Sunday, June 12, 2022

GODELLA, CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Caballito del diablo. Exposición Natura Godella.

 

El día 4 de Marzo de 2022 dio una conferencia el veterano activista valenciano del ecologismo social Julio García Camarero, en el local destinado a la Exposición Natura Godella, en la calle Mayor nº32 de Godella, localidad pegada a la ciudad española de Valencia.

Fuimos muy pocos los asistentes. Aunque cada vez hay más gente alarmada y preocupada, todavía son muy pocas las personas conscientes de la grave situación de peligro existencial a la que nos ha llevado el sobrepasamiento de nuestra civilización tecno-industrial global.

Es ese sobrepasamiento el que ha llevado a unos rendimientos de nuestra complejidad decrecientes e incluso negativos, como queda constatado por los efectos del caos climático, del colapso ecológico, del deterioro y contaminación de suelos fértiles, ríos, acuíferos y mares, de la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos que nos hacen cada vez más vulnerables ante futuras pandemias, o del final de una abundancia de recursos energéticos y materiales que posibilitó dos siglos de delirio crecentista y cuya contracción nos lleva ahora a una competición cada vez más feroz y a un incremento insoportable de la injusticia social.

En definitiva, la civilización tecno-industrial global, en su economía unidireccional de hipertrofiada extracción, consumo y excreción, narcotizada por el inamovible mantra del crecimiento (material) perpetuo, ha llegado (ya desde hace décadas) a un punto en el que expolia de la biosfera más de lo que ésta puede reponer y expulsa más deshechos tóxicos de los que ésta puede asimilar. Cuanto más prolongamos el tiempo de nuestro sobrepasamiento, más se debilita la capacidad de carga de la biosfera para mantenernos.

Frente a esta realidad, interesa ir más allá de la enumeración de los síntomas, que nos lleva al pensamiento reduccionista de que el problema global es una suma de sub-problemas atajables cada uno por separado. Interesa analizar por tanto la sintomatología de manera holística y preguntarse por el diagnóstico y las causas: ¿cómo llegamos a esto y por qué?

También interesa preguntarse por las respuestas que puede dar la humanidad ante este descenso obligado, que son, por un lado, respuestas enfocadas a la continuidad de estructuras de poder con difícil reconciliación con los límites y equilibrios de la biosfera, como ecofascismos, neofeudalismos (respuestas reduccionistas, donde al arreglar una cosa estropeas otra), y por otro, los descensos con vocación eco-social, como los propuestos por el movimiento decrecentista, por la economía ecológica o circular, o la permacultura (respuestas holísticas, todo está conectado, nuestra economía pues, ha de ser parte de la economía de la biosfera). Todo parece indicar que en el futuro cercano tendremos que coexistir con una combinación de ambos.

De todo esto nos habló Julio. Podéis encontrar aquí  una muestra de su trabajo de divulgación.

El lugar de la conferencia fue especialmente indicado para acoger su mensaje, ya que se ha convertido en lugar de culto y peregrinación para mucha gente de Godella preocupada por la crisis eco-social especialmente sufrida en las carnes godellenses. Allí se puede disfrutar desde el 12 de Enero de 2022 de una exposición pensada para revalorizar los espacios naturales de Godella y concienciar a la gente de cara a su conservación.

"Salvem Godella" es una iniciativa vecinal del pueblo de Godella para luchar por la conservación de los pocos espacios naturales de alto valor ecológico que quedan por los alrededores. Ya consiguieron detener la Modificación del Plan General (PGOU) que acababa con uno de esos espacios naturales, la Lloma dels Frares, pero hay que seguir trabajando en la protección de la Canyada de Trilles, que pasa por la tramitación de un nuevo Plan General que materialice la caducidad del PAI que amenaza esta zona.

Godella es un ejemplo práctico y extrapolable de uno de los eslabones que protegen, como un cinturón natural, la ciudad de Valencia y sus alrededores. Un pulmón natural fuente de oxígeno, barrera de contención de contaminación y protector contra pandemias para la ciudad de Valencia y alrededores. La destrucción de los entornos mediterráneos y la construcción no sostenible, suponen un problema de aumento de temperatura, gestión de recursos acuíferos e impermeabilización de terrenos.

La muntanyeta de la Torre del Pirata es un espacio pendiente de urbanizar desde hace casi dos décadas en la localidad valenciana de Godella. Catalogado como suelo urbanizable en el Plan General (PGOU) de 1990, el desarrollo de este sector, Canyada de Trilles, se impulsó a principios de siglo (2002) con el objetivo de construir medio millar de viviendas en el PAI (Programa de Actuación Integrada) que afecta a unos 150.000 metros cuadrados. Sin embargo, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria a finales de la primera década de 2000 paralizó un proyecto que ahora se intenta retomar pese al rechazo de diferentes colectivos vecinales, que reclaman la protección de este espacio como paraje natural.
En 2015, después de una moratoria de cuatro años, se inició un proceso de caducidad de esta actuación. Sin embargo, cinco años después, en 2020, el Ayuntamiento de Godella dejó sin efecto esa caducidad y se retomó el proceso de urbanización en lo que la concejala de Unides Podem (UP) Irene Ferré califica como una decisión "de dudosa legalidad", al considerar que es una actuación "incorrecta administrativamente". UP votó en contra en el pleno y presentó un recurso contencioso-administrativo contra este acto: "Estamos ante un continuo de irregularidades". Según explica Ferré, el Ayuntamiento alega para no proceder a la caducidad del programa que esta decisión tendría un elevado coste económico.


El elevado coste económico al que se refiere el ayuntamiento se debe al coste del desarrollo de un nuevo Plan General que invalide al antiguo y nefasto "Plan". Ese coste sería en torno a 200 mil euros. Sin embargo, recientemente el ayuntamiento de Godella adquirió una nave industrial por valor de más de 800 mil euros para ubicar a técnicos y policía local.

El argumento esgrimido por el actual equipo de gobierno del ayuntamiento de Godella sobre la supuesta falta de músculo financiero, es una escusa que viene usando para eludir su responsabilidad en el servicio público orientado al bien común y, más bien, para poder orientar su actividad hacia el bien particular.

Y es que en Godella estamos muy cansados ya de que desde las instituciones nos la metan doblada:


Sí hubo consenso en el Ayuntamiento en 1990, cuando se aprobó el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que coloreó como zona verde pública el área adyacente al colegio del Sagrado Corazón, propiedad de las monjas desde 1898.
El origen de esa zona verde era, sin embargo, anterior. El Plan Comarcal de 1946 ya la recogía, aunque aquella declaración no tuvo efectos prácticos. Tampoco tuvo inicialmente consecuencias la aprobación del Plan General de 1990. La congregación presentó 7.000 alegaciones y recurrió el mismo ante los tribunales. El Consistorio se dedicó en los años siguientes a financiar otras dotaciones que también figuraban en el PGOU. Un polideportivo, un edificio para servicios sociales y un centro cultural entre ellos. La justicia tardó una década en validar la postura del Ayuntamiento, rechazando los reparos de la congregación.
Para entonces, año 2000, la valoración de los terrenos había cambiado. El Gobierno de José María Aznar dispuso que para calcular su precio no se tomaría como referencia el precio catastral, sino el de mercado, sustancialmente más alto. La congregación cambió entonces de criterio y pidió que el terreno le fuera expropiado. Una opción que se permite a los propietarios afectados por la aprobación de un PGOU.
Si el Ayuntamiento había valorado la zona en 180.000 euros en 1990, las religiosas reclamaban ahora 33,7 millones de euros. El Jurado Provincial de Expropiación fijó en 2006 la indemnización en 11 millones. Hubo recursos del Ayuntamiento, para rebajar el importe, y de la congregación, para elevarlo. El Tribunal Supremo zanjó la polémica en 2012 confirmando el precio del jurado de expropiación. Sumados los intereses, Godella debía pagar 16 millones de euros. [...] por un terreno que en la práctica nunca ha sido público y la congregación mantiene vallado
.
 

El Ayuntamiento de Godella y las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús han llegado a un principio de acuerdo sobre la indemnización a pagar por unos terrenos que en 1990 se incluyeron como zona verde en el Plan General de Ordenación Urbana con un coste previsto para las arcas municipales de 180.000 euros y que el paso del tiempo, los cambios legales y la burbuja inmobiliaria dispararon hasta 11 millones la década pasada (18 hoy contando los intereses), según la sentencia del Tribunal Supremo que zanjó un largo pleito.
La congregación, conocida como "las monjas" en Godella, donde gestiona un conocido colegio, ha aceptado reducir a cerca de ocho millones y medio de euros el importe y ampliar hasta 15 años, al menos, el periodo de pago. A falta de concretar los detalles y de formalizar el pacto, la solución alejaría la sombra de la intervención judicial del municipio, que con un presupuesto de nueve millones de euros veía imposible poder hacer frente de una vez al precio fijado por la expropiación.


Ya nadie en Godella habla de "la deuda con las monjas" que el santo y justo Tribunal Supremo nos obligó a contraer a todos sus ciudadanos. Es un tema tabú, así como lo es en nuestra sociedad colapsante cuestionar el crecimiento. Pero, como se suele decir, "de aquellos polvos, estos lodos".

Y no dudo de que el Tribunal Supremo y el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Godella solo y exclusivamente hayan hecho su trabajo de la mejor manera posible, siguiendo a rajatabla unas directrices diseñadas para facilitar la trampa del más fuerte y posibilitar la acumulación material en cada vez menos manos. Tampoco dudo de que las monjas del Sagrado Corazón de Jesús, como empresa que se dedica a reproducir el capital en lugar de la vida (lo único que pueden hacer empresas e instituciones en este nuestro régimen) tengan impedimentos para hacer otra cosa que no sea ejercer ese quehacer. Pero de lo que tampoco dudo, es de que luchar por conservar nuestros pocos activos naturales restantes sea de las pocas cosas que marcarán la diferencia apuntada por Julio en sus reflexiones: aquella dada entre un decrecimiento feliz y otro infeliz.
 

 

Wednesday, June 8, 2022

UN BOLETO GANADOR

 


Este texto ha sido escrito para dar apoyo a 'La Atalaya', un precioso proyecto de educación activa y vivencial en la naturaleza, que ahora pretende tener continuidad a través de una campaña de Crowdfunding.

Por raro que parezca, ahí fuera hay gente, cada vez más espero, que son capaces, luchando contra toda esta corriente, de contribuir a la dinamización rural desde una perspectiva tanto emancipadora del sistema dominante como reconciliadora con la matriz natural de vida.

Ojala puedan continuar haciéndolo.

 

*    *    *



Los niños en mi ciudad sueñan con llegar a ser ricos, ya sea como deportistas o jugadores de élite, como influencers en las redes, apostando lo suficiente en la ruleta o, en el caso de los más espabilados, aprendiendo de la gente apropiada cómo llegar a ser el depredador más fuerte de la cadena trófica.

Sueñan con ser ricos porque la sociedad del consumo masivo, esta bestia de la reproducción del capital en la que están inmersos, les ha robado el resto de sueños.

Es tabú soñar con cosas que no valgan dinero en este mundo de asfalto, hormigón, acero, motores, humo ... y plástico. Y cada vez es más difícil hacerlo, puesto que la tendencia, auspiciada por el progreso tecnológico, apunta a la posibilidad de llegar a monetizar hasta el último ínfimo halo de energía vital que pueda seguir fluyendo e intercambiándose libremente (sin transacción mercantil) entre nosotros y el resto de la vida orgánica.

"Tu vida no vale nada en sí misma, naces vacío de utilidad", les dice el capital a las niños de mi ciudad .. "solo si te esfuerzas lo suficiente en controlar ese amasijo inútil de emociones con el que naces, y lo enfocas en desarrollar la capacidad de hacer las grandes y verdaderamente valiosas cosas que te proponemos, podrás llegar a ser alguien en la vida".

"Pero eso sí", les advierte la profunda voz de la Megamáquina, "para hacerse a uno mismo y llegar a la cima hay que desoír a toda costa el impulso natural hacia el contacto desinteresado con las estructuras vitales, formar parte de esa canalización y reparto cíclico de energía es primitivo y contrario al progreso, y si firmas el contrato social en exclusiva, solo con nosotros, las herramientas de la civilización del progreso quedarán a tu disposición para que te conviertas en algo, es decir, en una batería de acumulación de energía egocéntrica".

"Para ello tendrás que aprender a discernir cuáles de esas emociones, que te vienen de serie y sin propósito son inútiles, te servirán para poder alcanzar nuestro propósito".

Es ahí cuando comprenden que la ambición, el orgullo, la competitividad y el apego a lo propio, son mejores que el altruismo, la generosidad, la cooperación y el bien común.

En realidad, todas y cada una de las pulsiones y emociones humanas son necesarias en su justa medida y existen porque jugaron un rol fundamental en nuestro desarrollo evolutivo en encaje con los límites ecosistémicos. Solo cuando hemos hallado un propósito (de acumulación) fuera de ese encaje natural, nos hemos visto en la obligación de alentar unas en detrimento de las otras.

El imperio del capital promociona esa idea de que los niños, y sobre todo los adolescentes y jóvenes, no pueden desempeñar tareas o roles útiles para la comunidad, al menos no mientras no puedan ser mercantilizables. Pero eso es así porque apenas hay ya comunidad real dentro de las ciudades modernas. Se trata a los jóvenes como carcasas vacías que solo son en potencia, solo son la promesa de lo que puedan llegar a trepar en el escalafón, y de lo mucho que puedan llegar a producir, o a destacar en los deportes, la música, el arte o el ajedrez. Ante la imposibilidad de formar parte de la comunidad como miembros de pleno derecho durante el tiempo que se están "formando" como tales, se les atiborra en su tiempo de ocio con toneladas de ocio atomizador.

Esa desconexión y aislamiento de la comunidad, esa imposibilidad de desarrollar la identidad relacional para la que genéticamente estamos predispuestos, es un imperativo en una sociedad compuesta por átomos individuales solo conectados a través de una fría red tecnológica de complejidad creciente cuya única virtud reside en la posibilidad que nos ofrece de tratar todo y a todos los que nos rodean como pura mercancía al servicio del único objetivo perfilado en el horizonte: competir por amasar en forma de stock el flujo de la felicidad, mal entendida como un recurso no renovable menguante.

Producción, desarrollo, crecimiento, "hasta el infinito y más allá". Imagina, crea, desarrolla, haz cosas, da igual, lo que sea, pero no te quedes parado observando el flujo, la idea es amasarlo, machacarlo y retorcerlo para seguir con nuestra ilusión de control. Da rienda suelta a la imaginación, y que prevalezca un sistema que se encarga de triturar todo el medio natural para transformarlo en esta mole material inerte e informe, este sumidero de vida y fuente de lamento, donde va a parar todo este delirio desenfrenado de intelectualidad y estética expansivas.

El dogma del crecimiento perpetuo se basa en que el límite de nuestras necesidades (materiales y emocionales) solo lo fija nuestra imaginación, por lo que la capacidad de inventar nuevos bienes y servicios es infinita. Para ello se promete que la ciencia hallará formas de eficiencia milagrosas o fuentes de energía gratuita inagotable, que siempre encontraremos nuevos recursos en el basto universo a nuestro alcance. Pero además de no admitir los límites infranqueables impuestos por la matriz natural de la que formamos parte inseparable, lo que no se admite es que la escasez y la desigualdad no solo son una consecuencia de la extracción y el expolio, sino que son requisitos necesarios para acceder al producto más codiciado de todos los ofrecidos por este sistema: el poder.

Power, que en inglés es potencia pero también energía, la capacidad de control, de dominación, la promesa prometeica de ser dios en el mundo creado por una imaginación que se vende como ilimitada pero que en realidad ha sido mutilada e hipertrofiada al servicio de algo. Ese algo alimenta nuestro ego hasta la extenuación para que seamos sus esclavos.

¿Qué sería de la imaginación infantil si se pudiera desarrollar dejándola fluir con el resto de voces de la sinfonía de la vida? ¿Qué sería de esas almas puras si se les animara a participar como canales necesarios en la transmisión de esa energía a compartir a lo largo y ancho de toda la red de vida? ¿Cómo afectaría a su capacidad productiva saberse un holobionte parte de ese organismo llamado Gaia, que a través de la simbiosis hizo del clima de este planeta algo propicio para ella?

A mí ya me robaron la infancia, y tan solo soy un engranaje productivo de esta Megamáquina a la que alguien olvidó diseñarle el freno. Yo ya no sueño, y sin embargo, aún creo que puedo hacerlo a través de unas mentes infantiles que se les dé la oportunidad de crecer y desarrollarse en la naturaleza sin que se cohíba su capacidad de diálogo con el medio y con su propio interior. Porque la mejor manera de aprender a cuidar lo que es de todos es dejar que cada uno descubra a su manera el camino que lleva a esa relación íntima con lo común. El valor de lo común reside en la diversidad proporcionada por sus partes, y los seres humanos son unos de los pocos animales conscientes que pueden sentir esa comunión.

Cuando era niño mi padre solía pedirme que le sugiriera los números para el definitivo boleto ganador de la lotería. Yo me esforzaba en proyectar todo mi poder mental para acceder mágicamente a los números ganadores, aunque sin ningún éxito. Más tarde, al estudiar estadística, comprendí lo difícil que era acertar. Y más tarde aún, al estudiar suficiente ciencia como para llegar a un callejón sin salida, me di cuenta de lo tremendamente absurdo que era pretender conseguir que la vida humana sobreviviera en el espacio exterior, sin Gaia. Absurdo por técnicamente inviable y también por éticamente indeseable.

Sin embargo, yo, como el 99.9% de la gente, mientras nos aferramos a sueños imposibles, desdeñamos una tras otra la posibilidad real de hacer realidad los sueños que están de verdad a la escala humana, una escala lejana y perdida, de encaje e igualdad con el resto de seres de esta, nuestra única nave espacial a la que llamamos Tierra.

Hoy he invertido un dinero en 'La Atalaya'. Ha sido una cantidad irrisoria comparado con todo lo que dilapido a diario para poder seguir siendo un engranaje productivo de nuestro sistema expansivo y suicida. Creo que ha sido el dinero mejor invertido en mucho tiempo. El mejor tributo a mi infancia perdida. Mi disculpa también a mis hijas por no haber sabido, o querido, o tenido el valor de darles la oportunidad de criarse en armonía con la naturaleza y lejos de la castración de la cultura industrial.

Llevarse a los hijos tan pequeños a criarse lejos de las suculentas oportunidades ofrecidas por el sistema es una decisión muy difícil, porque creemos que nos culpabilizaremos en el futuro si no son felices por llegar a faltarles esto o lo otro, y sin embargo, al entregar a nuestras criaturas al sistema de cría industrial les estamos imponiendo la necesidad insaciable de ser felices a través de la acumulación y a través del imperativo de tener que salvarse de todo y de todos.

Hoy no quiero soñar con hacerme millonario. Quiero soñar con algo mucho más sencillo y factible. Quiero soñar con todos los niños que pueden criarse en el campo en condiciones dignas y en compañía de gente adulta que los respete y sepa guiarlos a un lugar diferente de la productividad, del éxito ególatra y del erróneo concepto de seguridad y bienestar fundamentado en el expolio y la desigualdad.

Quiero soñar con que esta campaña de recaudación consigue llegar a su humilde objetivo en el tiempo que resta. Vamos bien. Podemos conseguirlo. Ahora veo que es posible que nos toque la lotería.
 

Monday, May 23, 2022

LA REGLA DE TRES

 

El hidrógeno, una sólida elección para la transición energética - Trendsformative

 

He aquí un cálculo básico para probar la imposibilidad de hacer 100% "verde" al capitalismo sin irse a un neocolonialismo brutal. Animo a profesores de ciencias de instituto a que lo planteen a su alumnado:

Imaginemos un mundo con un conjunto de países clónicos en cuanto a su capacidad de producción energética. Digamos que el 20% de la energía de cada país está completamente electrificada mediante sistemas de captación de energías renovables, esto es, turbinas eólicas y placas fotovoltaicas.

Ahora, uno de los países, el de nombre "Espabilandia" se da cuenta de algo: para ser 100% renovable, y por tanto ecológicamente sostenible en el tiempo, debería migrar a "renovable" el 80% restante de su tarta energética, que actualmente no es renovable. Máxime cuando la producción, instalación y mantenimiento de ese 20% electrificado y renovable depende al 100% de ese otro cacho (80%) no renovable.

El problema es que ese 80% no se puede electrificar, y además, de poderse, los territorios de todos estos países ya están completamente saturados de molinillos y paneles después de lograr la hercúlea azaña de cubrir un 20% de la energía con ellos. Por tanto, ya asumieron que la única alternativa renovable para poder seguir generando calor industrial y moviendo maquinaria pesada, transporte pesado y tracción agrícola es mediante el hidrógeno "verde", el que se obtiene a partir de agua y la electricidad proveniente del aire y del sol.

También, después de décadas de desarrollo, se dieron cuenta de que las pérdidas energéticas del vector hidrógeno oscilan entre más del 90%, en el caso de la movilidad, y el 70% en el caso de la generación de calor. Asumamos un promedio de un 80% de pérdidas, o 20% de eficiencia.

Después de mucho cavilar, "Espabilandia" decide la solución salomónica de ir quitando la mitad de la producción renovable de cada país, esto es, un 10% de la tarta energética de cada país, hasta llegar a cubrir el 80% de su propia tarta que aún no es renovable.

La pregunta es: ¿cuántos países ha de parasitar y colonizar "Espabilandia" para lograr su objetivo, asumiendo ese 20% de eficiencia del hidrógeno?

Respuesta: Un 10% de la tarta de cada país multiplicado por un 20% de eficiencia nos da tan solo un 2% de recaudación por país a engrosar en nuestra tarta. Por tanto, necesitamos quitar a 40 países la mitad de su capacidad renovable para poder cubrir nuestro 80% de tarta con hidrógeno verde.

Si no he errado en los cálculos, este argumento me parece bastante esclarecedor para comprender el cortoplacismo, el pensamiento mágico y la gran mentira que hay detrás de los escenarios que se plantean desde el estatus quo para lograr que el capitalismo sea ahora sostenible.

Cualquier niño armado con una regla de tres, con el dato de la eficiencia del hidrógeno (20%) y con el dato de que el 80% de la tarta energética de su país solo puede hacerse renovable quemando hidrógeno de origen renovable, sería capaz de ridiculizar a los tecnólogos del Green New Deal y el European Green Deal.

Y por cierto, ese mismo niño también entendería que la única solución al problema de la extralimitación de nuestro modelo pasa, nos guste o no la idea de soportar un "mono" terrible, por una contracción de la actividad productiva hasta situarse de nuevo por debajo de los límites biofísicos y de la capacidad que el planeta tiene de ofrecernos biorrecursos sin los que no podemos vivir.

Debemos exigir a los gobiernos que haya una reestructuración y migración completa de las actividades económicas que ahora sirven a la reproducción del capital, para que se orienten hacia la reproducción de la vida.

Debemos ir desenganchándonos de todos nuestros vicios.

No es un mandato moral, ni un sueño edenista. Tan solo pragmatismo egoísta. Debemos entender que la única manera de preservar al máximo los mejores logros de la modernidad, o quizás de tan solo sobrevivir, pasa por asegurar un descenso socialmente justo e igualitario centrado en el apoyo mutuo y la reproducción de la vida.

Friday, May 6, 2022

EL HIDRÓGENO DORADO

 

© Wikimedia/Reg Natarajan. La leyenda de El Dorado, la laguna y el pueblo de Guatavita.

 

Cada vez resulta más difícil engañar a los algoritmos de censura en las redes sociales. La IA está ganando músculo al servicio del poder.

El texto que viene a continuación fue mi intento fallido de responder a una noticia (aquí, y aquí) que fue comentada en un grupo de Facebook llamado 'Emergencia climática'.

Hasta ese momento siempre pude ejercer mi crítica de manera respetuosa hacia la corriente dominante de pensamiento:

"los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, una supuesta 'economía verde' que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos"

Pero el respeto ya no es condición suficiente, ahora además hay que aceptar el mantra del poder para poder acceder a la tecnología que ellos producen y controlan. Tiene sentido.

La noticia hablaba de un nuevo método para obtener hidrógeno que era muy muy eficiente y que no generaba residuos. La persona que presentaba esto en el grupo 'Emergencia climática' lo hacía con la visión de que esto ayudaría a resolver nuestro problemilla con el indisciplinado clima actual. Por supuesto, los algoritmos de Facebook encontraron el titular de esta noticia de lo más acertado.

Científicos españoles logran producir 'hidrógeno dorado' que 'limpia' el aire

Al censurarme, Facebook me notificó que debía estar violando alguna de estas reglas:

  1. Sé amable y cordial
  2. No publiques promociones ni spam
  3. relación con el cambio climático
  4. No repetir publicaciones.
  5. Las publicaciones deben tener una base científica

Creo que, pese a todo, seguiré usando esta red social, mientras siga con mi vida de yonqui consciente. Tendrán que echarme ...

Os dejo con el texto censurado.    

***

El titular ya de por sí dice bastante poco de la comprensión lectora del periodista o mucho de su pueril habilidad manipuladora. ¿Que limpia el aire? En la otra noticia que nuestro amigo adjuntaba dice claramente:

"con este sistema el dióxido de carbono (CO2) que se produce en el proceso no se emite a la atmósfera, se transforma en una corriente presurizada para su licuación y transporte para su posterior utilización o almacenamiento, permitiendo así la descarbonización"

Luego en el titular debería decir que "no ensucia el aire" que es radicalmente diferente a "limpia el aire".

Dice que "El combustible puede ser amoníaco, gas natural, biogás u otras moléculas con hidrógeno".

El gas natural traspasará su cénit productivo en 2025, y ya vemos los problemas que están teniendo en Europa y otras partes del mundo. El biogas es ruinoso producirlo, y el amoniaco se produce de manera industrial a partir de hidrógeno y nitrógeno, luego tampoco sirve.

Este proceso puede ser un nuevo logro del intelecto humano, pero no sirve en absoluto para mantener una sociedad híper-compleja que ya pasó de rendimientos decrecientes a negativos.

Amigo, estamos hablando de sustituir todos los usos actuales del diésel y del gas natural por hidrógeno, ese es el reto: mover maquinaria pesada, transporte terrestre y marítimo, metalurgia y otros usos industriales que necesitan calor imposible de hacer con electricidad, vamos, más del 80% de la energía que usamos actualmente.

Me temo que estas membranas, aunque muy eficientes y limpias porque no generan residuos, no solucionan la papeleta, porque necesitan ser alimentadas con algo que no es renovable y que cada vez va a resultar más escaso y caro, el gas natural, por no hablar de todos los materiales raros y cada vez más escasos implicados en su desarrollo.

La palabra 'agua' no la vi por ningún lado ...

La 'economía del hidrógeno' está llamada a sustituir a la de los combustibles fósiles, luego no tiene ni pies ni cabeza que eso se pueda hacer a partir de este método que usa gas natural en su entrada.

Este invento servirá solo para usos minoritarios concretos y mientras haya gas rentable.

La única manera de desfosilizar ese 80% de nuestro pastel energético que no es electrificable es a partir del 'hidrógeno verde' ... déjate de 'dorados', que no te deslumbren los destellitos ... y la economía del hidrógeno verde es ruinosa, se pierde un 90% de la energía eléctrica entrante.

Y ¿cómo las élites (las alemanas en el caso europeo) pretenden compensar esa ruina? Está clarísimo: colonialismo energético. Externalizando costes sociales y ambientales fuera de sus fronteras. Para eso están dándonos préstamos a interés cero para plantar molinillos como si no hubiera mañana.

 

 

Monday, April 25, 2022

TECNOLOGÍA ORGÁNICA E INORGÁNICA

M.C.Escher Circle Limit III in a rectangle by Vladimir-Bulatov

 

Es necesario ahondar en el conocimiento de las ciencias de la Tierra y del de nuestro propio cerebro como paso previo fundamental para el despertar de conciencias y la búsqueda de vías para transitar el colapso diferentes del miedo, odio, hedonismo o nihilismo. Se impone una visión sistémica de la ciencia que conecte áreas que hasta ahora han permanecido aisladas.

Al hilo de eso, hay una serie de cuestiones que considero cruciales y que también nos permitirán entrar de lleno en el cada vez más pertinente debate neo-ludita. Son matices que quedan poco desarrollados o incluso excluidos de la discusión, al menos, en lo que yo he venido leyendo y escuchando de autores en la órbita del activismo ecosocial. Aún así, bien es cierto que conocer las reflexiones de todos ellos me ha sido necesario para poder encontrar vías de exploración de tales ideas.

 

Sistemas complejos

Un sistema complejo es un conjunto de agentes que se relacionan entre sí a lo largo del tiempo siguiendo una serie de reglas o condiciones de contorno. La dinámica del sistema viene dada por sus reglas de evolución. El conjunto siempre estará acotado y separado del exterior por una cierta frontera más o menos permeable, permitiendo la entrada y salida de energía, información y materia. Esta entrada de recursos permite al sistema mantenerse, pero también, eventualmente, crecer, ya sea porque los agentes puedan intensificar su actividad o porque puedan auto replicarse y crecer en número.

El crecimiento del sistema puede poner en peligro la estabilidad del mismo y, con el aumento de complejidad, el sistema puede adquirir, de manera espontánea, mecanismos de control que le permiten permanecer en régimen estable (excluiremos de la discusión los sistemas complejos diseñados a voluntad para su estabilidad por seres inteligentes). En el caso de los sistemas orgánicos gaianos, ya vimos cómo mediante la simbiosis eran capaces de superar los límites al crecimiento de su complejidad.

Las estructura de relaciones establecidas entre los agentes puede llegar a ser muy compleja a medida que el sistema evoluciona. La complejidad del sistema radica en que, a medida que transcurre su dinámica, los agentes primigenios llegan a auto organizarse en grupos de agentes y emergen nuevas reglas que coordinan la relación entre estas nuevas supra entidades en una escala superior.

Esa emergencia espontánea, no dirigida, de nuevas súper estructuras y nuevas reglas en escalas cada vez mayores recuerda y se asemeja mucho a una dinámica fractal. La estructura de relaciones en una escala dada del fractal tiende a replicar la establecida en escalas inferiores.

A los humanos, como seres inteligentes que somos, se nos da muy bien diseñar sistemas complejos para que permanezcan en régimen estable (p. ej. un puente, un circuito electrónico, ...). Lo que no se nos da tan bien, como agentes que somos pertenecientes a un sistema complejo, es diseñar reglas que permitan mantener bajo control la estabilidad de las súper estructuras que emergen dentro del tablero de juego en el que nos hayamos inmersos.

En los sistemas complejos, cuando se forman estructuras superiores, las partes que se asocian para formarlas entregan parte de su telos (fin o propósito) a la estructura superior formada, de manera que no les es accesible un control sobre el tipo de reglas emergentes que surgen espontáneamente para que las nuevas estructuras superiores puedan relacionarse entre ellas. El control emerge del conjunto, y no de la voluntad de sus partes.

Otra característica fundamental de la dinámica de sistemas complejos es el establecimiento de bucles de realimentación en el flujo de materia, energía e información circulante a través de las estructuras del sistema y entre éstas y la propia frontera del sistema. La relación entre un punto de entrada y otro de salida dentro del bucle se dice positiva cuando un incremento del flujo en la entrada lleva a un incremento en la salida, y al revés, una disminución en la entrada lleva a una disminución en la salida, es decir, más lleva a más y menos lleva a menos. Por el contrario, una relación negativa supone que más lleva a menos y menos lleva a más.

Decimos que el bucle se desestabiliza cuando el flujo circulante se hace demasiado grande para que la estructura lo soporte o, por el contrario, cuando éste desaparece por completo y cesa la dinámica dentro del lazo.

La emergencia de mecanismos de control estabilizante en los bucles de relaciones en sistemas complejos sucede gracias a la concurrencia de relaciones tanto positivas como negativas dentro del mismo lazo, de manera que un número impar de relaciones negativas conduce a la estabilidad, mientras que si no hay relaciones negativas o el número de ellas es par, se tiende a la inestabilidad (ver figura).

Diagrama de influencia del modelo de ordenador Daisyworld diseñado por James Lovelock desde la dinámica de sistemas. Se simula un mundo poblado por margaritas negras y blancas. Las poblaciones tienden a ajustarse hasta conseguir una temperatura del planeta apropiada para ellas. Un aumento o disminución de la luminosidad del Sol causa un respectivo aumento o disminución de la temperatura del planeta. Más temperatura del planeta implica más temperatura de las margaritas negras (que ya no están tan cómodas); más temperatura de las margaritas negras implica más aumento relativo de las margaritas blancas (éstas siempre están algo más frías que su entorno, así que, si aumenta la temperatura cerca de ellas por las negras, esto las beneficia, y crece su población relativa). Más aumento relativo de las margaritas blancas incrementa el albedo (brillo o rechazo de la luz del Sol); más albedo implica menos temperatura del planeta, y menos temperatura del planeta implica menos temperatura de las margaritas negras. Es decir, que a través de las poblaciones de margaritas, un aumento de la luminosidad del Sol que tiende a aumentar la temperatura es contrarrestado por un aumento del albedo que tiende a disminuir la temperatura, lo que genera un "lazo" estabilizante de la temperatura (una realimentación negativa) que hemos simbolizado con la flecha discontinua E. [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia. A hombros de James Lovelock y Lynn Margulis", pág. 211]


Al final, en los sistemas complejos todo está conectado, y si un diseñador inteligente que forme parte del sistema y con poder para introducir en un punto dado del mismo una nueva relación positiva, no se preocupa de integrar también la correspondiente relación negativa, acabará provocando desestabilidad en lugares inesperados sin conexión aparente con su punto de intervención. Visto así, parece claro que si el diseñador forma parte del propio sistema como un agente más, le va a resultar muy difícil, si no imposible, acometer dicha tarea, ya que para tener una visión completa y poder ejercer un control total tendría que situarse fuera del sistema, un lugar que por definición no le es accesible.

La mitología del progreso, que impulsa la relación tóxica del sistema humano con su sistema matriz, la biosfera terrestre (Gaia), se sostiene sobre los prejuicios del determinismo, reduccionismo y mecanicismo. Esta relación es tóxica porque, en el intento de doblegar al sistema matriz para perpetuar nuestro crecimiento desmedido, estamos desestabilizando ambos sistemas. El reduccionismo nos lleva a pensar que un problema muy complejo (como controlar a un sistema complejo) se puede descomponer en problemas menores, de manera que la solución global se alcanza como suma o agregado de resoluciones parciales. Y el determinismo y mecanicismo conducen al espejismo de que podemos llegar a entender las reglas emergentes que mantienen estable el sistema complejo en el que estamos inmersos hasta el punto de ser capaces de recuperar su estabilidad cuando interferimos gravemente en ella.


Entropía irresoluble

".. el ser humano desea cada vez más convertir la radiación solar en diferentes formas de energía, como la electricidad o el combustible, que puedan realizar un trabajo. Esto sólo puede lograrse creando dispositivos o máquinas que conviertan una forma de energía en otra y los recursos para esos dispositivos provienen de la corteza terrestre. Esos dispositivos tienen una vida útil finita y dependen de más infraestructuras (transporte, ciudades, fábricas, universidades, policía, etc.) para mantenerlos y hacerlos funcionar, que a su vez tienen una vida útil finita. Es necesario seguir extrayendo, refinando y fabricando.

La cantidad de energía captada del sol por estos dispositivos nunca podrá ser suficiente para devolver a la Tierra su estado original. Así lo determina la segunda ley de la termodinámica. Así que el proceso de extracción, construcción y fabricación, para convertir y utilizar la energía, agota y degrada inexorablemente los recursos minerales de la Tierra. Es irreversible e insostenible. Da igual que consideremos la energía solar, la eólica, la hidráulica, el carbón, la biológica, la nuclear o la geotérmica. Todas son insostenibles según las leyes de la física.

[..]

Cuanta más gente tengamos en el planeta y más energía utilicemos, más rápida y extensa será la degradación de los recursos de la Tierra. La humanidad es como una enorme máquina orgánica que utiliza energía para extraer y agotar los minerales. Cuanta más energía se pone en el sistema, más rápido se produce la degradación. La energía de fusión nuclear, si llega a producirse, podría ser especialmente eficaz en la degradación de nuestros recursos y del medio ambiente (uno de los efectos de esta tecnología podría ser la conversión de nuestras reservas de litio en helio, que escaparía de la atmósfera terrestre y se perdería para siempre).

La energía para uso humano es tan insostenible y no renovable como la minería. Así que hablar de 'energía renovable' o 'energía sostenible' es un oxímoron, como lo es la 'minería sostenible' o el 'desarrollo sostenible'. Cuanta más energía usamos, menos sostenible es la humanidad. Cuanto antes se dé cuenta la gente de esto, antes podremos embarcarnos en el proceso de reducir el consumo de energía, en lugar de agarrarnos al clavo ardiendo de las fuentes de energía alternativas para perpetuar lo insostenible.
"

 

Tecnología inerte frente a tecnología viva


".. en el caso de los organismos autótrofos el recurso material se desacopla del recurso energético. La fotosíntesis, por ejemplo, permite utilizar la energía solar para autoconstruirse con materiales de baja energía potencial y muy dispersos como el agua, el dióxido de carbono y el nitrógeno que provienen de la atmósfera y pocos minerales más en formas moleculares relativamente sencillas y también dispersos, que suelen provenir del suelo en el caso de un árbol. De hecho, los residuos de una planta contienen una energía potencial utilizable. Un árbol podría, en teoría, vivir de sus propios 'desechos'. Es más: las plantas construyen los suelos transformando las rocas (el granito, por ejemplo, que ha formado Gaia millones de años antes) en suelos químicamente más complejos. Si un árbol (incluido su rizoma) no es capaz de automantenerse con la energía solar y sus propios residuos es porque no es capaz de reciclarlos al 100%, pero un organismo autótrofo tenderá a aproximarse a esa tasa de reciclado." [Carlos de Castro, "Reencontrando a Gaia. A hombros de James Lovelock y Lynn Margulis", pág. 128, 129]

El sistema humano emergió del sistema Gaia. Gaia engloba al sistema humano y la geosfera engloba a Gaia. Ambos sistemas complejos han desarrollado mecanismos de control que les permiten intervenir para su conveniencia en el sistema que les engloba, esto es, han desarrollado tecnología.

Pero la dinámica desplegada en uno y otro sistema son muy diferentes. La gran diferencia entre la dinámica humana y la gaiana reside en que las entidades tecnológicas humanas, a diferencia de las gaianas, no están vivas (ver la Nota final).

Los organismos vivos se auto reparan, se auto replican, participan activa y coordinadamente en el control que ejerce Gaia sobre el equilibrio ecosistémico y sobre los ciclos biogeoquímicos del planeta. Gaia a través de su tecnología viva ejerce un control sobre los parámetros químicos y termodinámicos de la Tierra para mantenerlos en niveles propicios para la vida.

Gaia no destruye a la Tierra cuando ejerce su control sobre ella para posibilitar su existencia, pero los humanos sí destruimos a Gaia cuando ejercemos control sobre ella para posibilitar nuestra dinámica.

Mantener la tecnología humana es una batalla constante contra la entropía, porque nuestros sistemas inertes se degradan o se entropizan sin remedio y, al contrario de lo que sucede en los sistemas vivos, la entropía acumulada en pocos puntos puede convertir en disfuncional gran parte del sistema. Cuando algo se rompe o deteriora en la naturaleza (p. ej. la muerte de un animal, un incendio, ...) eso supone nuevas oportunidades para otros seres que aprovechan la energía liberada, pero cuando algo se estropea en la red tecnológica humana, si no se repara en el acto, comprometes cadenas de montaje y suministro. Por eso hay que estar constantemente reparando y reponiendo piezas, lo que requiere, por un lado, de aportes constantes de materia y energía externas y, por otro, de excreciones constantes de residuos dañinos muy poco aprovechables hacia el sistema externo gaiano que nos contiene y que no es capaz de neutralizarlos o volverlos de nuevo útiles a la velocidad que nuestro crecimiento impone.

La materia y energía disponible en los sistemas complejos se haya accesible en forma de flujos dispersos y entropizados. En el sistema Tierra, también existen grandes yacimientos de muy baja entropía en forma de stock que han permanecido inaccesibles a los organismos vivos hasta que los humanos desarrollaron la tecnología inerte para explotarlos. Pero estos stocks son finitos y no renovables, su explotación pronto deja de ofrecer rendimientos crecientes y éstos se tornan decrecientes y finalmente negativos, por lo que no permiten el sustento del sistema a largo plazo.

Para que un sistema recicle bien la materia y energía en su interior, necesita que se aproveche el escurridizo y caprichoso flujo renovable allá donde quede libre, desde lo micro a lo macro, en todas las escalas. Para aprovechar bien los muy entropizados y dispersos flujos de materiales y energía debe haber agentes autónomos actuando en varias escalas y formando una tupida red suficientemente diversa y plástica como para adaptarse a los caprichos del flujo. Cada agente vivo debe ser capaz de auto mantenerse por sí solo para que el conjunto presente suficiente plasticidad y espontaneidad adaptativa, pero a la vez, ha de estar completamente coordinado con el resto de agentes de su entorno cercano. Esta coordinación se extiende desde lo local hasta lo global, hasta abarcar toda la biosfera, porque se reproduce desde las escalas micro hasta las macro a modo de fractal.

La red de tecnología inorgánica humana puede ser igual de compleja que la red orgánica en términos cuantitativos y topológicos (conexiones entre agentes), pero desde el aspecto cualitativo la funcionalidad orgánica es mucho mayor debido a la naturaleza de los enlaces: son cooperativos en la red orgánica y competitivos, o basados en relaciones de poder, en todas las sociedades humanas complejas conocidas (salvo alguna excepción, como apunta David Graeber en 'El amanecer de Todo', donde muestra la existencia de sociedades neolíticas complejas sin jerarquías de poder).

Pero aunque pudiéramos tejer una red tecnológica inerte con enlaces cooperativos, ésta seguiría siendo mucho menos funcional que la red orgánica, porque la red inerte requiere por definición de diseño y control inteligente sujeto a vulnerabilidades subjetivas. Es un control débil porque es ejercido por agentes que pertenecen a la propia red. Por un lado, desde dentro, debido a la complejidad del sistema, no se puede intervenir sin incurrir en perturbaciones involuntarias, lo que lastra la fluidez de las relaciones a lo largo de la red, mermando la adaptabilidad y resiliencia. Por otro lado, si el sistema crece en complejidad pero la inteligencia de los controladores internos no crece al mismo ritmo, el desfase acumulado irá dificultando cada vez más el control, lo que llevará a rendimientos decrecientes de la complejidad. Por el contrario, en el caso de las redes orgánicas, guiados por las leyes de la Termodinámica y a través de su evolución, surgen mecanismos de control emergente. Sujetos a un proceso de ensayo y error sin restricciones temporales acaban por hallar la manera de continuar con su desarrollo pero de manera sostenible. El sistema se autoregula él solo.
 

Diseño modular frente a diseño monolítico

Otra de las razones por las que los sistemas de complejidad creciente son más ineficientes, frágiles e insostenibles cuando se basan en tecnología inerte que cuando lo hacen en tecnología orgánica tiene que ver con la plasticidad modular que adquieren las estructuras de los segundos frente a la rigidez monolítica de los primeros.

En el diseño modular, al contrario que en el monolítico, es posible el reemplazo de una parte del sistema sin tener que redefinir casi por completo la estructura global del mismo.

Debido, por un lado, a la gran redundancia en las funciones ejercidas por sus agentes, y, por otro, a la riqueza y diversidad de las relaciones jerárquicas establecidas dentro de la red, los fallos en el sistema modular se reabsorben y no se propagan por toda la red, como ocurre con el modelo monolítico.

Por último, el diseño monolítico es centralizado. Esto significa que servicios vitales para el funcionamiento global del sistema solo son proporcionados por pocos nodos de la red con muy difícil reemplazo. En el diseño modular por el contrario, los servicios se proporcionan de manera redundante y distribuida a lo largo y ancho de toda la red.

La centralización en el diseño monolítico supone un aumento de complejidad en pocos lugares concretos, con pocas posibilidades de reemplazo o movilidad, en detrimento de la complejidad del resto de la red, que queda simplificada y supeditada al servicio de los escasos centros complejos.

Todo esto hace que la resiliencia, o capacidad para responder a perturbaciones, en los sistemas complejos monolíticos sea muchísimo menor que en los modulares.
 

Circuito de recompensa dopaminérgico

Cuando a lo largo de la vida, y especialmente en los primeros estadios, realizamos alguna acción potencialmente positiva para nuestro desarrollo individual, el cerebro responde con la recompensa dopaminérgica, que resulta en un efecto placentero, lo que estimula la repetición de esa acción. A medida que una acción se repite, esto lleva a que se construya una ruta cerebral que afianza esa rutina. Ese proceso se realiza siguiendo una ley de mínima energía invertida. Para las rutas largas y complejas, se requiere más tiempo y energía en su creación que para las rutas cortas y sencillas. Pero una vez se establecen, apenas hay diferencia en términos energéticos entre recorrer una vía de creación lenta y una vía de creación rápida.

He aquí una analogía para entender este mecanismo de mínima energía que guía el proceso de desarrollo mental y afianzamiento de hábitos: cuando buscamos comida o recursos, primero cogemos lo de mejor calidad y lo más accesible, lo que requiere menos energía, y después, si insistimos en no diversificar nuestra explotación, a medida que se agota lo fácil y bueno, vamos invirtiendo más esfuerzo por unidad de recurso alcanzado hasta llegar un punto en que la recompensa obtenida ya no justifica la inversión inicial.

Así, las rutas cerebrales que permiten que nos orientemos a objetivos dados, evitando que andemos como zombis por la vida, se construyen en el cerebro siguiendo ese patrón económico de mínima energía.

La cuestión es que, dadas unas condiciones ambientales externas de desarrollo individual normales, es decir, lo que hubo en la práctica totalidad de la evolución humana, excepto en los últimos milenios, se imponen unas restricciones que hacen que lo más económico para el cerebro no sea seguir la ruta que lleva directo a los yacimientos con mayor densidad dopaminérgica.

En la vida salvaje, se imponía la adaptación a los flujos de la red de vida externa en la que estábamos inmersos, lo que hacía incompatible el desarrollo individual hedonista. La necesidad de encaje dentro de ese flujo nos obligaba a desarrollar circuitos cerebrales mucho más resilientes. No agotábamos enseguida los yacimientos buenos y diversificábamos la extracción de energía dopaminérgica a lo largo y ancho de nuestro cerebro. No nos centrábamos en un único recurso, sino que estábamos obligados a aprender a disfrutar de una infinidad de diversas estimulaciones, aunque cada una de ellas fuera en comparación mucho menos intensa que la proporcionada por los yacimientos jugosos.

Pero llegó un momento en la evolución de las capacidades cognitivas de Sapiens en que le fue posible hacer la trampa. Adquirimos la capacidad de desarrollar más y más tecnología, cada vez más compleja, para controlar los flujos de materia y energía externos a nuestros cuerpos, y eso dio lugar a que ya no tuviéramos limitaciones para acceder a los mejores yacimientos de estimulación cerebral y que acabáramos esquilmándolos sin ningún control, y peor, al especializarnos en los yacimientos más estimulantes, descuidábamos la diversificación, lo que a la larga conducía a una vida menos gratificante, porque nos hacía más y más vulnerables ante el inevitable declive en la explotación de esos pocos recursos dopaminérgicos jugosos.

Si uno se fija en la aparente multiplicidad de posibilidades para el estímulo que ofrece la vida moderna híper tecnologizada, pareciera que llegáramos a una contradicción con lo anteriormente expuesto. Pero, claro, no es así. Esa multiplicidad a la que irremediablemente quedamos expuestos hoy día, se refiere a un número grande de caminos, pero en el fondo todos ellos conducen a los mismos pocos yacimientos jugosos de nuestro cerebro que acabamos exprimiendo hasta la extenuación. Una vez agotados, un vacío insalvable en términos de redes neuronales nos separa de toda esa diversidad potencial de pequeños yacimientos de satisfacción.

Con el desarrollo de nuestra tecnología, hemos ido pasando de vivir en una diversidad de micro culturas que permitían desarrollar cerebros con arquitectura modular, a vivir bajo un único credo estandarizador que nos conduce a construirnos mentalmente bajo el diseño monolítico. Sometidos a la uniformidad cultural, forzamos a nuestro cerebro a adquirir esa arquitectura centralizada, donde una mayor parte de la red queda despoblada y simplificada al servicio de muy pocos centros de complejidad mental especializados en la concentración de grandes dosis de dopamina.

Por tanto, parece que un excesivo control del flujo de materia y energía externo a nuestros cuerpos, esto es, excesiva tecnología, ha llevado a una pérdida de control de nuestro flujo de energía interno, el que ocurre en nuestra mente. Y viceversa, el retorno a menor control del flujo externo conduciría a una mayor riqueza y diversidad de rutas de estimulación cerebral, lo que permitiría un mayor auto control, porque al tener miles de alternativas, no padeceríamos en exceso si en un momento dado decidiéramos no acceder a los yacimientos jugosos.

Eso es el auto control: ser capaz de renunciar sin problemas al yacimiento más estimulante, el que reporta mayor satisfacción a corto plazo por unidad de energía invertida. Y ese es el control que ejerce Gaia sobre nuestro equilibrio mental si permanecemos en buen encaje dentro de ella: hacer que no tengamos más remedio que renunciar al yacimiento más estimulante viéndonos obligados a explorar otras rutas diversas y más sutiles hacia el placer.

Si nos dedicáramos a observar los flujos externos de la red de vida en toda su extensión y complejidad, con vocación sistémica y holística (lo opuesto a reduccionista y mecanicista), acabaríamos perdiendo interés por su excesivo control, y por tanto, caminaríamos de nuevo hacia el encaje en la matriz de vida que nos alberga. Cuando uno observa "el todo", pierde interés por el control sobre "la parte".

Control, sí, porque nuestro cerebro es una herramienta de control, pero más interno y no tanto externo. Y control interno sin pretensiones de dominación por parte de eso que llamamos "ego", nuestra mayor tecnología, por otro lado. Porque si la observación interna se orienta a la dominación o anulación de unos flujos particulares en favor de otros, acaba exacerbando o creando el conflicto interno. Y la auto observación debería conducir a la dilución de los conflictos, al "no hacer". En el mundo moderno hay obsesión por "hacer cosas". Recuperemos "el arte de no hacer nada".

En síntesis, control justo del flujo externo, la justa y necesaria tecnología para una vida digna en equilibrio con Gaia, y eso sí, mucha observación del flujo externo que transita por la red de vida. Porque observando a la red de vida con vocación de encaje en ella, acabamos desarrollando una diversificación de nuestros flujos mentales internos, lo que a su vez acaba fomentando la auto observación, porque cuantas más cosas interesantes y sutiles suceden dentro de uno, más capta esto la atención de uno hacia ello.

Pero nos falta un detalle: por el momento hemos sacado a colación tres cultos, muy relacionados entre sí, que alimentan el imaginario del progreso, a saber, el culto al control, al reduccionismo y al mecanicismo. Nos falta el culto a la creación. Porque nuestro cerebro no solo es una herramienta de control, también lo es de creación, que en el fondo es control sobre las ideas que bullen en nuestra mente. Pero, ¿hay algo más creativo que desarrollar las construcciones de nuestra irreprimible imaginación sin necesidad de destruir la vida? El arte se puede desarrollar con tecnología muy modesta, sin necesidad de levantar estructuras faraónicas, sin necesidad de usar la mejor magia proporcionada por la tecnología más compleja, sin necesidad, en definitiva, de llegar al delirio estético. Éxtasis sí, pero delirio no.

Nos mueve la obsesión por el control del flujo, pero la nueva etapa humana va a exigir orientar nuestra inteligencia más bien hacia la observación de ese flujo y hacia nuestra adaptación al mismo: renunciar a acumularlo y aprender a fluir con él. Tenemos inteligencia para observar cómo transita el flujo en la red superior y poder así aprender a encajar en ella.

El imaginario del progreso idealiza el control. Conocer cómo funciona la máquina naturaleza, pero para controlarla. Por ejemplo, buscamos desarrollar una nanotecnología o biotecnología que sea equivalente a un microbioma, pero donde podamos controlar todas las variables para poder acumular beneficio. Pero no entendemos que acabamos irremediablemente incurriendo en la trampa. La trampa que nos lleva a acabar con un número par de relaciones negativas en un bucle de realimentación. No somos capaces de integrar adecuadamente la correspondiente relación negativa que el sistema complejo exige para su estabilidad cuando mediante nuestra injerencia introducimos una relación positiva en un lazo con la intención de incrementar un flujo para obtener beneficio, para crecer.

¿Y cuál es ese beneficio? Ciclos cada vez más intensivos en el metabolismo de la dopamina. Estímulos cada vez más intensos. Es el camino más económico del circuito de dopamina, pero a la vez el más cortoplacista e insostenible en el tiempo. Tenemos una tecnología (inteligencia) que sobrepasa los controles gaianos. Adquirimos tolerancia a la estimulación, que se ha de hacer más y más intensa para obtener una misma cuota de placer, y no hay límite gaiano que nos mantenga por debajo de su capacidad de carga. La excesiva injerencia de la tecnología inorgánica en los sistemas orgánicos ha ido socavando la capacidad de Gaia para soportar al sistema humano hasta el punto de resultar imposible un mayor crecimiento.

Cuando desde el activismo eco social, pensamos en la posibilidad de la existencia de sociedades demasiado complejas en términos de tecnología inerte (demasiado obsesionadas por el control del flujo) y que a la vez sean compatibles con la sostenibilidad de la vida a largo plazo, en realidad estamos padeciendo el influjo que el imaginario del progreso aún ejerce sobre nuestras mentes. 


Inevitabilidad y posibilismo

El devenir de los acontecimientos sociales es un proceso que escapa a las voluntades contingentes de sus agentes. Por supuesto que los agentes ejercen una influencia en el sistema donde se hayan inmersos, pero el resultado no es nunca el esperado por ellos en un sistema basado en tecnología inerte que no para de crecer en tamaño y complejidad.

Pensar que comportamientos diferentes de los agentes habrían conducido al sistema a un estado estacionario sostenible sin tener que haber pasado por la etapa de híper desarrollo y el consiguiente colapso, obvia el efecto que tuvo sobre nuestro sistema de recompensa dopaminérgico la inclusión de excesiva tecnología inerte en nuestras comunidades. Una vez descubiertos los yacimientos de estímulos jugosos y averiguado cómo alcanzarlos sirviéndonos de nuestra tecnología, se inició un bucle de realimentación positiva imparable hacia la tecnologización total de nuestras vidas.

Pensar que ese proceso podría haber parado en algún punto gracias a un "libre" albedrío diferente de los agentes es resultado del prejuicio reduccionista que obvia la emergencia de dinámicas de escala superior en sistemas complejos. El comportamiento del sistema no se explica por la suma de sus partes. Esas malas decisiones que unos tomaron podrían no haber sido tomadas, mientras que otras buenas decisiones pudieron igualmente no haber sido tomadas. El resultado final responde a una inercia que escapa a nuestro libre albedrío, concepto que por otro lado es puramente imaginado. La tendencia creciente a la estandarización y a la globalización es algo indisoluble del aumento de la complejidad de la tecnología inerte, y la desaparición de la diversidad cultural fue algo completamente inevitable una vez pasado un umbral de desarrollo tecnológico.

Entonces, ¿qué opciones tenemos? ¿Implica la inevitabilidad de haber llegado al punto actual que no es posible un futuro ilusionante? ¿Es necesario concluir que la naturaleza humana sí pudo evitar el crecimiento desmedido para pensar en posibilidades de futuro bueno?

Lo que yo creo es que el posibilismo fundamentado en la evitabilidad de a dónde hemos llegado, está claramente espoleado por el anhelo de controlar la caída inevitable: solo es cuestión de cambiar las voluntades para hacerlo posible, ¿no?. Pero nuevamente, es un deseo de control. Pretender arreglar con control lo que el exceso de control ha causado. Es una batalla perdida.

Por el contrario, al asumir la inevitabilidad, surge un posibilismo diferente que reside en que, una vez caiga todo por su propio peso, se abrirán de nuevo a los humanos ventanas de oportunidad para la vida orgánica, esta vez sin la droga a mano de los combustibles fósiles. Hacer trampa será esta vez más difícil. Y con suerte, conseguiremos aprovechar parte del conocimiento científico actual (antes de que se pierda demasiado) para dirigir un cambio hacia cosmovisiones más adecuadas de cara a un mejor aprovechamiento a largo plazo de esas nuevas ventanas de oportunidad y, en definitiva, de una vida más plena a largo plazo en un planeta Tierra que por un tiempo será más hostil para la vida de lo que es ahora.

Tras el nuevo despertar de nuestra conciencia, seremos espectadores privilegiados y parte activa del proceso que lleve a Gaia a tomar de nuevo el control de la habitabilidad en nuestro planeta.


*  *  *

Nota final:

La construcción de toda máquina, ya sea viva o muerta, requiere tomar materia entropizada (desordenada) y llevarla a un estado de mayor orden. Esto requiere energía ... que al final hay que devolver. Los artilugios humanos, a diferencia de los gaianos, no devuelven de manera creativa la energía que necesitaron para adquirir complejidad.
Los seres vivos, a lo largo de toda su vida, no hacen otra cosa que facilitar intercambios energéticos, lo que hace aumentar la entropía a su alrededor por encima de lo que tuvo que disminuir en su interior al ser creados, y de manera muy rápida.
Al final, ya sea por mediación de la vida o no, la entropía del universo siempre aumenta de manera global, pero puede hacerlo más o menos rápido a nivel local.
Las máquinas inertes usan su complejidad adquirida para destruir localmente el medio que necesitan para funcionar las máquinas orgánicas. Esto crea entropía en un principio, pero al quedar el espacio sin vida alrededor, ya no hay posibilidades de seguir con el ciclo desentropizar/entropizar que se perpetuaba con la vida y que llevaba a un balance neto de más entropía final de manera ininterrumpida en esa zona. Durante un tiempo, esos espacios muertos por la tecnología humana no generan entropía, hasta que poco a poco la vida se abre paso en ellos y consigue reactivar el ciclo.
Además, los organismos, cuando llegan al final de su vida, no ralentizan el ciclo de la entropía, ya que entregan su materia fácilmente, se entropizan rápidamente permitiendo una rápida adquisición de esos recursos por otros seres que vuelven a crear formas ordenadas con ellos. El artefacto humano por contra, cuando acaba su periodo útil, deja unos materiales que tardan mucho en alcanzar niveles de entropía aprovechable por los seres vivos.
El universo encontró con la vida una forma de optimizar su imperativo de aumento de entropía a nivel local, pero al dar con la inteligencia ha encontrado un freno que lleva ese proceso de nuevo a la lentitud habitual sin la vida.

Wednesday, March 23, 2022

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL Y EL FUTURO DE NUESTRA CIVILIZACIÓN

 

Umair Haque es un escritor economista, enmarcado dentro del abultado grupo de nuevos pensadores influyentes. Cada vez más de moda, tratan de dar respuesta a la creciente sensación de ansiedad e incertidumbre ante el recrudecimiento de la crisis sistémica en curso de nuestra civilización industrial global. Su principal atractivo es que despliega esta crítica sin terminar de abandonar el imaginario del progreso. Ese imaginario afecta por igual a rusos, chinos o americanos, pero cada cual cree que está en posesión de su correcta interpretación.

En este artículo nos dice que occidente, aunque malos, extractivos y otrora crueles saqueadores, hemos tenido a bien traer al mundo el avance de la democracia liberal con su progreso, el cual él ve como paso previo ineludible para llegar a cualquier punto posterior de mejoría. Mientras tanto, oriente, en especial Rusia y China, quieren dar un paso atrás y erradicar la democracia para terminar de enquistar el mal rumbo del progreso que nos aleja más y más de Gaia y, por ende, de nuestra propia supervivencia. Es decir, para él, el rumbo de progreso marcado por occidente, aunque malo, tiene la capacidad de mejorar, mientras que el otro, el de los malos malotes, no. El futuro para él no pinta bien a medio plazo: opina que nos espera un tiempo de guerra y miseria, pero que después de eso, la democracia finalmente prevalecerá y emergerá mágicamente un mundo de tecnología punta que nos permitirá conjugar los sueños de inmortalidad heredados de nuestra era infantil de la energía fósil con la economía circular que necesita Gaia de nosotros para poder albergarnos.

Lo reconozco, esta es una frase desafortunada que no le hace justicia al artículo:

"Estamos entrando en una era en la que tenemos enemigos serios y reales, tienen armas nucleares y son abiertamente agresivos con nuestros valores, orden e ideales. No quieren democracia, libertad, verdad, paz. Quieren guerra, poder y dominación."

Aún así, creo necesario hacerle a Umair una de mis disecciones, que como sabéis, siempre hago para diseccionarme a mí mismo, porque lo que le pasa a Umair, en el fondo, nos pasa a muchos que hemos vivido arropados por las comodidades de la tecnología del apogeo industrial y que ahora nos damos cuenta de su estrepitoso declive.


*   *   *


El discurso desplegado en el artículo y en general en el pensamiento de Umair carece de verdadera crítica al sistema industrial crecentista. Básicamente, su perorata parte de la errónea tesis de que el planeta permitirá el crecimiento industrial ad eternum, mientras venga de la mano de las democracias liberales, para lo cual, claro, tenemos que eliminar a los enemigos dictadores que no saben crecer bien y destruyen. Claro, occidente sí puede aprender a crecer y desarrollarse bien, sin destruir ni nada ... solo tiene que abandonar la energía fósil e invertir lo suficiente en la tecnología punta adecuada (renovables, digitalización y todo eso) para alcanzar un nivel que nos permita vivir con las mismas comodidades que hasta ahora pero sin dañar al planeta.

La ironía es que su solución para derrocar al dictador de turno se intersecta con parte del ideario decrecentista: deshacer el mercado global y relocalizar las economías. Como si fuera algo que ya no nos viniera impuesto por el pico del petróleo y especialmente por el del diésel. Claro, que tampoco se plantea que al relocalizarse esas economías tengan que centrarse en lo imprescindible para reproducir la vida. No, él entiende que hay que relocalizar para poder fabricar móviles de alta gama en casa, que lo de centrarse solo en reproducir la vida tendrá que esperar, porque no es viable desengancharnos de tanta cosa así de repente. Y, por descontado, no hay problema, porque si sustituimos el diésel por hidrógeno producido con los excedentes de los molinillos, aunque se pierda el 90% de la energía entrante en el proceso, pues podemos seguir como si nada reproduciendo el esquema industrial, o sea, reproduciendo el capital, pero esta vez de manera local.

En fin, este señor tiene graves disonancias cognitivas, ojo, como yo e igual que muchos que vamos dando lecciones por ahí. Por un lado, intuye inminente, o ya en curso, el decrecimiento, pero se niega a asumir un nuevo marco de valores resonantes con ese decrecimiento. Apuesta por extender, propagar y afianzar los viejos valores liberales, anclados en el mito del progreso y el crecimiento material. Hay que extender los buenos valores liberales allá donde hay ahora dictadores, con la esperanza, entiendo, de que algún día se recupere la senda del bienestar crecentista a nivel global.

Para mi eso es claramente apostar por el colapso abrupto, en lugar de por decrecimiento ordenado. Es decir, el problema de este señor es que no entiende aún que el proceso de decrecimiento o colapso en curso es irreversible y que el objetivo, si es que queremos sobrevivir a este proceso, debería ser tratar de descomplejizar nuestra civilización sin erosionar mucho más la capacidad de carga de la biosfera. Él proclama que nuestra crisis solo es culpa de algunos ineptos y de los malos malotes del planeta, y que, una vez logremos deshacernos de ellos, todo volverá a ser próspero y que podremos seguir complejizándonos, hasta alcanzar la singularidad tecnológica imagino ... ¿Transcendence? (ver Nota larga).

Visión pueril, pero me temo, la visión generalizada de la mediocracia occidental, y de la oriental también claro, aunque allí vean que los malos malotes están en occidente.

La disonancia cognitiva es un mal que padecemos en el primer mundo aquellos que hemos llegado a VER el colapso en curso. En Umair es muy notoria esta disonancia y se expresa muy bien en la última parte del artículo. Por un lado entiende que el objetivo de la humanidad ha de ser encontrar su lugar armónico dentro de Gaia, y su convencimiento (¿FE?) de que algún día lo conseguiremos le llena de esperanza y júbilo. Por otro lado, las medidas que propone para lograr eso son más de lo mismo que nos lleva al abismo: mercantilizar nuestra relación con Gaia otorgándole una renta (básicamente que cueste más dinero esquilmarla), humanizándola dándole derechos, todo ello a partir de una complejización mayor y refuerzo de las viejas instituciones y marcos democráticos, y, por supuesto, mucha ingeniería, innovación tecnológica para conseguir seguir teniendo una vida llena de comodidades, bienestar y control tecnológico pero esta vez sin hacer daño a Gaia, todo renovable, sostenible super guai de la muerte, en definitiva, una visión tristemente antropocéntrica que en realidad no rompe con nada ni supone un cambio de valores real, y cuyo fallo viene del hecho de no entender que el verdadero cambio pasa por renunciar a mucho del control, bienestar y placer que nos ha dado tanta tecnología, de no entender que este proceso de crisis nos llevará necesariamente a un estado tecnológico de muchísima menos complejidad.

Para aspirar a una tecnología que permita mantener bajo control nuestra simbiosis con Gaia, hay que renunciar a una tecnología que permita controlar células madre o controlar el desarrollo del cáncer y del envejecimiento. Esto es lo que no entiende este señor. Dicho de otra forma, su cosmovisión es netamente tecnolófila. Es el verdadero mal generalizado de nuestros días: la tecnolofilia. El miedo a renunciar al control al que estamos acostumbrados, que nos impide poder por fin alcanzar el control que de verdad necesitamos.

Ese control al que tanto nos aferramos, el control ingenieril, es el control que permiten nuestras máquinas físicas, un control que es resultado final del ejercicio de nuestra mayor tecnología, el lenguaje, la inteligencia, la cultura, la capacidad de construir realidades imaginadas que derivó en esa inercia histórica dando forma a la megamáquina civilizatoria. El control que hemos de recuperar o encontrar ahora también se deberá basar en nuestra verdadera y más importante tecnología, nuestro lenguaje, pero será un control que ya no se manifestará a penas a través de grandes construcciones materiales o institucionales, puesto que estas construcciones basan su existencia necesariamente en relaciones de poder. Tendremos que aprender a usar nuestro lenguaje e inteligencia para afianzar las relaciones simbióticas con Gaia. De igual a igual. Superar el "humano frente a Gaia", el "hombre frente a la mujer", el "ciudadano frente al Estado", el "obrero frente al patrón".

Dentro de un ecosistema hay jerarquías, y jerarquías dentro de jerarquías, y mucha simbiosis y coordinación, y sí, también relaciones de poder. Pero solo una inteligencia como la humana puede aspirar a comprender cómo todo se conecta y realimenta, y que no hay ganadores o perdedores. Que en nuestro caso, no se trata de ganar ni de sobrevivir, sino de sentirse parte del todo. La condena y la virtud de la inteligencia es esa: no podemos simplemente SER parte del todo, sobreviviendo y ganando, o muriendo y perdiendo, porque por ese camino acabamos consumiéndolo todo, hasta a nosotros mismos. Estamos destinados a llegar a SENTIR que somos parte de ese todo. Nuestro destino pues, es trabajar ese sentimiento. Nuestro esfuerzo cognitivo debe ir en la línea de asegurar la comprensión de cómo funciona la red de vida y el papel que jugamos en ella. Nuestra capacidad de control debe enfocarse en reforzar ese conocimiento. Y será un conocimiento holístico. Deberemos abandonar nuestra tendencia a resolver problemas concretos y el prejuicio reduccionista que lleva a pensar que el problema global se soluciona agregando las soluciones de problemas menores.

Dicho de otro modo, hasta ahora hemos enfocado nuestro esfuerzo cognitivo, nuestra gran capacidad de control, como lo haría cualquier animal sin inteligencia superior: optimizando los flujos de energía y materia de manera que nos reportaran un mayor bienestar material y físico inmediatos, la resolución de cada problema concreto, de cada escollo, nos ha llevado a retos materiales cada vez más enormes, a movilizar flujos de materia y energía cada vez mayores, hasta que se nos fue de las manos. Es lo que habría hecho cualquier animal. No somos especiales por eso. Todos los animales despliegan en menor o mayor medida tecnología para hacer eso, para hacer trampa. ¿Pero llegará finalmente la inteligencia a convertirse en una singularidad y marcar la diferencia? ¿Conseguiremos enfocar nuestra inteligencia en la mera visualización del flujo y no tanto en su control para satisfacer nuestros impulsos animales?


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Nota larga:

En la película Transcendence, tratan la singularidad tecnológica como un medio para sanar, mediante tecnología, todo el daño que ha hecho la tecnología al soporte natural de la vida. El prota de la peli, Johnny Depp, crea una nanotecnología capaz de sincronizarse simbióticamente con la vida y regenerarla. Claro que para dar lugar a algo tan sofisticado, tiene primero que convertirse en un dios y volcar su mente a una supercomputadora. Igualito que como quieren hacer ahora algunos super ricos. Su motivación inicial era ser dios, y justifica su delirio de grandeza argumentando que la única manera de salvar la vida, y por ende al ser humano, es hacer dios al humano. No hace falta haber estudiado mucha ciencia e ingeniería para entender que la única forma de alcanzar una tecnología sostenible ad eternum es hacerla a la imagen y semejanza de la propia vida, que se auto repare, que desarrolle economía circular con tasas de reciclado del 99%. Es obvio que si el objetivo es la sostenibilidad, sería mucho más sensato conservar la vida que queda en el planeta en lugar de seguir masacrándola con el pretexto de que hay que trascender tecnológicamente para reinventar la propia vida. Lo único que explica semejante estupidez e ineficacia de cara a conseguir el objetivo de la sostenibilidad es que el objetivo verdadero del humano tecnolófilo no es la sostenibilidad, sino la búsqueda de poder sin medida. El problema del imaginario del progreso es que nos ha inculcado que tenemos ojos para ver siempre más allá y al final ganarle la carrera al infinito, pero eso es imposible, enfermizo y acabará destruyendo prematuramente a cualquier especie inteligente que no sea capaz de salir de ese enfoque. La inteligencia, para no desaparecer, tendrá que acabar entendiendo que sus ojos están para ver su lugar en la red subyacente de la vida y no para dominar a esa red. Nuestro gran poder no es tanto nuestra capacidad de dominación, sino más bien la capacidad de visualizar de manera amplia y comprender esa interdependencia con la matriz natural. La inteligencia no sirve para evitar esa interdependencia, sino para contemplarla y trascender al hacerlo. Y ni siquiera estamos aquí para preservar la vida, no tenemos una tarea encomendada por los dioses de salvar la vida en la Tierra y propagarla por el Universo. Tan solo estamos aquí para aprender a ver y contemplar, la vida, y también la muerte, la belleza del proceso inmortal.