorcio entre espíritu y cuerpo, el nirvana separado del samsara. La alienación mediante el yoga, el ascetismo negador de la existencia, etc., eran profundamente duales, prácticamente sin excepción. [...] El taoísmo también formó parte de esta era de convulsión, ofreciendo un camino de distanciamiento y misticismo, pero a la vez conservando trazas de las tradiciones espirituales animistas. De hecho, el taoísmo primitivo era una religión activista, con algunos de sus 'rebeldes legendarios' involucrados en la resistencia contra las nuevas tendencias estratificadoras, a favor de restablecer una Edad de Oro sin clases."
[John Zerzan, "El Crepúsculo de las Máquinas", 2016, "El férreo control de la civilización: la era axial" (capítulo 4)].

"Así, desde la revolución cognitiva, los sapiens han vivido en una realidad dual. Por un lado, la realidad objetiva de los ríos, los árboles y los leones; y por otro, la realidad imaginada de los dioses, las naciones y las corporaciones. A medida que pasaba el tiempo, la realidad imaginada se hizo cada vez más poderosa, de modo que en la actualidad la supervivencia de ríos, árboles y leones depende de la gracia de entidades imaginadas tales como dioses, naciones y corporaciones. [...] En consecuencia, desde la revolución cognitiva Homo sapiens ha podido revisar rápidamente su comportamiento de acuerdo con las necesidades cambiantes. Esto abrió una vía rápida de evolución cultural, que evitaba los embotellamientos de tránsito de la evolución genética. Acelerando a lo largo de esta vía rápida, Homo sapiens pronto dejó atrás a todas las demás especies humanas y animales en su capacidad de cooperar. [...] en un mismo ambiente los animales de la misma especie tienden a comportarse de manera similar. Los cambios importantes en el comportamiento social no pueden darse en general sin mutaciones genéticas. Por ejemplo, los chimpancés comunes tienen una tendencia genética a vivir en grupos jerárquicos encabezados por un macho alfa. Una especie de chimpancés estrechamente emparentada, los bonobos, viven por lo general en grupos más igualitarios dominados por alianzas entre hembras. Las hembras de chimpancé común no pueden tomar lecciones de sus parientas bonobos y organizar una revolución feminista. Los machos de chimpancé no pueden reunirse en una asamblea constituyente para abolir el cargo de macho alfa y declarar que a partir de ahora todos los chimpancés tendrán que ser tratados como iguales. Estos cambios espectaculares de comportamiento solo se darían si algo cambiara en el ADN de los chimpancés. Por razones similares, los humanos arcaicos (previos al sapiens) no iniciaron ninguna revolución. Hasta donde podemos decir, los cambios en los patrones sociales, la invención de nuevas tecnologías y la colonización de hábitats extraños resultaron de mutaciones genéticas y de presiones ambientales más que de iniciativas culturales. Esta es la razón por la que a los humanos les llevó cientos de miles de años dar estos pasos. [...] Sin una capacidad para componer ficción, los neandertales eran incapaces de cooperar de manera efectiva en gran número, ni pudieron adaptar su comportamiento social a retos rápidamente cambiantes. [...] el cazador-recolector medio tenía un conocimiento más amplio, más profundo y más variado de su entorno inmediato que la mayoría de sus descendientes modernos. Hoy en día, la mayoría de las personas de las sociedades industriales no necesitan saber mucho acerca del mundo natural para sobrevivir. ¿Qué es lo que uno necesita saber realmente para arreglárselas como ingeniero informático, agente de seguros, profesor de historia u obrero de una fábrica? Necesitamos saber mucho acerca de nuestro minúsculo campo de experiencia, pero para la inmensa mayoría de las necesidades de la vida nos fiamos ciegamente de la ayuda de otros expertos, cuyos propios conocimientos están asimismo limitados a un diminuto campo de pericia. El colectivo humano sabe en la actualidad muchísimas más cosas de las que sabían las antiguas cuadrillas. Pero a nivel individual, los antiguos cazadores-recolectores eran las gentes más bien informadas y diestras de la historia. Existen algunas pruebas de que el tamaño del cerebro del sapiens medio se ha reducido desde la época de los cazadores-recolectores. En aquella época, la supervivencia requería capacidades mentales soberbias de todos. Cuando aparecieron la agricultura y la industria, la gente pudo basarse cada vez más en las habilidades de los demás para sobrevivir, y se abrieron nuevos 'nichos para imbéciles'. Uno podía sobrevivir y transmitir sus genes nada especiales a la siguiente generación trabajando como aguador o como obrero de una cadena de montaje. Los cazadores-recolectores dominaban no solo el mundo circundante de animales, plantas y objetos, sino también el mundo interno de sus propios cuerpos y sentidos. Escuchaban el más leve movimiento en la hierba para descubrir si allí podía acechar una serpiente. Observaban detenidamente el follaje de los árboles con el fin de descubrir frutos, colmenas y nidos de aves. Se desplazaban con un mínimo de esfuerzo y ruido, y sabían cómo sentarse, andar y correr de la manera más ágil y eficiente. El uso variado y constante de su cuerpo hacía que se hallaran en tan buena forma como los corredores de maratón. Poseían una destreza física que la gente de hoy día es incapaz de conseguir incluso después de años de practicar yoga o taichi."
[Yuval Noah Harari, "Sapiens, de animales a dioses", 2016, páginas 46:49, 65:66]

Si "la psicología sería una emergencia de la biología", la tendencia del Cosmos (al menos en su etapa actual) es a desarrollar sistemas autoperceptivos. Para bien o para mal, el Homo sapiens, desarrolló la capacidad de observar además realidades imaginadas (mitos), y así, creó el ego, creó el cuerpo, y creó la barrera entre ambos. Mientras Homo sapiens no mute, su única opción como especie es aprender a dar un uso útil a su capacidad genética de imaginar realidades. Imaginemos pues que podemos ver el Cosmos dentro de una gota de agua, o dentro de nosotros. Para mí, la siguiente emergencia sistémica o evolución jerárquica es que la autopercepción del individuo equivalga a la autopercepción del propio Cosmos. Las neuronas transfieren su telos al cerebro para lograr que éste se autoperciba, pero el Cosmos (¿Gaia?), ¿transfiere telos hacia los seres pensantes para poder autopercibirse?

¿Tendrán que pasar decenas de miles de años hasta que consigamos deshacernos de esos "genes de idiota" antes de poder disponer de una nueva oportunidad para dar un buen uso a nuestra capacidad de imaginar realidades? ¿Realmente podemos evolucionar sin tener que dar un paso atrás, o hemos tocado techo y estamos abocados a retroceder hasta encontrar de nuevo el punto óptimo para después acabar tropezando nuevamente con los mismos obstáculos?

Estamos poniendo el foco en la necesidad de cambiar los mitos, pero quizás el problema no sea tanto qué mitos en concreto, como más bien la acumulación excesiva de ellos a lo largo de la historia y la consiguiente sobredosis de domesticación que tanto condiciona y limita nuestra relación con nosotros mismos y con el resto de Gaia. El proceso pasará por una inicial pérdida masiva de mitos (colapso) para posteriormente dar paso a una fase de recomposición de mitos, y ahí es donde se tendrá que ver si podemos hacerlo mejor que la última vez. No sabemos cuánto recordaremos de los errores pasados cuando llegue ese momento, por eso, ¿habría que empezar a decrecer en sobremitificación y a germinar los nuevos mitos ya, antes de que perdamos la memoria?

¿Es nuestra visión histórica, nuestra visión del pasado, otro mito más, otra realidad imaginada? ¿Puede ser en ese caso un mito útil y necesario para tomar las riendas de nuestro destino? ¿O por el contrario, es la ruptura total con todo lo que nos condicione, incluida nuestra visión histórica, lo único que puede darnos una verdadera oportunidad?

Algo quiere emerger de esta receta improvisada, pero sigo hecho un verdadero lío ... Cualquier receta o algoritmo que imaginemos fallará en la medida que lo veamos como un conjunto de pasos para alcanzar un objetivo concreto. Pero si desplazamos el foco de atención a la realización y disfrute del paso en sí mismo, puede que podamos aprender a deshacernos de nuestra necesidad de sublimarnos (necesidad emergida como respuesta al vacío existencial civilizatorio).

Thursday, June 17, 2021

LA SOPORTABLE LEVEDAD DEL SER

 

 

"Desde el Neolítico, el crecimiento de la dependencia tecnológica ha sido constante; es la cultura material de la civilización. Tal como puntualizaron Horkheimer y Adorno, la historia de la civilización es la historia de la renuncia. Uno obtiene menos de lo que aporta. Este es el fraude de la tecnocultura, y el eje oculto de la domesticación: el creciente empobrecimiento del yo, de la sociedad y de la Tierra. Mientras tanto, los súbditos modernos confían en que la promesa de todavía más modernidad, de alguna manera curará las heridas que los afligen.
Un rasgo definidor del mundo actual es que lleva el desastre incorporado, un desastre que ahora se manifiesta diariamente. Pero, al menos en el Primer Mundo, se puede decir que la crisis que afronta la biosfera es menos evidente y absorbente que la alienación, la desesperación y la restricción diarias en un rutinario panel de control sin sentido."
[John Zerzan, "El crepúsculo de las máquinas", 2016]

El ser humano es el resultado de un camino evolutivo que definió unas tendencias que parecen apuntar hacia la eliminación total de todo lo genuinamente natural que pueda encontrase tanto en su interior como en el entorno que le rodea. Su capacidad para domesticar la realidad al observarla, su tendencia a la re-presentación, con la consiguiente pérdida de presencia, su ingenio para el desarrollo de herramientas, tanto físicas como mentales, todo ello, aunque no le impidió vivir en feliz equilibrio con lo natural durante decenas de miles de años, condujo a un punto de inflexión durante el Neolítico, apareciendo la domesticación de plantas, animales y personas, la división y especialización del trabajo con la consecuente pérdida de independencia para el individuo y los grupos humanos, y la necesidad de acumulación y dominación crecientes.

Al principio, la relativa poca extensión del tejido canceroso en comparación con la inmensidad natural, permitía poder soñar e incluso materializar la posibilidad de escapar y recuperar la libertad, pero, a medida que la estandarización y la masificación fueron llenándolo todo, a medida que nuestro conocimiento del arte de triturar naturaleza se perfeccionaba y a medida que cada vez éramos más y más para poder hacerlo más y mejor, se ha ido consumiendo esa esperanza de poder recuperar nuestro Ser o de tan solo conocerlo.

El hueco que deja en nuestro interior ese Ser que nunca conocimos, ese vacío, que intuimos pudo haber sido ocupado en algún remoto momento por algo, no puede ser mirado directamente, su visión directa es insoportable, y esa insoportabilidad es lo que hace sospechar que lo que un día ocupó ese hueco debió ser realmente importante. Recordando el título de la novela de Milan Kundera, debió ser importante y sobre todo pesado, a juzgar por lo livianos, etéreos y desarraigados que nos sentimos sin ello. Pero debido a lo insoportable que resulta sentir esa levedad, esa falta de peso esencial, este supra-organismo al que llamamos civilización y al que transferimos nuestro telos (fin o propósito), ha desarrollado multitud de formas para hacer que podamos soportar la ausencia del Ser, para hacernos SOPORTABLE LA LEVEDAD DEL SER.

Hoy he leído en un artículo (una vez más) que ".. Se necesitan 5 planetas tierra si la humanidad aspira al consumismo de un estadounidense promedio, pero si la aspiración de vida fuera la de una persona indígena, estaríamos dentro de los límites planetarios." Lo que yo creo es que esa cuenta que lleva a pensar que ocho mil millones de humanos comportándose como indígenas permitiría la sostenibilidad de la vida en la Tierra, no es más que una mera suma que descuenta la complejidad del metabolismo sistémico. Aún consiguiendo convencer a cada uno de los componentes de la masa de termitas de un termitero de que dejaran de trabajar para el termitero y empezaran a ocuparse de sus propios asuntos, si no se pusiera tierra de por medio suficiente entre termita y termita, la tendencia natural del sistema sería volver a reconfigurarse en un super-organismo, e inevitablemente, los individuos acabarían tornándose partes de un todo nuevamente, volviendo a transferir su telos al termitero.

Desde esa óptica, se concluye que la única forma de que el ser humano recupere el equilibrio con la biosfera es menguando su población muchísimo. Dicho de otro modo, vamos a seguir tensando el arco y deteriorando nuestra base de sustento hasta tal punto que, antes de alcanzar un nuevo equilibrio, el sistema va a responder con un colapso muy profundo en el que el descenso poblacional brusco será inevitable. No solo es que morirá mucha gente ya adulta, sino que durante generaciones dejará de nacer mucha gente o la esperanza de vida se acortará o aumentará la mortalidad infantil, etc. Colapso, entendido como disminución de complejidad de la red, implica un aumento de dispersión entre sus nodos que posibilite la pérdida de interacción entre los mismos. Pero al ser imposible esa dispersión, por la falta de espacio físico, solo cabe la disminución del número de nodos.

Esa naturaleza humana primigenia, que el progreso ha ido borrando, ha sido reivindicada con vehemencia por John Zerzan, uno de los filósofos más relevantes representante del anarquismo primitivista contemporáneo (lo de ser famoso en este campo, no sé si es porque es brillante o porque está él solo). Pese a que grandes partes de su discurso me parecen muy valiosas y oportunas, la radicalidad no brilla por su ausencia, hasta el punto que le lleva a imaginar al ser humano feliz como uno anterior al mismo lenguaje verbal.

Pensando que toda forma de simbología y representación son la causa primera que lleva a la estandarización conceptual de nuestra mente, a la domesticación y, en definitiva, a la sumisión frente a un sistema demoledor, acaba en parte siendo víctima de ese reduccionismo conceptual que pretende invalidar, acaba cayendo en uno de esos dualismos que tanto aborrece: solo hay presencia o re-presentación, son excluyentes y no hay término medio.

Así, en esa línea, destaca su obsesión con la supuesta especie humana existente hace más de 800 mil años o incluso más de un millón de años atrás, usando esa referencia como justificación de que se pudo ser humanos sin cultura, sin arte, sin lenguaje. Esto es sumamente ridículo, además se contradice, porque al mismo tiempo que desprecia el desarrollo tecnológico por ser la causa que nos desvió del buen camino, se refiere al supuesto dominio tecnológico naval de esos seres de hace 800 mil años como prueba de que eran "humanos" como nosotros, aunque libres de la domesticación tecnológica.

Lo que viene a sugerir es que el lenguaje verbal y las estructuras sociales son algo posterior a la condición humana, es decir, que antes de eso ya había humanos. Pero esto no es correcto desde la biología evolutiva. Cualquier especie biológica, en concreto, la humana, se caracteriza por un genotipo y fenotipo concretos, y los restos más antiguos coincidentes con nuestro genotipo y fenotipo datan de hace no más allá de 150 mil años. Es muy improbable encontrar algo igual a nosotros anterior a esa fecha.

Además, separar el lenguaje verbal y la cultura de la condición humana tampoco se sostiene. El sistema fonador, que nos permite hablar, y por tanto las características morfológicas y cognitivas de las que depende, han ido evolucionando de manera acoplada con el desarrollo de la complejidad social y cultural de las comunidades pre-humanas. Es decir, el afianzamiento cultural y social exigía la consolidación del lenguaje, y viceversa, una lenguaje cada vez más sofisticado permitía sociedades mejor articuladas, cohesionadas y resilientes. La realimentación positiva entre desarrollo socio-cultural y desarrollo del sistema fonador pudo continuar hasta la aparición de la simbología y la domesticación, tan temidas por Zerzan, porque ese hecho no supuso ninguna traba a nuestra supervivencia sino más bien muy al contrario.

Con cada incorporación morfológica nueva al sistema fonador en el genoma del homínido, éste se iba acercando más y más al humano de hace 150 mil años, el que era como nosotros ahora, el que ya hablaba perfectamente.

Otro tema recurrente en el discurso de Zerzan es la crítica que hace al efecto homogeneizador y estandarizador que la cultura tecno-industrial ejerce sobre la diversidad inherente a la naturaleza humana. Pero, en mi opinión, las pequeñas diferencias de comportamiento exhibidas en el núcleo de las sociedades primigenias fueron un factor decisivo a la hora de dar el salto a la domesticación. Hay una analogía muy buena en el campo de la cosmología: las pequeñísimas irregularidades existentes en el momento inmediatamente posterior al Big Bang, posibilitaron después, a medida que la expansión avanzaba, la formación de cúmulos gaseosos, estrellas, galaxias, átomos pesados, y en definitiva, nosotros.

Y eso mismo sucedió con la evolución de las sociedades humanas. Esas pequeñas diferencias de individuo a individuo, de un grupo a otro, dieron lugar a la cristalización posterior de estructuras culturales y tecnologías más complejas. Es por tanto, esa diversidad primigenia, que la civilización moderna se encarga de aplanar, la que prolifera sin censura en la sociedad primitiva hasta dar lugar a la civilización.

En definitiva, parece que para Zerzan, la aparición de la domesticación, origen de nuestra propia autodestrucción, sea un hecho fruto de un desafortunado cúmulo de desgraciadas circunstancias ajenas a la propia naturaleza humana. Necesita discriminar entre lo humano y la cultura, creando un vacío sin sentido entre ambos, rompiendo un necesario continuo, ignorando la realimentación positiva mutua como motor del desarrollo acoplado de ambas.

Su obstinación al verlo de ese modo solo puede entenderse como una necesidad imperiosa de contestar a una realidad actual absolutamente desquiciante. Necesita que la salida que propone de ruptura total con la civilización sea a su vez la solución al dilema. No se conforma con el mero alivio de contestar a la barbarie, además necesita que esa respuesta sea efectiva de cara a la recuperación de un añorado y supuesto estado estacionario de felicidad humana.

Para librarnos del control, propone su propio mecanismo de control, aunque este consista en desnudarnos y adentrarnos en el bosque. Y yo lo haría, solo para aliviar la asfixia (o levedad) que siento, pero no pretendiendo que los demás me sigan, ni mucho menos pensando que al hacerlo en masa íbamos a mejorar en algo nuestra condición colectiva.

Pero esta actitud mía, enseguida sería calificada por Zerzan como posmodernista o nihilista, una actitud fruto de la visión de que nada sirve porque TODO cabe, y, al mismo tiempo, solo nos cabe como especie la respuesta mecánica a estímulos.

En conclusión, y al margen de estas objeciones, recomiendo la lectura de Zerzan, no dejará indiferente a todo aquel que quiera que la levedad de su Ser se torne de nuevo insoportable.