Showing posts with label social democracia. Show all posts
Showing posts with label social democracia. Show all posts

Wednesday, March 23, 2022

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL Y EL FUTURO DE NUESTRA CIVILIZACIÓN

 

Umair Haque es un escritor economista, enmarcado dentro del abultado grupo de nuevos pensadores influyentes. Cada vez más de moda, tratan de dar respuesta a la creciente sensación de ansiedad e incertidumbre ante el recrudecimiento de la crisis sistémica en curso de nuestra civilización industrial global. Su principal atractivo es que despliega esta crítica sin terminar de abandonar el imaginario del progreso. Ese imaginario afecta por igual a rusos, chinos o americanos, pero cada cual cree que está en posesión de su correcta interpretación.

En este artículo nos dice que occidente, aunque malos, extractivos y otrora crueles saqueadores, hemos tenido a bien traer al mundo el avance de la democracia liberal con su progreso, el cual él ve como paso previo ineludible para llegar a cualquier punto posterior de mejoría. Mientras tanto, oriente, en especial Rusia y China, quieren dar un paso atrás y erradicar la democracia para terminar de enquistar el mal rumbo del progreso que nos aleja más y más de Gaia y, por ende, de nuestra propia supervivencia. Es decir, para él, el rumbo de progreso marcado por occidente, aunque malo, tiene la capacidad de mejorar, mientras que el otro, el de los malos malotes, no. El futuro para él no pinta bien a medio plazo: opina que nos espera un tiempo de guerra y miseria, pero que después de eso, la democracia finalmente prevalecerá y emergerá mágicamente un mundo de tecnología punta que nos permitirá conjugar los sueños de inmortalidad heredados de nuestra era infantil de la energía fósil con la economía circular que necesita Gaia de nosotros para poder albergarnos.

Lo reconozco, esta es una frase desafortunada que no le hace justicia al artículo:

"Estamos entrando en una era en la que tenemos enemigos serios y reales, tienen armas nucleares y son abiertamente agresivos con nuestros valores, orden e ideales. No quieren democracia, libertad, verdad, paz. Quieren guerra, poder y dominación."

Aún así, creo necesario hacerle a Umair una de mis disecciones, que como sabéis, siempre hago para diseccionarme a mí mismo, porque lo que le pasa a Umair, en el fondo, nos pasa a muchos que hemos vivido arropados por las comodidades de la tecnología del apogeo industrial y que ahora nos damos cuenta de su estrepitoso declive.


*   *   *


El discurso desplegado en el artículo y en general en el pensamiento de Umair carece de verdadera crítica al sistema industrial crecentista. Básicamente, su perorata parte de la errónea tesis de que el planeta permitirá el crecimiento industrial ad eternum, mientras venga de la mano de las democracias liberales, para lo cual, claro, tenemos que eliminar a los enemigos dictadores que no saben crecer bien y destruyen. Claro, occidente sí puede aprender a crecer y desarrollarse bien, sin destruir ni nada ... solo tiene que abandonar la energía fósil e invertir lo suficiente en la tecnología punta adecuada (renovables, digitalización y todo eso) para alcanzar un nivel que nos permita vivir con las mismas comodidades que hasta ahora pero sin dañar al planeta.

La ironía es que su solución para derrocar al dictador de turno se intersecta con parte del ideario decrecentista: deshacer el mercado global y relocalizar las economías. Como si fuera algo que ya no nos viniera impuesto por el pico del petróleo y especialmente por el del diésel. Claro, que tampoco se plantea que al relocalizarse esas economías tengan que centrarse en lo imprescindible para reproducir la vida. No, él entiende que hay que relocalizar para poder fabricar móviles de alta gama en casa, que lo de centrarse solo en reproducir la vida tendrá que esperar, porque no es viable desengancharnos de tanta cosa así de repente. Y, por descontado, no hay problema, porque si sustituimos el diésel por hidrógeno producido con los excedentes de los molinillos, aunque se pierda el 90% de la energía entrante en el proceso, pues podemos seguir como si nada reproduciendo el esquema industrial, o sea, reproduciendo el capital, pero esta vez de manera local.

En fin, este señor tiene graves disonancias cognitivas, ojo, como yo e igual que muchos que vamos dando lecciones por ahí. Por un lado, intuye inminente, o ya en curso, el decrecimiento, pero se niega a asumir un nuevo marco de valores resonantes con ese decrecimiento. Apuesta por extender, propagar y afianzar los viejos valores liberales, anclados en el mito del progreso y el crecimiento material. Hay que extender los buenos valores liberales allá donde hay ahora dictadores, con la esperanza, entiendo, de que algún día se recupere la senda del bienestar crecentista a nivel global.

Para mi eso es claramente apostar por el colapso abrupto, en lugar de por decrecimiento ordenado. Es decir, el problema de este señor es que no entiende aún que el proceso de decrecimiento o colapso en curso es irreversible y que el objetivo, si es que queremos sobrevivir a este proceso, debería ser tratar de descomplejizar nuestra civilización sin erosionar mucho más la capacidad de carga de la biosfera. Él proclama que nuestra crisis solo es culpa de algunos ineptos y de los malos malotes del planeta, y que, una vez logremos deshacernos de ellos, todo volverá a ser próspero y que podremos seguir complejizándonos, hasta alcanzar la singularidad tecnológica imagino ... ¿Transcendence? (ver Nota larga).

Visión pueril, pero me temo, la visión generalizada de la mediocracia occidental, y de la oriental también claro, aunque allí vean que los malos malotes están en occidente.

La disonancia cognitiva es un mal que padecemos en el primer mundo aquellos que hemos llegado a VER el colapso en curso. En Umair es muy notoria esta disonancia y se expresa muy bien en la última parte del artículo. Por un lado entiende que el objetivo de la humanidad ha de ser encontrar su lugar armónico dentro de Gaia, y su convencimiento (¿FE?) de que algún día lo conseguiremos le llena de esperanza y júbilo. Por otro lado, las medidas que propone para lograr eso son más de lo mismo que nos lleva al abismo: mercantilizar nuestra relación con Gaia otorgándole una renta (básicamente que cueste más dinero esquilmarla), humanizándola dándole derechos, todo ello a partir de una complejización mayor y refuerzo de las viejas instituciones y marcos democráticos, y, por supuesto, mucha ingeniería, innovación tecnológica para conseguir seguir teniendo una vida llena de comodidades, bienestar y control tecnológico pero esta vez sin hacer daño a Gaia, todo renovable, sostenible super guai de la muerte, en definitiva, una visión tristemente antropocéntrica que en realidad no rompe con nada ni supone un cambio de valores real, y cuyo fallo viene del hecho de no entender que el verdadero cambio pasa por renunciar a mucho del control, bienestar y placer que nos ha dado tanta tecnología, de no entender que este proceso de crisis nos llevará necesariamente a un estado tecnológico de muchísima menos complejidad.

Para aspirar a una tecnología que permita mantener bajo control nuestra simbiosis con Gaia, hay que renunciar a una tecnología que permita controlar células madre o controlar el desarrollo del cáncer y del envejecimiento. Esto es lo que no entiende este señor. Dicho de otra forma, su cosmovisión es netamente tecnolófila. Es el verdadero mal generalizado de nuestros días: la tecnolofilia. El miedo a renunciar al control al que estamos acostumbrados, que nos impide poder por fin alcanzar el control que de verdad necesitamos.

Ese control al que tanto nos aferramos, el control ingenieril, es el control que permiten nuestras máquinas físicas, un control que es resultado final del ejercicio de nuestra mayor tecnología, el lenguaje, la inteligencia, la cultura, la capacidad de construir realidades imaginadas que derivó en esa inercia histórica dando forma a la megamáquina civilizatoria. El control que hemos de recuperar o encontrar ahora también se deberá basar en nuestra verdadera y más importante tecnología, nuestro lenguaje, pero será un control que ya no se manifestará a penas a través de grandes construcciones materiales o institucionales, puesto que estas construcciones basan su existencia necesariamente en relaciones de poder. Tendremos que aprender a usar nuestro lenguaje e inteligencia para afianzar las relaciones simbióticas con Gaia. De igual a igual. Superar el "humano frente a Gaia", el "hombre frente a la mujer", el "ciudadano frente al Estado", el "obrero frente al patrón".

Dentro de un ecosistema hay jerarquías, y jerarquías dentro de jerarquías, y mucha simbiosis y coordinación, y sí, también relaciones de poder. Pero solo una inteligencia como la humana puede aspirar a comprender cómo todo se conecta y realimenta, y que no hay ganadores o perdedores. Que en nuestro caso, no se trata de ganar ni de sobrevivir, sino de sentirse parte del todo. La condena y la virtud de la inteligencia es esa: no podemos simplemente SER parte del todo, sobreviviendo y ganando, o muriendo y perdiendo, porque por ese camino acabamos consumiéndolo todo, hasta a nosotros mismos. Estamos destinados a llegar a SENTIR que somos parte de ese todo. Nuestro destino pues, es trabajar ese sentimiento. Nuestro esfuerzo cognitivo debe ir en la línea de asegurar la comprensión de cómo funciona la red de vida y el papel que jugamos en ella. Nuestra capacidad de control debe enfocarse en reforzar ese conocimiento. Y será un conocimiento holístico. Deberemos abandonar nuestra tendencia a resolver problemas concretos y el prejuicio reduccionista que lleva a pensar que el problema global se soluciona agregando las soluciones de problemas menores.

Dicho de otro modo, hasta ahora hemos enfocado nuestro esfuerzo cognitivo, nuestra gran capacidad de control, como lo haría cualquier animal sin inteligencia superior: optimizando los flujos de energía y materia de manera que nos reportaran un mayor bienestar material y físico inmediatos, la resolución de cada problema concreto, de cada escollo, nos ha llevado a retos materiales cada vez más enormes, a movilizar flujos de materia y energía cada vez mayores, hasta que se nos fue de las manos. Es lo que habría hecho cualquier animal. No somos especiales por eso. Todos los animales despliegan en menor o mayor medida tecnología para hacer eso, para hacer trampa. ¿Pero llegará finalmente la inteligencia a convertirse en una singularidad y marcar la diferencia? ¿Conseguiremos enfocar nuestra inteligencia en la mera visualización del flujo y no tanto en su control para satisfacer nuestros impulsos animales?


*   *   *

 
Nota larga:

En la película Transcendence, tratan la singularidad tecnológica como un medio para sanar, mediante tecnología, todo el daño que ha hecho la tecnología al soporte natural de la vida. El prota de la peli, Johnny Depp, crea una nanotecnología capaz de sincronizarse simbióticamente con la vida y regenerarla. Claro que para dar lugar a algo tan sofisticado, tiene primero que convertirse en un dios y volcar su mente a una supercomputadora. Igualito que como quieren hacer ahora algunos super ricos. Su motivación inicial era ser dios, y justifica su delirio de grandeza argumentando que la única manera de salvar la vida, y por ende al ser humano, es hacer dios al humano. No hace falta haber estudiado mucha ciencia e ingeniería para entender que la única forma de alcanzar una tecnología sostenible ad eternum es hacerla a la imagen y semejanza de la propia vida, que se auto repare, que desarrolle economía circular con tasas de reciclado del 99%. Es obvio que si el objetivo es la sostenibilidad, sería mucho más sensato conservar la vida que queda en el planeta en lugar de seguir masacrándola con el pretexto de que hay que trascender tecnológicamente para reinventar la propia vida. Lo único que explica semejante estupidez e ineficacia de cara a conseguir el objetivo de la sostenibilidad es que el objetivo verdadero del humano tecnolófilo no es la sostenibilidad, sino la búsqueda de poder sin medida. El problema del imaginario del progreso es que nos ha inculcado que tenemos ojos para ver siempre más allá y al final ganarle la carrera al infinito, pero eso es imposible, enfermizo y acabará destruyendo prematuramente a cualquier especie inteligente que no sea capaz de salir de ese enfoque. La inteligencia, para no desaparecer, tendrá que acabar entendiendo que sus ojos están para ver su lugar en la red subyacente de la vida y no para dominar a esa red. Nuestro gran poder no es tanto nuestra capacidad de dominación, sino más bien la capacidad de visualizar de manera amplia y comprender esa interdependencia con la matriz natural. La inteligencia no sirve para evitar esa interdependencia, sino para contemplarla y trascender al hacerlo. Y ni siquiera estamos aquí para preservar la vida, no tenemos una tarea encomendada por los dioses de salvar la vida en la Tierra y propagarla por el Universo. Tan solo estamos aquí para aprender a ver y contemplar, la vida, y también la muerte, la belleza del proceso inmortal.


Friday, October 8, 2021

CARTA A UNA HUMANISTA


 

Esta es mi respuesta a una persona participante en un foro de Internet llamado "Colapso". Nuestro "encontronazo" comenzó con una crítica mía hacia las instituciones europeas. Su malestar vino cuando relacioné esas instituciones, grandes garantes mundiales de la "democracia", con la corporatocracia capitalista.

Para aleccionarme, me remitió a un artículo donde el autor distingue entre neoliberalismo y social-democracia, tratando de hacer ver que la segunda nos salva del primero.

A continuación mis impresiones (que valgan también de resumen) después de leer atentamente ese largo artículo.

*********************************

 

Es interesante el esfuerzo que hace el autor por analizar en profusión el movimiento neoliberal (en particular el europeo) y así conseguir diferenciarlo o aislarlo de la social-democracia, donde parece que él se encasilla. Diríase que su esfuerzo polarizador, tiene un efecto auto-exorcista que consigue salvarle y posicionarle en el lado de los "buenos". Pero en realidad la razón de ser de ambos polos se halla entrelazada en la misma matriz histórica común.

Como aperitivo, me remito a un par de párrafos de un artículo de Álex Corrons donde trata la falta de coherencia de Unidas Podemos con el ideario decrecentista, y que me sirve como introducción:

"Promover el decrecimiento obliga a apostar por la economía local, las monedas sociales con carácter ético, la soberanía alimentaria, los espacios de autogestión, abandonar el productivismo y el extractivismo, y es antagónico al proyecto que propone Podemos, en el que el Estado es el principal garante del bienestar, y en el que se asume el discurso del crecimiento como fuente de bienestar y progreso, para conseguir el apoyo electoral. Creo que cometen un error muy grave al adoptar como propia la postura del crecimiento y por tanto del capitalismo. El keynesianismo es pan para hoy, hambre para mañana, y lo que es peor, ya es hambre hoy para una parte importante de la humanidad y para la naturaleza. Hoy deberíamos hablar de dos posturas antagónicas: una es el productivismo, defendido por los neoliberales en forma de darwinismo social y por los socialdemócratas en forma de reparto de los beneficios dentro del marco de las democracias liberales capitalistas, y por otro lado, la postura de la reconciliación con la naturaleza y con el buen vivir defendida desde el 'ecologismo libertario', de los que hay muchos ejemplos que no necesariamente se reconocerán todos con esta etiqueta."

"La socialdemocracia es el salvoconducto del sistema totalitario mercantil. Decir que se puede 'salir de la crisis', 'acabar con la corrupción' o 'recuperar el crecimiento económico' -mediante dinero deuda o devaluación, y explotación de recursos finitos-, es asumir que este sistema tiene remedio -eso a lo que los socialdemócratas llaman 'realismo'-, frente a las personas que nos oponemos a esta aceptación servil del orden establecido. El neoliberalismo y la socialdemocracia son las dos caras de la misma moneda: cuando una de las dos caras se desgasta, aparece la otra como solución única a nuestros problemas. El Estado y la delegación del poder en unas minorías que se erigen como los 'sabios gestores' o como los 'gestores honrados y generosos', nos impiden avanzar por el camino de la democracia directa, la autogestión, la emancipación y del cuidado de la naturaleza y la vida."

Ahora, antes de entrar en materia con partes concretas del artículo, quisiera extraer algunos párrafos de "Sapiens" de Harari. Que conste que no hago apología del pensamiento de este señor, tan solo lo cito últimamente por puro morbo transgresor, ya que me viene al pelo tanto para soliviantar a los del "mainstream" (la mayoría), como a los cuatro gatos eco-libertarios. Todos tenemos prejuicios e influencias y nos esforzamos en la imposible empresa de describir con objetividad la matriz en la que estamos inmersos y nos condiciona, así, Harari, aunque intenta desmarcarse fríamente de todo dogma, le delata su tecno-optimismo, posmodernismo, transhumanismo, neodarwinismo, etc., y esto enerva a eco-libertarios. Sin embargo, de manera inconsciente y magistral, en su afán por deconstruir todos los mitos que nos llevaron a la modernidad, involuntariamente allana el camino a eco-socialistas y decrecentistas, lo que a su vez exaspera a los del "mainstream". Algún día escribiré un artículo criticando sus ideas transhumanistas, pero ahora, algunas de sus reflexiones me servirán para justificar porqué neoliberalismo y la socialdemocracia son, como dice Álex Corrons, dos caras de la misma moneda (las aclaraciones entre corchetes son mías):

"Hoy en día se suele considerar que la religión es una fuente de discriminación, desacuerdo y desunión. Pero, en realidad, la religión ha sido la tercera gran unificadora [estandarizadora] de la humanidad, junto con el dinero [mercado] y los imperios. Puesto que todos los órdenes y las jerarquías sociales son imaginados, todos son frágiles, y cuanto mayor es la sociedad, más frágil es. El papel histórico crucial de la religión ha consistido en conferir legitimidad sobrehumana a estas frágiles estructuras."

"El comercio, los imperios y las religiones universales acabaron por situar prácticamente a todos los sapiens de todos los continentes en el mundo global en el que vivimos en la actualidad. Este proceso de expansión y unificación no fue lineal y no careció de interrupciones. Pero si consideramos el panorama general, la transición desde muchas culturas pequeñas a unas pocas culturas grandes y, finalmente a una única sociedad global ha sido probablemente un resultado inevitable de la dinámica de la historia humana. Pero decir que una sociedad global es inevitable no es lo mismo que decir que el resultado final tenía que ser el tipo concreto de sociedad global que ahora tenemos."

"No podemos explicar las opciones que la historia hace, pero podemos decir algo muy importante sobre ellas: las opciones de la historia no se hacen para beneficio de los humanos. [..] la dinámica de la historia no se dirige a mejorar el bienestar humano. No hay base alguna para pensar que las culturas que más éxito han tenido en la historia son necesariamente las mejores para Homo sapiens. Al igual que la evolución, la historia hace caso omiso de la felicidad de los organismos individuales. Y los individuos humanos, por su parte, suelen ser demasiado ignorantes y débiles para influir sobre el curso de la historia para su propio beneficio."

"La edad moderna ha asistido a la aparición de varias religiones de ley natural nuevas como el liberalismo, el comunismo, el capitalismo, el nacionalismo y el nazismo. A estas creencias no les gusta que se las llame religiones, y se refieren a sí mismas como ideologías. Pero esto es solo un ejercicio semántico. Si una religión es un sistema de normas y valores humanos que se fundamente en la creencia en un orden sobrehumano, entonces el comunismo soviético no era menos religión que el islamismo."

"[..] en la actualidad el norteamericano medio es simultáneamente un nacionalista (cree en la existencia de una nación que ha de desempeñar un papel especial en la historia), un capitalista de libre mercado (cree que una competencia abierta y la búsqueda del interés propio son las mejores alternativas de crear una sociedad próspera) y un humanista liberal (cree que los seres humanos han sido dotados por su creador de determinados derechos inalienables)."

"Las religiones teístas santifican a los dioses. Las religiones humanistas adoran a la humanidad o, más concretamente, a Homo sapiens. El humanismo es la creencia de que Homo sapiens tiene una naturaleza única y sagrada, que es fundamentalmente diferente de la naturaleza de todos los demás animales y de todos los otros fenómenos. Los humanistas creen que la naturaleza única de Homo sapiens es la cosa más importante del mundo, y que determina el significado de todo lo que ocurre en el universo. El bien supremo es el bien de Homo sapiens. El resto del mundo y todos los demás seres [incluidos algunos sapiens cuyo sacrificio les parece inevitable] existen únicamente para el beneficio de esta especie."

"Todos los humanistas santifican a la humanidad, pero no se ponen de acuerdo sobre su definición. El humanismo se ha dividido en tres sectas rivales que luchan por la definición exacta de <<humanidad>>, de la misma manera que las sectas cristianas rivales luchaban por la definición exacta de Dios. En la actualidad, la secta humanista más importante es el humanismo liberal, que cree que la <<humanidad>> es una cualidad de los humanos individuales, y que la libertad de los individuos es por lo tanto sacrosanta. Según los liberales, la naturaleza sagrada de la humanidad reside en todos y cada uno de los Homo sapiens individuales. El núcleo interno de los humanos individuales da sentido al mundo, y es el origen de toda autoridad ética y política. Si nos encontramos ante un dilema ético y político, hemos de mirar dentro de nosotros y escuchar nuestra voz interior, la voz de la humanidad. Los principales mandamientos del humanismo liberal están destinados a proteger la libertad de esta voz interior frente a la intrusión o el daño. A estos mandamientos se les conoce colectivamente como <<derechos humanos>>."

"Aunque el humanismo liberal santifica a los humanos, no niega la existencia de Dios y, en realidad, se basa en creencias monoteístas. La creencia liberal en la naturaleza libre y sagrada de cada individuo es una herencia directa de la creencia cristiana tradicional en las almas individuales libres y eternas. A falta de almas eternas y de un Dios Creador, a los liberales les resulta embarazosamente difícil discernir qué es lo que tiene de tan especial el sapiens individual."

"Otra secta importante es el humanismo socialista [o lo que yo llamo izquierdismo, después de leer a Unabomber]. Los socialistas creen que la <<humanidad>> es colectiva y no individualista. Consideran sagrada no la voz interna de cada individuo, sino la especie Homo sapiens en su conjunto. Mientras que el humanismo liberal busca la mayor libertad como sea posible para los humanos individuales, el humanismo socialista busca la igualdad entre todos los humanos. Según los socialistas, la desigualdad es la mayor blasfemia contra la santidad de la humanidad, porque confiere privilegios a cualidades secundarias de los humanos por encima de su esencia universal. Por ejemplo, cuando se conceden privilegios a los ricos por encima de los pobres, esto significa que valoramos el dinero más que la esencia universal de todos los humanos, que es la misma tanto para los ricos como para los pobres."

"Al igual que el humanismo liberal, el humanismo socialista está construido sobre cimientos monoteístas. La idea de que todos los humanos son iguales es una versión renovada de la convicción monoteísta de que todas las almas son iguales ante Dios. La única secta humanista que se ha liberado realmente del monoteísmo tradicional es el humanismo evolutivo, cuyos representantes más famosos son los nazis. Lo que distinguía a los nazis de otras sectas humanistas era una definición distinta de <<humanidad>>, que estaba profundamente influida por la teoría de la evolución. En contraste con otros humanistas, los nazis creían que la humanidad no es algo universal y eterno, sino una especie mutable que puede evolucionar o degenerar."

Lo siento, esto se ha hecho demasiado largo. Vamos ya con el artículo recomendado por la destinataria de esta carta:

"[..] los neoliberales comenzaron a poner cada vez más en funcionamiento un mundo partido entre Estados y mercados, donde los primeros servirían para salvaguardar el buen funcionamiento de los segundos. Donde la economía de mercado estaría por encima de la democracia."

Aquí, desde el principio el autor se posiciona en su principal tesis, estableciendo la dicotomía democracia/mercado, como si fueran capas inconexas de la sociedad, obviando que ambas han evolucionado en retroalimentación mutua.

"Una hoja en la rama de un árbol que se mueve según el viento en una tormenta. Y ese espacio que tiene la hoja es su libertad. Tiene libertad de moverse con las fuerzas del viento que la está empujando. Para experimentar la libertad, tenemos que hacerlo dentro de un espacio de intercambio monetario. Así que creo que, para todos los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado. Y eso es muy diferente de la forma en que otras personas piensan en la libertad, en particular lo que defienden los socialistas. [..] El punto clave del neoliberalismo es que si quieres un sistema basado en el individualismo, entonces necesitas diseñar un sistema dentro del cual el individuo pueda ser libre."

He de reconocer que este análisis acerca del concepto de "libertad" neoliberal es bastante interesante, aunque esto no aporte nada al debate que tenía entre manos con mi interlocutora.

"Para los neoliberales, el BCE fue demasiado débil y demasiado pasivo en su tratamiento de los países del sur de Europa. Y al rescatar, entre comillas, a los prestamistas alemanes en lugares como Grecia, en realidad rompieron sus propias reglas, rompieron su propio mandato. Y se produce este nuevo mundo de tasas de interés cero, de la flexibilización cuantitativa, y siguen alarmando, contra toda evidencia, que inevitablemente conducirá a la inflación. [..] Por lo que hay un lado de los liberales que su respuesta se centra en cómo el Estado solo necesita tomar más medidas y que los bancos necesitan seguir sus propias reglas. Quieren que haya un límite de déficit que se mantenga, incluso para Alemania y Francia. Y por eso se oponen a los fondos de estabilización y todo lo relacionado con la respuesta al coronavirus. Piensan que el Estado solo tiene que cumplir con sus propios principios y que el Tratado de Maastricht tiene que ser seguido al pie de la letra. [..] Y esa es la solución más popular ahora mismo entre los intelectuales neoliberales, desconectar el movimiento supranacional, volver a la nación y usar eso como base para gestionar el capitalismo y fomentar la competencia. Hacer que se compita entre Estados para bajar los impuestos y salarios. Ven que esta opción es mejor que la ampliación supranacional, donde sólo produce más hinchazón burocrática y, tal vez, un cambio político hacia la izquierda."

Aquí ya nos presenta sin tapujos otra de sus locas tesis: que el hecho de que los bancos centrales sobrepasen los límites de deuda y que se haga imposible pagar los intereses ha demostrado ser inocuo para el sistema, afirmando además que esta tesis es la que distingue a socialdemócratas de neoliberales. Nos presenta al BCE como hermanita de la caridad, desmarcado de las políticas neoliberales. Parece que no se ha enterado de lo que explican en este artículo a propósito de que EU no haya sido capaz de encontrar un procedimiento común de intervención (tipo coronabonos) en la crisis del covid-19:

"[..] el BCE ha decidido que los títulos de la deuda pública soberana tendrán más valor cuanto más reducido sea el peso del endeudamiento público. Y los bancos compran esos títulos, aun a costa de tener que pagar dinero por ellos, para poder entregarlos como colateral cuando piden liquidez al Banco Central. Y este es el meollo de la cuestión: Holanda y otros países similares han reducido la deuda pública a base de inflar la deuda privada. La destrucción de lo público ha alcanzado tal gravedad que hoy en Holanda los fondos de pensiones privados aportan una cuantía mayor de renta que las pensiones públicas a los jubilados holandeses; o en Alemania, donde el gasto público en pensiones para una población que duplica la española es similar. Los títulos de deuda del sur de Europa son de los más deseados por esos fondos de pensiones. Por tanto, nada más lejos de las intenciones de esos socios del Euroclub que permitir que a todos nos cueste lo mismo el endeudarnos. No hay que permitir que se reduzcan a cero los intereses que pagamos los mediterráneos porque una parte de nuestros impuestos, a través del servicio de la deuda, tiene que seguir pagando las pensiones de los jubilados de los endeudados países nórdicos."

Continuamos con el artículo de mi "amiga" ...

"Los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande."

Esa entidad socialista "verde" "suave" en realidad es:

  • la que decide que muera gente ahogada en el Mediterráneo o vea sus derechos humanos dilapidados en campos de concentración
  • la que ha visto en la última década reducidos sus niveles de contaminación y CO2 porque ha exportado su producción a Asia para reducir costes laborales y ambientales
  • la que chantejeó a Grecia amenazándola con la bancarrota después de que los griegos votaran en referéndum y apoyaran mayoritariamente una vía alternativa para salir de la crisis
  • la que quiere expoliar y destruir el medio ambiente congoleño para traer a Europa hidrógeno "verde" con un tren a diésel
  • la que va a promover que se expolie y destruyan comunidades resilientes rurales para que se pueda extraer litio de Portugal y Extremadura
  • etc.
 
"En los años 90, los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó. Pero lo que señalo en el libro y que creo que es importante ver es que muchas de estas facciones neoliberales que iniciaron estos partidos en realidad no necesitaban ser convencidas de que la cultura importa y la raza importa, porque esto, en realidad, ya era un compromiso que hicieron en esa alianza, ya era parte de su pensamiento. La cáscara económica está en realidad marcada por los rasgos culturales y las diferencias culturales."

Sí, es interesante cómo explica la relación tejida entre humanismo liberal, humanismo evolutivo y nacionalismo, lo que no ve es que el humanismo socialista también está entretejido con los otros humanismos.

"La nueva normalidad es que protejas tus propios productos, que intentes romper las cadenas de suministro internacionales para traerlos a tu propia casa, se espera que se desarrolle algún nivel de autosuficiencia y desacoplamiento, etc. Estados Unidos está en ello y Canadá se ha sumado. Así que ese es el primer gran cambio. Creo que esto señala el fin del estilo de globalización mundial de los años 90."

Lo que él llama eufemísticamente "fin del estilo de globalización mundial" yo lo llamaría pérdida de complejidad del sistema, o lo que venimos llamando por aquí, colapso.

"Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington."

Aquí vuelve a la carga con la segunda de sus tesis principales: que el sistema se ha hecho inmune a la inflación. Esto ya no se corresponde con la realidad, ahora la híper-inflación sí empieza a verse como algo real, se nota que el artículo es de mayo de 2021. Creo que el autor, de todas formas, no entiende bien cuál es la amenaza. Creía que el que no aludiera para nada al tema de límites biogeofísicos al crecimiento, a parte de una frívola alusión al cambio climático, era simplemente porque a él le parecía que quedaba fuera de tema, pero ahora veo que es por puro desconocimiento.

El hecho de poder incrementar el techo de deuda sin límite tiene consecuencias funestas, por ejemplo, permite que se reproduzcan burbujas del estilo del shale oil (fracking). Se sabe que estas fuentes de energía tienen tasas de retorno energético próximas a uno o inferiores, como prueba el hecho de que se haya incurrido en pérdidas multimillonarias desde sus inicios, sin embargo, el hecho de poder endeudarse sin fin, ha permitido que EEUU siga basando su economía en el petróleo, en lugar de adaptarse al peak oil, han dejado que su economía estructuralice su carencia total de resiliencia. Ahora que los bancos ya no van a seguir financiando el fracking, empezarán a depender demasiado del petróleo de fuera, y eso hará que todo se encarezca allí, o sea, inflación, justo lo que nuestro autor niega que se vaya a dar.

A eso es a lo que nos lleva la deuda infinita, a seguir tirando el balón hacia delante para poder negar que hemos tocado unos límites que nos fuerzan a cambiar nuestras economías. Podría pensarse que si la deuda se usa para fotovoltáica o molinillos (como quieren los socialdemócratas europeos o los capitalistas verdes de EEUU), pues sí que estaríamos volviéndonos resilientes, pero no es así en absoluto, por muchos motivos, pero, principalmente, porque las renovables son subsidiarias de las fósiles y siempre lo serán.

"Todo esto hará que se empiece a relocalizar la industria en países que antiguamente eran industriales, como Estados Unidos, y puede que se cree algo de empleo. Aunque lo más probable es que sean grandes fábricas automatizadas y robotizadas controladas solo por unas pocas personas."

Vuelve a reconocer eufemísticamente el colapso. Pero lo de las fábricas robotizadas destila tecno-optimismo a lo bestia, en definitiva, ignorancia (¿deliberada?) de los límites al crecimiento, y en esto, neoliberales y socialdemócratas coinciden plenamente.

En definitiva, este artículo deja bien patente la pugna actual entre neoliberales (aliados con etnonacionalistas) y socialdemócratas por imponer sus tesis de cara a poder reparar un sistema económico que se demuestra ahora más que nunca esencial y estructuralmente fallido. Es el libre mercado lo que ambos pretenden salvar, unos con el pretexto de que es la única forma de producir la riqueza que necesita ser distribuida equitativamente, y otros con el pretexto de que para que a muchos les lleguen gotitas es necesario que unos pocos se ahoguen en abundancia.

Y el problema de ceguera de ambos es creer que se puede seguir ignorando que para producir riqueza hay que seguir triturando una base de sustento que ya no nos soporta, con el peligro de que todo se desmorone.

Aunque ambas caras de la moneda en esencia sean lo mismo, es necesario escenificar esta pugna entre ellas, para que así la población crea que cuando los suyos "ganan" están consiguiendo algo en su lucha. Esa "lucha" y ese "algo" es siempre quimérico y alejado de la realidad física que de verdad nos amenaza, y eso es lo que interesa al poder, que la gente siga inmersa en su sueño y no despierte.

Son los mitos de la modernidad, los que nos hicieron creer que éramos dioses destinados al crecimiento infinito, lo que une a unos y a otros. Es el miedo a que sigan perdiendo legitimidad y validez estos mitos lo que les une en la empresa común de mantener ignorante a la población y seguir tirando balones hacia delante. Y así, continuaremos con este lento deterioro hasta que llegue el crujido final.