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Friday, November 20, 2020

EL TURISMO DE PATERA PERJUDICA AL TURISMO DE AVIÓN

 

[Imagen compuesta a partir de trabajos de El Roto y HOLC]


Parece un titular de El Mundo Today, pero es la afirmación que hoy hemos tenido que escuchar de bocas de políticos españoles.

Con el cuerpo aún caliente del bebé Joseph, que murió ahogado en el Mediterráneo el pasado 11 de noviembre de 2020, tras naufragar la patera en la que viajaba con su madre ...

Tan solo una semana después, con el espeluznante sonido de los gritos de su madre aún en nuestros oídos, hemos tenido que escuchar en las noticias las siguientes declaraciones:

"¿Iría de turismo a Lesbos, Moira o Lampedusa en sus únicas vacaciones anuales?" (Ana Oramas, diputada de Coalición Canaria)

"Quiero que esta crisis migratoria se solucione porque yo estoy trabajando para que Canarias sea un lugar seguro para el turismo" (Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo)

También hoy, el Tribunal Constitucional ha avalado las devoluciones en caliente. Se afanan en improvisar medidas. Hay que salvar al turismo a toda costa.

Ni siquiera han respetado nuestro luto. En mi anterior post propuse que el dolor de esta madre era en realidad nuestro propio dolor, pero el cortoplacismo y la estrechez de miras del negocio de la información de masas nos impone su cruel automatismo: un día nos muestra obscenamente y hasta la extenuación la cara desencajada de dolor de esa madre y, al otro, nos da a entender que la vida de esa gente no vale nada, que lo que importa de verdad es que Canarias pueda seguir basando su economía en el turismo.

Que el primer mundo con su depredación haya desprovisto de sus propios medios de subsistencia a la gente del tercer mundo, ocasionando que dependa de los préstamos con intereses draconianos del Banco Mundial o del FMI, o de nuestra caridad, para sobrevivir ... no, eso no importa.

Que el primer mundo con su depredación haya provocado que estos países tercer-mundistas tengan estados fallidos, guerras, terrorismo, señores de la guerra, y se vean obligados a huir para sobrevivir ... no, eso, ¿a quién le importa?

Que el primer mundo con su extralimitación haya emitido la inmensa mayoría de los gases de efecto invernadero, provocando la crisis climática que convierte en yermos estos países de donde huye esta gente ... no, eso carece de relevancia.

En los últimos meses hemos visto como, por un lado, nuestro gobierno se esforzaba en configurar un corredor anti-covid para posibilitar la llegada de turistas británicos y alemanes a Canarias, y, por otro, hemos asistido a un bochornoso espectáculo de violación de derechos humanos con miles de turistas de patera hacinados en los puertos de las islas.

Los blanquitos, orondos y lustrosos cuerpos, dorándose al sol vuelta y vuelta en las playas de Canarias, valen más que los raquíticos cuerpos negritos. Estos últimos no son bienvenidos porque no van a gastar dinero en el sector turístico. Sí pueden cultivar nuestros alimentos y hacer tantos trabajos necesarios que los españoles ya no quieren hacer porque implica hacerlos en condiciones miserables para poder ser competitivos. Sí pueden cubrir el vacío en el sector poblacional que tiene que financiar las pensiones de los baby boomers. Pero eso no importa, no, porque esta imagen de un mejor futuro para nuestro país no encaja con la idea de patriotismo de algunos, basada en que todo el país sirva a su ideario e intereses, y no en servir ellos a su país.

Es evidente que en un escenario colapsista de energía, materiales y biorrecursos menguantes, Canarias va a necesitar más que nadie reemplazar su economía, basada en el turismo y altamente dependiente de insumos externos, por otra más autónoma y resiliente. Pero eso, ¿a quién le importa?

The show must go on. El business as usal (BAU) debe continuar.

Es lo que nos transmiten en estos medios de desinformación de masas, no porque no podamos entender y asimilar otro mensaje. Nos transmiten eso, desde los poderes fácticos dueños de estos medios, porque ellos no quieren perder su riqueza y privilegios. Saben que ya cada año va a haber menos energía y recursos que el año anterior para hacer cualquier cosa, y que deberíamos por tanto centrarnos en hacer las necesarias para asegurar una mínima dignidad para todos. Pero ellos han decidido que la deformada imagen de sí mismos vale más que la dignidad del resto, y ha de continuar sobrevalorada, caiga quien caiga, incluso sabiendo en el fondo que ellos acabarán cayendo también.

Es cierto que algunos de estos súper ricos quisieran cambiar de rumbo, pero no saben cómo sin ocasionar una debacle económica, o sin poner en peligro su integridad y la de los suyos. Porque imagino que algunos otros súper ricos no van a permitir disidencia entre sus filas so pena de ostracismo o incluso muerte. Estos posibles súper ricos con intención de cambio, que digo yo podrían existir, no encuentran ningún apoyo del gobierno. No hay programa gubernamental de reinserción de súper ricos. Y los posibles políticos con intención de cambio también sucumben a la parálisis por miedo a ser repudiados o represaliados. También, sabemos que, en una economía cuya razón de ser es la acumulación individual de riqueza, el ahorro y la eficiencia no sirven sin racionamiento, por tanto, aunque algunos ricos abandonaran su riqueza, mientras no hubiera detrás un ente que racionara la riqueza liberada, automaticamente vendría cualquiera a apropiarsela para sí.

Y es que donde otros vemos muerte y dolor muchos súper ricos solo ven oportunidades de negocio.

Como dice Félix Moreno en su artículo "Un cuento de súper ricos (I), Ficción":

... Si tienen que financiar una guerra, un exterminio, una hambruna, poner o quitar un presidente y con eso ganar más dinero, no hay opción, lo harán ...

Un rico no piensa en las consecuencias de sus actos más allá de cuánto dinero han obtenido, y aquí es donde empieza lo interesante, las consecuencias una vez obtenido el beneficio es lo interesante, porque les genera un nuevo campo de juegos, un terreno inexplorado de consecuencias inesperadas donde poner a prueba su capacidad de seguir obteniendo riqueza.

Si no fuera por estas consecuencias inesperadas de sus actos, su vida sería terriblemente aburrida, pero que el polo norte se derrita, que la temperatura global aumente no es más que un nuevo tablero de juegos para ellos.

Entonces empieza el juego, básicamente el juego es el siguiente, ¿cómo ganar muchísimo dinero con un planeta colapsando? ...

Friday, November 13, 2020

I LOSE MY BABY!

 


I lose my baby! Es el grito desesperado de una madre en busca de su bebé de 6 meses de vida, en medio del caos del naufragio de una patera en el Mediterráneo. La ONG Open Arms ha publicado un vídeo en el que aparece la madre de Joseph, que falleció en el barco de salvamento de la organización española tras haber rescatado su cuerpo del mar en parada respiratoria.

No sabemos su nombre, el nombre de ELLA, pero sabemos algo, que con el permiso de esa mujer tendré el atrevimiento y la desfachatez de decir en este post: TODOS SOMOS ELLA.

No sentimos su dolor, no, porque estamos anestesiados, pero su dolor es nuestro dolor, y es el máximo dolor que se puede experimentar. Ya hemos tocado hueso y no tenemos nada que perder después de esto.

Y esto no es nuevo, no, el dolor es algo nuestro desde el principio de los tiempos, y la mala gestión de ese dolor y pretender erradicarlo es lo que nos llevó a entrar en la espiral de destrucción de vida.

El dolor y el placer son constantes del universo, algo así como la energía: para que alguien experimente menos dolor (o más placer) otro alguien ha de experimentar más dolor (o menos placer).

Como decía Benedetti, no te salves .. no reserves del mundo solo un rincón tranquilo. ¿De qué sirve protegernos o salvarnos? ¿Qué sentido tiene esforzarse por asegurarnos un futuro con menos dolor, si ya hemos tocado fondo? ¿Por qué nos da tanto miedo el dolor si ya estamos en contacto con el máximo dolor que se puede sentir?

Hemos perdido a nuestro bebé en el océano. Nos subimos a esa patera para darle un futuro mejor, para escapar del dolor, y ahora está muerto, el frío océano le ha arrancado el aliento.

Ya no tenemos nada más que perder. Da igual que miremos para otro lado. Ni tan siquiera importa si nos llegamos a enterar de esta noticia en concreto o no, porque TODOS SOMOS ELLA, lo queramos o no, lo sepamos o no.

TODO está conectado y todos somos el mismo ser. Un ser que ahora agoniza, pero que con su grito desesperado de dolor va a hacer que la sangre vuelva a correr de nuevo por esa basta red que nos conecta.

La mayoría de la gente, incluso los que piensan que el futuro de la humanidad solo puede ir a mejor, se esfuerzan por asegurarse ese mejor futuro. Si no te esfuerzas una mano negra se te llevará por delante. Porque el futuro solo mejora, dicen, para el que enfoca su esfuerzo hacia ese fin.

Tienes que estudiar idiomas, formarte en el extranjero, contratar planes de pensiones y seguros médicos. O si estás más en la línea preparacionista colapsista, construir búnkeres y dotarlos con paneles solares, disponer de armas por si alguien invade tu propiedad, etc.

Pero ya no hace falta salvarse. El bebé ha muerto.

De hecho nunca hizo falta salvarse.

Y es que para conseguir un instante de verdadera felicidad solo hay que conseguir hacer las cosas por el mero placer que reporta el hacerlas en el momento, sin esperar de ello ninguna recompensa a largo plazo.

Eso es meditación en cada acto de tu vida. Observar y degustar lo que haces sin pensar en si mejorará tu nivel de dolor o placer en el futuro. Y la clave es que al hacer cualquier cosa cotidiana, normalmente duele en mayor o menor medida. Y que duela no es un precio que hay que pagar por llegar al premio futuro. Ese dolor es parte del juego y hay que aprender a bailar con él.

Rechazar el dolor intrínseco del acto cotidiano implica querer salir del círculo para entrar en la espiral. Pero para lograr salir del círculo hay que robar energía de algún sitio. Creemos que le quitamos esa energía al desgraciado que se ahoga en el mar, o que se la quitamos al futuro de nuestros hijos al socavar el medio natural que es la matriz de nuestra civilización. Pero en realidad esa energía la robamos del interior de nuestros corazones. Esa energía deja de fluir en nuestro interior y se disipa. Deja de hacer un trabajo útil para nosotros.

No existe la felicidad como algo alcanzable. Pero sí podemos ser infelices a medida que vamos robándonos esa energía. Esa energía se tiene desde que nacemos. Es todo lo que tenemos, y el camino propuesto por la vía circular implica (1) parar y dejar de hacer cosas que nos hacen perder esa energía a espuertas y (2) empezar de nuevo a observar esa energía.

La felicidad es eso: volver a observar nuestra energía primigenia. Desde que nacemos nos pasamos media vida aprendiendo a ignorarla y a perderla, y luego hay que emplear la otra media en desaprender eso y reaprender a contemplarla y a hacerla fluir de nuevo.

Estamos acostumbrados a posponer el acto de vivir con la promesa de poder vivir mejor en el futuro.

Estamos acostumbrados a sustituir nuestra capacidad innata de disfrutar y sentir la vida por objetos inanimados que prometen restaurar la energía perdida y no lo hacen.

No se puede recuperar energía en el camino de la espiral, porque ahí, en cada vuelta perdemos.

He perdido a mi bebé en el océano. No soporto el dolor. Pero también sé que el dolor no se va a ir. Entonces, para que se quede ocioso y arrinconado en algún lugar de mi mente, obstruyendo el fluir de mi energía, ¿no es mejor ponerlo a bailar?

De hecho, en el círculo no fluye la energía solo en el sentido de reportarnos placer. Lo hace también en el sentido de reportarnos dolor. Un flujo es el motor del otro. Es ese baile entrelazado del Yin y el Yang lo que mueve la energía de la manera más óptima, esto es, minimizando las pérdidas energéticas y maximizando la utilidad que nos brinda la energía.

Y es este camino del círculo el que lleva necesariamente a un estilo de vida frugal y sencillo. A una sociedad justa y sostenible, que es aquella compuesta por seres que no pierden su energía interior a espuertas. Seres que no temen bailar con el dolor. Seres que no apartan la vista del bebé ahogado flotando en el mar.

Porque no bailar es bloquear la energía.

Es quedarse inmóvil al borde del camino,

... es salvarse, quedarse sin labios, dormirse sin sueño y pensarse sin sangre ...